El Cisne y los Mariachis Callaron..Beto Silva no pudo “cambiar su vida»

Lo que parecía una simple elección federal que lo catapultaría a las grandes ligas y al nivel de los aspirantes a la gubernatura, terminó siendo la tumba política de Alberto Silva Ramos, pues apenas si logró vencer al candidato del PAN, que era un total desconocido. De no ser por los votos del Partido Verde, el PRI, hubiera perdido, además de Álamo, los municipios de Tuxpan y Cerro Azul.

Silva Ramos y la Alianza PRI-PVEM apenas obtuvieron 47,942 votos, cifra se quedó muy por debajo de los 64,169 votos que contabilizó Genaro Ruiz Arriaga en los comicios del 2012. El PAN, con una campaña austera y con un candidato débil, sumó 35 mil 153 votos.

El Cisne se jactaba de tener una preferencia ciudadana del 79.9 por ciento y una semana antes de las votaciones mandó a publicar una encuesta de Berumen y Asociados que le daba una ventaja de 4 a 1, sobre el PAN. La realidad era otra, el PRI y su candidato estaban al filo del precipicio.

En el Sur, Jorge Carvallo Delfín sacaba 61,312, mientras que Erick Lagos obtenía una votación record de 73, 581. Estos resultados fueron la lápida en la tumba del Cisne que soñó ser gobernador.

CRONICA DE LA NOCHE TRISTE

La noche del domingo 7 de junio Alberto Silva Ramos vivía su peor pesadilla, al recibir los primeros informes de que había perdido varias casillas en la zona urbana de Tuxpan, incluida donde votó. También llegaban los reportes de Álamo y Cerro Azul, eran totalmente desalentadores.

Se dio la orden de suspender la organización del festejo y esperar a que los votos del Partido Verde fueran la salvación. En cuestión de horas, el Cisne dejó a un lado la arrogancia y paso a ser un político lleno de miedos, que sólo contagiaba incertidumbre y derrotismo.

Apenas en la mañana, cuando fue a emitir su voto acompañado del Alcalde Raúl Ruiz Díaz, destilaba soberbia por cada uno de sus poros, casi se podía ver en su rostro que ya se imaginaba sentado despachando como Gobernador en Palacio de Gobierno y no en una curul del Palacio Legislativo de San Lázaro.

Cómo olvidar que en la Convención del PRI, donde lo eligieron candidato, se destapó para ser “Gobernador” y no para diputado federal. Se sentía un Dios viviente, capaz de cambiar la vida de todos, pero al final, la única vida que cambió fue la de él, porque aun ganando, las cifras lo condenaron a ser el último de la lista de aspirantes a la gubernatura.

El mismo lunes 8 de junio inició la repartición de culpas. Unos señalaron al Diputado Federal Genaro Ruiz Arriaga y otros a Marianela Monroy, titular de Sedesol. Los operadores apuntaron su artillería a Jaime Huesca y los amigos del candidato se fueron con todo contra Claudia Barragán y a Elsa Laura León.

La madrugada del 11 de junio, Alberto Silva se presentó en la sede del INE a recoger su constancia de mayoría de votos. Su rostro, pero particularmente sus ojeras, lo decían todo. Ganó la contienda, pero fue el gran perdedor.

El viernes 12 de junio, el Cisne Alberto Silva decidió romper el silencio y en la capital del estado declaró que no va por la gubernatura, tampoco por la coordinación de los diputados federales veracruzanos. Reconoció que Erick Lagos y Jorge Carvallo, obtuvieron muchos más votos que él.

Ahora, solo buscará como premio de consolación presidir la comisión de desarrollo social y según sus operadores políticos, en dos años buscará nuevamente la Presidencia Municipal de Tuxpan, la cual dejó hipotecada por los próximos 30 años.

(Con información de http://politicosaldesnudo.com/ Por: Ángel Álvaro Peña)

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