Javier Duarte: Unidad Antisecuestro y policías torturadores

Si no fuera tan insensato, Javier Duarte jamás habría externado aquel optimismo que de origen era falso. Decía que el delito disminuía, que la violencia menguaba, que la criminalidad iba a la baja. Presumía el combate al secuestro y exaltaba las pinceladas del éxito. ¿Era real? Nada era verdad.

Veracruz, en sus manos, alcanzó la cima del fracaso en seguridad. Es cuarto lugar nacional en secuestro. Es pueblo sin ley. Es territorio impune. Es zona para levantar gente, intimidar a la familia y canjear sus vidas por miles, cientos de miles o millones de pesos. El mercado del terror da para eso y más.

Llega a su quinto año de gobierno, masacrado por la delincuencia, en manos de mafias que trafican con el miedo, que toman vidas, que despojan de bienes y patrimonio, que se hacen de lo ajeno con insultante libertad, y que operan con un altísimo grado de complicidad.

Lo apabulla el secuestro. Javier Duarte transitó por un 2014 para no recordar. O para recordar para evaluar. Para evaluar entre lo que se prometió y lo que no se pudo hacer. Para reflexionar en que la omisión, lo que se debió hacer y no se hizo, produjo miedo y angustia, dolor, azoro e indignación.

2014 fue un año de fracaso. Venció la industria del secuestro. Se impuso a los operativos de seguridad, a la inversión millonaria, al Veracruz Seguro, a los blindajes, a la instalación del Mando Único Policial, a la capacitación y la certificación policíaca. Mucho dinero y cero resultados.

Con su saldo sangriento, 2014 reveló el desastre duartista en seguridad. Alcanzó Veracruz un nada honroso cuarto lugar en secuestro, pulverizado así el discurso demagogo de Javier Duarte, a diario el triunfalismo, las arengas, el éxito que, salvo el gobernador, nadie ha podido ver.

Decía en agosto de 2014 que el delito iba a la baja. Admitía que el problema era el secuestro, porque no había podido disminuir.

Un caso evidenció el fracaso y también la mala intención. Fue el de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes, de cinco años de edad, secuestrada junto con su tía Mónica Reyes Baruch, el 7 de julio, que provocó la movilización de la sociedad de Coatzacoalcos, miles marchando exigiendo acciones de la Procuraduría de Veracruz, retando a las autoridades, increpando, evidenciando que la pasividad también es una forma de complicidad.

Aparecieron 60 días después. A fines de agosto, el semanario La Red difundió una información puntual en que se detallaba quiénes eran los plagiarios, dónde confinaron a la niña y a su tía, cómo las ultimaron y la tortura a que fue sometido uno de los secuestradores hasta quedar sin vida en manos del grupo antisecuestros de gobernador Javier Duarte.

No hubo reacción del gobernador ni de su fiscal, Luis Ángel Bravo, alias “Culín”. Sofocaron la información, contuvieron la noticia, dieron falsas esperanzas a la familia de las víctimas, les hicieron creer que estaban con vida. Negó Javier Duarte que estuvieran muertas.

Se impuso una razón política. Javier Duarte ahogó el desenlace funesto para no empañar la cumbre de senadores del PRI y Partido Verde en Boca del Río.

Después de la cumbre política, el 5 de septiembre, oficialmente fue admitida la muerte de Karime Alejandra.

Así de truculento es Javier Duarte. Deja la sensatez a un lado. Privilegia la imagen y sofoca la verdad. Fue aquel un episodio de vergüenza.

Lo de hoy sigue siendo el combate al secuestro. Arranca la Unidad Especializada en el Combate al Secuestro (UECS) con un acto protocolario en Coatzacoalcos, este lunes 30, desbordado el optimismo, reciclado el mensaje.

De rodillas ante la violencia, Javier Duarte sigue en las mismas. En sus barbas el secuestro, a su alcance la violencia sangrienta, a la vista el dolor en los hogares de las víctimas, el gobernador de Veracruz persiste en el discurso de la fantasía.

“Quien secuestre en Veracruz —planteó— lo vamos a detener y va a purgar una pena en la cárcel. Sea lo que sea que haga lo vamos a encontrar y lo vamos a detener, estamos preparados para ello”. Ajá.

Destacó la inversión, los millones en capacitación, la selección del personal, el equipamiento, lo más moderno con la mejor tecnología.

Trabajará la UECS en coordinación con el estado de Tabasco, dada su cercanía y la comisión de secuestros en la zona limítrofe entre ambas entidades.

No podía faltar “Culín”. Exaltaba el fiscal de Veracruz las cifras del éxito. A modo, justo en el día en que arrancaba el UECS en Coatzacoalcos, un operativo logró el rescate de una mujer y un niño, secuestrados la semana anterior en el municipio de Cosoleacaque, y la captura de ocho personas, armas, vehículos y el aseguramiento de la casa de seguridad en que operaban. Eso sí que es casualidad.

Destacó las cifras del éxito: la captura de 79 personas por el delito de secuestro, 26 de ellas detenidas en el sur de Veracruz.

Pero algo no concuerda. En el contexto nacional Veracruz ocupa el nada honroso cuarto lugar en secuestros. Es la evidencia tangible del fracaso en los sistemas de seguridad del régimen duartista.

Se vive en la derrota y se vive en el desprestigio. Javier Duarte posee un grupo antisecuestro que ha sembrado el terror. El Grupo Tajín opera con absoluta impunidad, levanta inocentes, los somete a tortura, los desaparece, fabrica culpables y nada esclarece.

Su presencia fue visible en Las Choapas a raíz del levantón y muerte del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, reportero de Notisur, Liberal y La Red, el 5 de febrero de 2015.

Se les veía en camionetas blancas. Llegaban a los hogares, se llevaban personas, las desaparecían. En ocasiones exigían que les entregaran armas, que revelaran nombres de cómplices.

Así se llevaron a una decena de choapenses. Oficialmente no hubo explicación y la Procuraduría de Veracruz desconocía las acciones del grupo antisecuestro, expertos en detenciones ilegales y tortura.

Fue la presión de los familiares y de un sector de los medios de comunicación, entre ellos el periódico Presencia, lo que forzó que las víctimas aparecieran semanas después en un camino en el municipio de Isla.

La explicación del fiscal Bravo Contreras carecía de lógica. Hablaba de dos camionetas en que los plagiarios llevaban a sus víctimas. Al encontrarse con la policía se produjo un enfrentamiento y huyeron. Los policías optaron por quedarse con las víctimas y dejar escapar a los criminales. ¿Y no advirtieron vía radio a otras corporaciones para establecer un cerco?

Así opera el grupo antisecuestro del duartismo. Su fama se finca en la tortura y la arbitrariedad. No se sabe ni se explica si el Grupo Tajín es parte de la UECS, si va a integrarse, si va a tener el mando, si los torturadores seguirán haciendo de las suyas y gozando de impunidad.

Grupo Tajín fue el encargado de combatir al secuestro y el fracaso fue total. Llevó a Veracruz a lugares vergonzosos, al cuarto sitio en el contexto nacional.

Le queda pues, al gobernador Javier Duarte transparentar si los torturadores habilitados para combatir al secuestro en Veracruz tendrán licencia para operar en la UECS.

De ser así, el fracaso ya llegó.

(Con información de mussiocardenas.com)

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