Una elección que se incendia

Entre fuego y violencia, vandalismo y terror, no hay elección que prenda. Es el escenario electoral de hoy. Alguien le dijo a Enrique Peña Nieto que así habría de ocurrir y no lo creyó.

Día complicado, inédito, el lunes 1, cuando la ira de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se tradujo en acciones radicales, repudio a la reforma educativa, a la evaluación de maestros, al engaño peñista que con posponerla supuso que habría de amainar la tormenta.

Oaxaca concentra la mayor protesta. Nueve de las 11 juntas distritales fueron atacadas y en consecuencia, el INE ordenó su cierre hasta que haya condiciones para continuar con el proceso electoral.

En Juchitán y Teotitlán de Flores Magón, los integrantes de la CNTE sustrajeron 11 mil boletas electorales. De ellas, 5 mil fueron quemadas.

En Miahuatlán, los integrantes de la CNTE obligaron a que elementos del Ejército se retiraran. Dicen las crónica que los militares revelaron que entendían la lucha magisterial, tomaron sus pertenencias y abandonaron el lugar. Como cuates.

En la dinámica del caos, derribaban portones de las instalaciones electorales, sustraían boletas electorales y reclamaban al gobierno el incumplimiento en la derogación de la Ley Federal de Educación.

Respondían así a la suspensión provisional de la evaluación a maestros que habrá de establecer quiénes mantienen su plaza de trabajo, quiénes deben reevaluarse y quienes pasan a áreas administrativas por ser incapaces para la docencia.

La misma escena se dio en Tehuantepec, Huajuapan de León y Tlaxiaco. Ahí tomaron las tiendas Elektra, Aurrerá, Coppel, Gigante, Milano y Chedraui.

Se repite el escenario en Pinotepa Nacional donde se habla de reventar la “farsa electoral”.

Camina, pues, el boicot electoral que nadie en círculo peñista imaginó que podría ocurrir. Desdeñó el presidente, su coro de querubines, el príncipe Aurelio Nuño, el que le habla al oído y lo embarca en mil conflictos.

Pero el boicot también se da en Puebla, Yucatán y Veracruz. Incendian paquetería electoral, toman oficinas, lanzan proclamas, advierten al gobierno, hacen cuanto les place a los anarquistas cuando la elección está a unos días, cuando las campañas finalizan, cuando si hay indecisos ahora menos votarán.

Ocurre en Veracruz. Aquí hay fuego. Proviene del incendio en las instalaciones de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz y de las bombas hechizas, las molotov, que son lanzadas las que alcanzan a la sede de la junta distrital 10, ambas en Xalapa.

Eran las 5:40 de la madrugada. A esa hora se perciben el fuego y sus estragos. Hay paredes quemadas y vidrios rotos en las estancias infantiles de la Sedesol, en el Edificio Hakim.

Refiere el guardia no haberse percatado de la acción. ¿Acaso dormía? Sobre las paredes están las huellas del incendio y en los vidrios una leyenda con un mensaje directo: “Abajo el desarrollo capitalista. Junio Negro”.

Dice que las instalaciones no eran utilizadas. Servían para almacenar material de dos programas: Sin Hambre y Espacios Infantiles.

Es la Sedesol de Marcelo Montiel Montiel, acusado de malversar recursos federales y apropiarse del dinero de los beneficiarios mediante subterfugios, retiros bancarios y triquiñuelas.

Ahí, según la propia Sedesol, se perdió mobiliario, papelería, equipo de oficina, instalaciones eléctricas y redes del sistema de comunicación digital. Eso dice el boletín pero el guardia asegura que “no se dio cuenta de quienes lo hicieron”.

Sedesol no perdió mucho pero el impacto fue mayor.

Horas más tarde, a las 16:40, unos 30 individuos, encapuchados, irrumpieron en la sede de la Junta Distrital número 10, con sede en Xalapa. Vestían chalecos antibalas, portaban bates, palos, cadenas tubos y artefactos explosivos.

Veinte de ellos ejecutaron el ataque. Los otros 10 permanecieron en la parte de la puerta, dedicados a patear y pintarrajear. Inscribieron una leyenda: “Asesinos, muerte”, con letras negra y roja.

Parte de la documentación oficial se quemó. Nadie del personal resultó afectado y de inmediato se dio aviso a la policía, llegando elementos militares.

A esa hora, en Coatzacoalcos, un grupo de maestros integrantes del Movimiento Magisterial Popular Veracruzano, realizaron una toma simbólica del las instalaciones de la junta Distrital número 11.

Se apostaron a las puertas de las instalaciones y lanzaron un discurso en el que condenan la reforma educativa del gobierno de Peña Nieto, advierten que radicalizarán sus acciones hasta revertir la nueva legislación aprobada por el gobierno federal.

Su vocero, Celerino Bautista Luis, ex dirigente estatal del Partido de la Revolución Democrática, auguró que en la sierra de Soteapan habrá voto de castigo contra el PRI, PAN y Nueva Alianza por haber aprobado la reforma educativa.

No se daba una escenario así en el México de hoy. Ni en el hartazgo de los 70 años del PRI, el imperio que parecía indestructible, derrotado en 2000 por el empuje de una nación, pudo pensarse en que la violencia habría de rondar la elección federal.

Esta vez sí. El desdén de Peña Nieto, la soberbia de los gobernadores, priístas y no priístas, los hace encarar un conflicto que parecía irreal.

Pero no todas las acciones tienen el mismo fin.

Maestros de la Sección 22 de la CNTE toman instalaciones electorales, queman paquetería electoral; anarquistas hacen estallar bombas molotov; pintarrajean consignas, amenazan con volver, siembra duda y provocan miedo.

Lo de menos es el daño y cómo resarcirlo. Reimprimir las boletas no implica mayor conflicto para el gobierno. El problema no está ahí. Está en la percepción ciudadana, el dilema del elector, la decisión de acudir a las urnas o no hacerlo.

Hay lecturas diversas. La CNTE anda en lo suyo, en su intento de derogar la Ley Federal de Educación, que supone el peor golpe a las reformas estructurales de Peña Nieto.

Pero en otros estados, se advierte otra intención.

En Veracruz se inhibe el voto, no por la reforma educativa sino por el temor del PRI a perder distritos, en su peor nivel las expectativas de los candidatos priistas por el desgobierno de Javier Duarte, la debacle financiera, el endeudamiento descomunal, la violencia extrema, la inseguridad y el baño de sangre, dueño el crimen organizado de la vida de los veracruzanos.

Llega la estrategia del miedo. Inhibe la violencia y el terror a quienes pretenden votar. Se incrementa el abstencionismo. Pierde opciones la oposición. Pero el PRI, con su voto duro, sale a ganar.

En Oaxaca la violencia le pega a Peña Nieto. En Veracruz, le sirve al PRI.

(Con información de mussiocardenas.com)

00
Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *