¿Una solución mágica?

Un servidor público de alto nivel en el gobierno estatal explicó así la crisis por la que atraviesa la administración de Javier Duarte:

El Gobierno gasta más de lo que recibe. En números redondos, gasta año con año un diez por ciento más. En un principio se compensó ese déficit mediante la reestructuración de los pasivos que ya arrastraba el gobierno. Pagar menos por el servicio de la deuda, para emplear lo recuperado en la amortización de ese faltante. Pero no hay reestructura que cubra un hoyo tan grande. Se agotaron las líneas de crédito, se acabaron las opciones financieras, y día con día el gobierno lucha para cumplir con las obligaciones básicas, como el pago de salarios y pensiones. No hay dinero para obras, tampoco para saldar el pasivo circulante. No hay dinero para nada.

Puede que tenga razón. Lo que sorprende es que Javier Duarte de Ochoa, quien fungió en la administración de Fidel Herrera como subsecretario, primero y después como secretario de Finanzas, no haya previsto este escenario. Si el déficit era del 10 por ciento, su gobierno debió haber reducido sus gastos de operación, desde el primer día de su gestión, en un 15 por ciento.

Sí, eso significaba -entre otras medidas dolorosas- recorte de personal. Era inevitable, pero tomando las medidas correctas desde el inicio, hoy no se estaría pasando por esta crisis.

En números redondos, gastar un diez por ciento más del presupuesto anual significa excederse por 9 mil o 10 mil millones de pesos, habida cuenta de que en estos años el presupuesto de Veracruz ha fluctuado entre los 90 mil y 100 mil millones.

En el primer trimestre del 2012, más de un año después de haber iniciado la actual administración, el entonces secretario de Finanzas y Planeación, el “experto en finanzas públicas” Tomás Ruiz González, anunciaba que gracias a las “medidas de control y contención del gasto público”, se había logrado reducir el déficit “hasta mil 900 millones de pesos”.

Pero si el boquete anual era de diez mil millones de pesos, era evidente que el esfuerzo de contención en el gasto era insuficiente.

Y de pronto a los expertos en economía y finanzas de la administración estatal se les ocurrió una idea genial: Escarbar un hoyo para tapar el otro.

Y crearon la llamada “cuenta concentradora” a la que alguien bautizó como “la licuadora”, para que todo el dinero que llegara a la administración estatal -sí, ¡todo!- fuera sustraído de su cuenta de origen para utilizarlo en lo que más urgiera. Ya después verían como tapaban ese nuevo hueco.

A muchos de mis lectores les habrá sucedido y aprendieron la lección. En los tiempos de auge de las tarjetas de crédito, muchos se excedieron en los gastos, por la facilidad de pagar “con el poder de su firma”. La deuda fue creciendo y al principio, para salir del paso, sacaban dinero de una tarjeta de crédito para pagar otra. Muy pronto se dieron cuenta de que se estaban haciendo tontos ellos mismos, que no estaban resolviendo el problema, sino agravándolo.

Algo parecido hicieron Javier Duarte y sus colaboradores.

¿Perciben oscuro el panorama?

Pues se va a poner peor.

Reportes de la Secretaría de Hacienda señalan que debido a la gigantesca deuda que carga Veracruz, hoy 8 de cada 10 pesos de las participaciones federales que deben llegar mes con mes, las retienen en México para garantizar el pago de compromisos financieros. Esta entidad y Sinaloa son las que mayores retenciones sufren de sus participaciones.

No sólo eso.

En enero del presente año las participaciones de entidades y municipios cayeron un 11% en términos reales respecto al mismo mes de 2015. En febrero se calcula que cayeron en un 6%. Estas dos caídas significan, a nivel nacional, 15 mil millones de pesos menos para estados y municipios, lo que equivale a poco menos de la mitad del Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas (FEIEF), que cuenta con 39 mil millones de pesos. De seguir la tendencia, dicho fondo se habrá agotado para la mitad del presente año.

Dicen que en su reciente reunión con el secretario de Gobernación, Javier Duarte pidió “otra oportunidad” y prometió que haría frente a la situación en el estado y a las demandas sociales y políticas, además de insistir en que no habrá derrota para el PRI en Veracruz.

¿Habrá sido, acaso, una baladronada para salir del paso?

¿Tiene, quizá, una solución mágica? Y si es así, ¿por qué hasta ahora?

Pronto, muy pronto lo sabremos.

Por: Filiberto Vargas Rodríguez / «Punto de Vista»

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