Moisés Sánchez: los muertos de Javier Duarte

Indigno, el récord de Javier Duarte de Ochoa: 11 periodistas asesinados, cuatro desaparecidos, 22 exiliados o autoexiliados, hostigada la prensa crítica, objeto de violencia, reprimida por los cuerpos policíacos, maltratada, a expensas del crimen organizado o víctima de la impunidad.

Día sombrío el 2 de enero, cuando José Moisés Sánchez Cerezo fue levantado en su hogar en El Tejar por nueve sujetos armados que se lo llevaron a rastras, generando el terror en su familia y otra oleada de incertidumbre, de zozobra, de reclamo, de ira, el escándalo en torno al desgobernador de Veracruz.

Día funesto el 25 de enero, cuando el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, la mano negra en la procuración de justicia, Míster Telenovela, confirmó lo que ya se sabía: el periodista fue asesinado, cercenado, decapitado.

Se supo desde el 5 de enero cuando un grupo de periodistas acudió a Miralejos, municipio de Soledad de Doblado, alertado del hallazgo de tres cuerpos a orilla de la carretera. Al llegar no halló nada. Policías, peritos y personal militar levantaron los cuerpos y se los llevaron.

Supieron un días después que uno de ellos estaba quemado, cercenado y decapitado. Era el periodista Moisés Sánchez Cerezo, les dijeron. Recogían el relato de los pobladores. El portal La Nigua.com difundió la versión, las fotografías del levantamiento de los cuerpos, los detalles de la “limpieza” del escenario donde hallaron el cadáver. Dijo el portal que estaba torturado y cercenado.

Ocultaba todo el gobierno de Veracruz, Javier Duarte empecinado en tender el velo de silencio, la cortina de humo, la estrategia infame, pues al día siguiente, el 7 de enero, sería anfitrión del presidente Enrique Peña Nieto en el acto de conmemoración del centenario de la promulgación de la Ley Agraria. Primero la política, luego la verdad.

Ese día hubo protestas en Boca del Río. Bloqueó la policía federal a los periodistas. Maniobró el subsecretario de Gobierno, Marlon Ramírez, para que los familiares de Moisés Sánchez y sus compañeros de prensa dejaran de manifestarse. Finalmente el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, dialogó y su única decisión fue instruir al gobierno de Veracruz a tener informada a los parientes de Moisés sobre el avance de las investigaciones. O sea, nada.

Javier Duarte ya había expresado su desprecio por Moisés Sánchez. Salió a decir, el 3 de enero, que no era reportero. “Es taxista y activista vecinal. Hay que decirlo”, expresó el gordobés, evidente su intento de que no se le categorizara como periodista, que no se insertara en la estadística de los comunicadores agraviados, violentados, desaparecidos y muertos en el régimen duartista.

Trató de lavar la infamia con una fotografía en que se le ve abrazando a la esposa y los hijos. Comprometía sus esfuerzos para hallar con vida a Moisés Sánchez, cuando el periodista había sido ultimado horas después del levantón. Así de perverso es el poder. Así lo hizo con la familia de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes, secuestrada en Coatzacoalcos y cuyo desenlace fatal se postergó, oculto el cadáver para no ensombrecer la cumbre de senadores del PRI y del Partido Verde en Boca del Río. Primero la política, luego la verdad.

Enero 9. El periodista Luis Velázquez Rivera revela detalles del caso. Moisés Sánchez fue levantado, torturado, ejecutado, quemado y tirado a orillas de carretera, en Soledad de Doblado. Así fue hallado, además cercenado, como dijo La Nigua.com. Pero el procurador negó que se tratara del cuerpo del periodista.

Transcurrieron los días. “Culín” Bravo entretenía la información. Seguía una sola pista, la de la amenaza del alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, a Moisés Sánchez. Le iba a “dar un susto”, dice Jorge Sánchez Ordóñez, su hijo, que le relató su padre por publicar el desastre de gobierno que realizaba, las obras abandonadas, el cobro del servicio de limpia, anual y por adelantado, y los casos de inseguridad y violencia, asaltos, asesinatos, que llevó al editor a organizar los grupos de autodefensa, negados por el gobierno duartista pero de los cuales Moisés Sánchez exhibió videos. Si algo irritó a Javier Duarte fue que se acreditara que las autodefensas ya estaban en Veracruz. Esa pista no la quiso seguir fiscal Bravo Contreras.

Indignaba a la prensa la tortuosa actitud del fiscal veracruzano, su desdén cuando le solicitaban información, las maniobras para evadir a la prensa.

Lo rebasó Artículo 19, cuando llevó el caso al noticiario de Carmen Aristegui, en Noticias MVS, el martes 20. Ahí dijo Darío Ramírez, director de esa organización defensora de los periodistas, que nadie buscaba a Moisés Sánchez, que la investigación era una simulación, que el caso ya le había sido planteado al Alto Comisionado de la Organización de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y que acudirían a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Jorge Sánchez Ordóñez refrendó la sospecha sobre el alcalde de Medellín, la coartada perfecta para el fiscal de Veracruz, que se resistía a seguir otras pistas.

A Luis Ángel Bravo Contreras lo punzó la frase “no nos sirve” la investigación de la Procuraduría de Veracruz. Fue una señal de alerta. La había pronunciado el procurador general, Jesús Murillo Karam. Ofrecía iniciar otras líneas de investigación y se hacía inminente la atracción que haría la PGR sobre el caso Moisés Sánchez Cerezo. Y eso precipitó el desenlace: el hallazgo del cadáver, la confesión del sicario, el involucramiento del alcalde de Medellín.

Bravo no dejó actuar a la PGR sobre otras líneas de investigación. Reporteros Sin Fronteras, la poderosa organización defensora de los comunicadores, instó a seguir la pista del crimen organizado y aquello de lo que escribía Moisés Sánchez, la inseguridad, la violencia, los asaltos, los asesinatos, las autodefensas.

Acicateado, exhibido, respondió Proculín el miércoles 21 diciendo que “en horas” resolvería el caso. 104 horas después, el domingo 25 por la tarde, reconoció que Moisés Sánchez estaba muerto. Dijo que un día antes hallaron su cuerpo, presentó un video de la confesión de uno de los supuestos sicarios, quien revela que fue el chofer del alcalde de Medellín, Martín López Meneses, quien les dijo que el edil dejaría que vendieran droga si levantaban al periodista.

Lo hicieron y se lo llevaron. Dijo el detenido, Clemente Noé Ramírez Martínez, que fueron él y cinco hombres más quienes lo plagiaron. Contrasta la versión con lo relatado por la familia de Moisés. Fueron nueve hombres armados, dijeron al inicio del caso.

Según el detenido, lo decapitaron horas después del plagio. Cuando se alejaban del domicilio de Moisés Sánchez, fueron vistos por dos policías municipales que nada hicieron por detenerlos.

Bravo Contreras tramita ya la solicitud de desafuero del alcalde de Medellín, el panista Omar Cruz Reyes. Días antes, la dirigencia del PAN acuerpó al edil, exhibió los certificados de los policías municipales que avalaba la Secretaría de Seguridad Pública y advertía que exigiría que fueran investigados el gobernador Javier Duarte y los alcaldes que habían tenido conflicto con los otros 10 periodistas asesinados.

Un caso destaca, el de Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso, asesinada el 28 de abril de 2012, en su domicilio de Xalapa. Fue hostigada por el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, acusada penalmente por la publicación de la fotografía de la autopsia de la indígena nahua Ernestina Ascensión, quien fue violada y muerta por militares, en Soledad Atzompa, en la sierra de Zongolica.

Regina Martínez y Rodrigo Vera, reportero de Proceso, fueron encausados y asediados por el ex gobernador, padrino de Javier Duarte. Al ser asesinada Regina Martínez, esa pista no fue seguida por la Procuraduría de Veracruz. Ahora es tiempo.

Bravo Contreras quiso sacar del camino a la PGR. La frase “no nos sirve” la investigación le advirtió que esta vez no habría telenovela, que el caso sería de Murillo Karam. Y por eso precipitó el desenlace. Le quema el asunto de las drogas, las bandas del narco afectadas por las denuncias de Moisés Sánchez, por las autodefensas que llegó a organizar, la línea no seguida, la del crimen organizado, sus ligas con el poder político.

De 60 interrogados, sólo hay un detenido. Y sólo lo presentó en video, durante su declaración. Sórdido el actuar del fiscal cuando, se supone, no hay nada que ocultar.

Se convierte Moisés Sánchez Cerezo, director del semanario “La Unión”, en el undécimo periodista ultimado en el sexenio duartista, víctima de policías y ladrones, de traficantes de droga y sicarios, el crimen organizado operando a sus anchas, coludido con los representantes de la ley, presuntamente auspiciados por un alcalde y solapado por policías certificados por la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz.

Son 11 periodistas asesinados. Son cuatro periodistas desaparecidos. Son 22 periodistas exiliados o autoexiliados. Es Veracruz, el de Javier Duarte, el peor estado para ejercer el periodismo en México.

Indigno el récord del gobernador: 11 comunicadores caídos.

Son los muertos de Javier Duarte.

(Con información de MussioCardenas.com)

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