Maryjose Gamboa: que encarcelen siete meses a Javier Duarte

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Le hace falta un escarmiento. Siete meses en prisión son muchos y no tanto. Muchos para el inocente; no tanto para el delincuente. Debiera sufrirlos Javier Duarte, sentir el abandono, el aislamiento, la impotencia, vivir el encierro, dejar que permee el miedo en la piel. Y así quedar. ¿Por cuánto? Siete meses y algo más.

Javier Duarte de Ochoa se merece eso y más, ser vapuleado, denostado por la sociedad, condenado moralmente por su infinita capacidad para el abuso, pues envió a prisión a la periodista María Josefina Gamboa Torales, siendo inocente, víctima de quienes aplican la ley.

Siete meses pasó la periodista de Notiver tras las rejas por la inquina del gobernador de Veracruz, tipo de caprichos, de decisiones viscerales, de ocurrencias y rabietas.

Dejó el penal de Tuxpan la tarde del viernes 27 de febrero. Ahí, en lo más recóndito del norte de Veracruz, lo más lejos que pudo, la confinó Javier Duarte, acusada de ser responsable del atropellamiento y muerte de José Luis Burela López, ocurrido el 12 de julio de 2014, en Boca del Río.

Se le vio a las puertas del penal rodeada sólo de sus más allegados, su rostro marcado por la emoción, los rasgos de la angustia, y también la alegría de la libertad, la entereza a toda prueba, el acero que no se blandea.

Maryjose Gamboa no debió pisar la cárcel. Aquella madrugada del 12 de julio, ocurrió un accidente que ella no provocó. Circulaba sobre el bulevar Miguel Alemán cuando José Luis Burela cruzó la avenida. Lo impactó. Frenó el auto, regresó al lugar en que había caído el cuerpo. Llamó a la autoridad y ahí esperó.

No hubo omisión de auxilio. No conducía con exceso de velocidad. No presentaba aliento alcohólico. Así lo determinó Tránsito de Boca del Río, una dependencia del ayuntamiento boqueño para el cual Maryjose Gamboa trabajaba como directora del Instituto Municipal de la Mujer, tras su fallido intento de ser diputada federal por Veracruz, víctima del fraude de los priístas y de la traición de los panistas, espiada por Gabriela Ramírez, la hoy candidata azul a modo en ese distrito.

No acreditó el Ministerio Públicas tres agravantes, pero inventó dos: temeridad y ebriedad.

Lo hizo sin elementos de prueba. Usó un dictamen médico, el del doctor Tomás de la Rosa, realizado horas después del accidente, que de ser cierto lo señalado, Maryjose Gamboa debía haber tenido tanta cantidad de alcohol en la sangre que en vez de conducir un auto, habría estado en medio de un coma etílico.

Luis ¿Ángel? Bravo Contreras, entonces procurador, hoy fiscal de Veracruz, maniobraba para cuadrar un caso que carecía de sustento legal. Esgrimía el tema de la ebriedad y el de la temeridad, el exceso de velocidad, la falta de precaución al conducir, el cansancio y mil absurdos con tal de que a Maryjose Gamboa le dictaran el auto de formal prisión, no por homicidio simple sino por homicidio agravado.

Homicidio imprudencial es una figura legal que permite al señalado enfrentar el juicio libre, bajo fianza. Pero cuando se tipifica como homicidio agravado, no hay libertad. De ahí la insidia, la intención perversa de que el Ministerio Público consignara el caso con temeridad y ebriedad, y que el juez de la causa le concediera el capricho al gobernador. Sábese por todos que el Poder Judicial de Veracruz yace bajo las botas del gobernador. Y se las lame.

Sorteó Maryjose Gamboa trucos y trampas. Así es la ley en Veracruz. El Ministerio Público acusa sin pruebas, aprehende inocentes, tortura física o psicológicamente, obtiene confesiones a sangre y fuego, fabrica culpables. El Poder Judicial solapa, encubre, condena. Hacen lo suyo los jueces de consigna, inmorales que no dignifican el derecho. La justicia no es justicia. Sirve para la venganza, y si es para la venganza del gobernador, mejor.

Salió Maryjose Gamboa por la decisión de jueces y magistrados federales. Derrumbó las infamias duartistas, los embustes de “Fis-culín” Bravo Contreras. Acudió a instancias lejanas a Veracruz, a la tercería de peritos ajenos a Javier Duarte. La Policía Federal de Caminos determinó en el juicio de amparo que la temeridad no fue de la periodista; fue de José Luis Burela, quien no usó el puente peatonal que tenía a unos metros de él para cruzar el bulevar Miguel Alemán. Si hubiera cruzado por ahí, hoy estaría vivo.

Establecieron peritos de la Procuraduría General de la República que el grado de intoxicación etílica tampoco podría acreditarse. Habían transcurrido horas desde el percance cuando el MP practicó la prueba. El médico Tomás de la Rosa se había prestado a la infamia. El fiscal Bravo Contreras forzó una prueba que sólo sirvió en la instancia del fuero común pero no en el ámbito federal, donde se derrumbó la calumnia.

Confirmó el Tribunal Colegiado de Circuito de Xalapa, el jueves 26, la resolución del juez federal que había establecido que los infames duartistas no acreditaron las dos agravantes: temeridad y ebriedad. Ordenaron la liberación de Maryjose en un plazo menor a 24 horas.

Salió el viernes 27. Sacudió las estructuras del gobierno. Javier Duarte fue exhibido. Rumió bilis el fiscal Bravo Contreras, el ejecutor de la trama, evidente que el tipo vive sus fobias usando y manipulando la justicia, que sirve sólo para sacar criminales pesados de las cárceles, para encarcelar viudas que reclaman herencias de empresarios, como ha sido su paso por la abogacía, donde se nutre su peor fama. ¿O no, Fis-Culín?

Incómoda, incontrolable, indoblegable, Maryjose Gamboa Torales tiene una carga letal en sus palabras, las que le dedica a Javier Duarte, a Fidel Herrera, a la pandilla infiel, al gobierno en pleno desde su columna Al Aire, antes en La Daga. Desnuda la realidad de Veracruz, el atraso social, el atropello a la ley, el Veracruz seguro sólo porque lo dice un boletín de prensa, el Veracruz pujante sólo porque un día de tantos al gobernador se le ocurre emitir un decreto que así lo establece.

No le responde Javier Duarte con inteligencia porque de eso carece. Su látigo ante los medios, María Gina Domínguez Colío, suponía que cerrándole espacios, hostigando, vaciándole lodo, inmiscuyéndose en su vida privada, las armas de la difamación a su alcance, la infamia de los enanos del duartismo, la iban a parar. Nunca pudieron.

Les vino a modo el accidente en que murió José Luis Burela López. Se colgaron del percance; le negaron la libertad bajo fianza para que enfrentara el juicio desde prisión, violados los derechos que la ley le concede; le inventaron dos cargos —temeridad y ebriedad— que a la postre, en instancia federales, no pudieron sostener.

Javier Duarte sale raspado de una aventura en la que sólo un perverso ignorante se podía meter. Desoyó a críticos, evadió a asesores, desdeñó a quienes desde la prudencia aconsejaban que no cometiera el error de usar la ley para saciar su sed de venganza.

Se impuso el personaje arrebatado, el poderoso visceral que deplora la razón.

Maryjose Gamboa está libre. Siete meses y algo más permaneció en un penal siendo inocente, sus derechos conculcados, enfrentada a la infamia del desgobernador.

No siete meses, siete años debiera estar en prisión la pandilla duartista que ha saqueado a Veracruz, los impunes del gobernador, los que se roban el dinero federal, los que trafican con programas sociales, los que vacían las arcas públicas. Pero no, los ladrones siguen impunes. Para eso tienen al gobernador.

Siete meses debiera estar confinado Javier Duarte en prisión. Sería un escarmiento. Debiera sufrir el encierro, dejar que el miedo permee en la piel; saber que ahí se convive con zetas, que se es candidato a una tableada, a una daga en el cuerpo; saber cuándo llega la noche pero no si se verá la luz a la mañana siguiente.

Siete meses en un penal para que no ande encarcelando inocentes.

(Con información de mussiocardenas.com)

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