Nuvia Mayorga: los “ladrones de elecciones”, cosa del presente

Nuvia Mayorga sufre un déficit de credibilidad. Miente mal y quien miente mal, no engaña. Dice que el episodio de los “ladrones de elecciones” es cosa del pasado, que “ya quedó atrás” y que los programas sociales no se usarán para intimidar al votante. No se le puede creer. Nuvia falta a la verdad.

Nuvia Magdalena Mayorga Delgado vive un sueño, pernocta en los cuernos de la luna y cree que esa luna es de queso.

Llegó a Coatzacoalcos. Ahí, en un escenario que no parecía un evento de gobierno —la logística del PRI, las formas del PRI, las caras de los priístas— tomó la protesta a mil 120 vocales del programa federal Prospera.

La aclamaban sin saber quién era. Le llovían elogios. Captaban sus gestos, su sonrisa indeleble, permanente, la lente de los fotógrafos, su rostro afable, la mano amiga. Le venía el show a la medida. Y Nuvia Mayorga actuaba.

Resonaba la batucada, retumbaban las porras, en la mano de muchos las banderitas verdes, mientras el palenque de la Expoferia, ese viernes 27 de febrero, lucía a reventar. Y todos, todos, anidaban la esperanza de cristalizar lo que entraña Prospera, antes Oportunidades, en realidad: recursos económicos, dinero, así tenga que canjearse por votos el día de la elección.

Le aplaudían a ciegas. La cortejaban sin mesura. No preside ella la Coordinación de Prospera, el programa estrella de la Secretaría de Desarrollo Social, pero asumía esa función, gozosa, porque el ritual así se lo imponía.

Nuvia Magdalena no tiene un buen historial. Es la directora para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, pero justo ahí la repudian los indígenas, la cuestionan los estudiosos de las etnias y le reprochan su poco, estéril, nulo interés por ese grupo social.

Su mundo es otro. Fue la supersecretaria de Finanzas en el gobierno de Hidalgo, siendo Miguel Ángel Osorio Chong gobernador, cuando aún no se imaginaba en el ascenso de Enrique Peña Nieto y que lo llevaría hasta la Secretaría de Gobernación.

Nuvia Magdalena Mayorga llegó a la Cámara de Diputados, no por el voto directo de los electores sino por la ruta cómoda, la plurinominal. Bien recomendada, obtuvo la joya de la corona: la presidencia de la Comisión de Presupuesto.

Tenía en sus manos las asignaciones y partidas para todos los rubros, el dinero que habría de fluir para atender las necesidades y demandas, el rezago y el abandono del México real.

Y que le mete tijera al presupuesto para los indígenas.

Viene de ahí el repudio de los indígenas hacia ella cuando es designada por Peña Nieto para ese cargo, la Dirección para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Una soberana incongruencia.

No son los presupuestos de Sedesol un alivio a la pobreza, a la marginación, a las condiciones precarias en que viven millones de mexicanos. Son para operar políticamente, para comprar la voluntad del elector, para mediatizar la democracia, para someter al mexicano de abajo a través de la dádiva y hacerlo contribuyente del fraude, pues a cambio de militar en los padrones de beneficiarios, se le obliga a concederle el voto al candidato de un partido que fomenta el atraso.

A su lado estaba Marcelo Montiel Montiel, delegado de Sedesol en Veracruz; el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, y un personaje único, señalado, denunciado: Ranulfo Márquez Hernández.

Ranulfo Márquez, “Cabeza de Lata”, el más fiel del fidelismo, ya tuvo en sus manos la delegación federal de Sedesol, sus millones, sus programas, su operación política encubierta, el ejército de beneficiarios, potencialmente votos para el PRI.

Iniciaba 2013. Ranulfo Márquez operaba desde Sedesol. Se fraguaba el fraude electoral por la renovación del Congreso de Veracruz y las 212 alcaldías. Enfrentaba el PRI un dilema, atrapado en una encrucijada vital: ganar la elección al costo que fuera o ver truncado el proyecto fidelista por el desgobierno de Javier Duarte.

Andaban en esas los priístas cuando estalló el escándalo. Una serie de videos y audios evidenciaban las reuniones en que se fraguaba el robo de los programas sociales federales para mediatizar el voto de los veracruzanos.

Ahí se escuchó a Salvador Manzur, el preferido de Javier Duarte, ex subsecretario de Finanzas del gobierno estatal, referirse al programa 70 y Más, el de los de la tercera edad, como “oro molido”. Unas migajas a cambio de que el beneficiario y toda la familia voten por el PRI.

Se vio y escuchó a Pablo Anaya, ex secretario de Salud, asignado a operar el voto en la zona Veracruz-Boca del Río, decir que usaran los programas sociales para obligar a votar por el PRI y a quienes percibieran en rebeldía, excluirlos de los padrones.

El alcalde sustituto de Boca del Río casi suplicaba que lo tomaran en cuenta para ser partícipe del fraude. Funcionarios federales, coordinadores, explicaban cómo abrían tiendas distribuidoras de productos de Sedesol en zonas donde el voto priísta era clave.

“Ladrones de Elecciones” se llamó la serie de videos que subían a las redes sociales, que inundaban internet, que brincaban a los medios de comunicación. Evidente, descarado, el robo de los programas sociales puso a Veracruz, al priísmo, a Javier Duarte en medio de un escándalo y trabados en un conflicto legal, denunciados, exhibidos y ridiculizados.

“Ladrones de Elecciones” frenó el paso del Pacto por México. Alegaban PAN y PRD que era incongruente que por un lado se suscribiera una reforma político-electoral, y por otro, el gobierno de Veracruz, con sus principales alfiles, la pandilla fidelista-duartista, fuera pillada instruyendo a su ejército de mapaches sobre cómo robarse los programas sociales para ganar la elección.

Ranulfo Márquez fue destituido. Se le investigó. Se le responsabilizó del cinismo con que sus funcionarios participaban en el operativo del fraude, una calca del operativo G-5 que implementó Fidel Herrera para hacer ganar a Javier Duarte el gobierno de Veracruz.

Ahí, a su lado, tenía Nuvia Mayorga Delgado a Ranulfo Márquez. Abordada por la prensa, respondió que ese caso, el de los “Ladrones de Elecciones”, quedó atrás. Negó que los programas sociales condicionen el voto.

“Esa es otra situación que ya quedó atrás. El compromiso que tenemos como Gobierno Federal y la instrucción que tenemos todos los que llevamos programas federales es respetar la veda electoral y no intimidación ni nada. Y los ciudadanos ahora son muy abiertos, ahora reclaman y pueden decir cuando se les puede intimidad pero es no va a suceder”, dijo con ánimo de que alguien le creyera.

Dice Nuvia Magdalena Mayorga que el caso de los “Ladrones de Elecciones” quedó atrás, que es cosa del pasado. Nada más falso. Los “Ladrones de Elecciones” son cosa del presente. El PRI manipula los programas sociales. Los usa para asegurar el voto de los pobres. Lo usa para reprimir.

Ranulfo Márquez pasó un tiempo en la oscuridad. Dejó Sedesol federal ante el escándalo. Se guardó. Volvió cuando están próximas las elecciones federales. Javier Duarte lo ubicó en la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Veracruz. Ahí cumple su función. Ahí aterriza los apoyos como antes lo hacía Marcelo Montiel, el mapache de cartón.

Nuvia Mayorga miente pero miente mal. Y quien miente mal, no engaña.

(Con información de mussiocardenas.com)

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