Federico Reyes Heroles nos recuerda lo que es El farsante

El eterno candidato AMLO sí comienza a dar miedo otra vez, por sus berrinches de déspota antidemocrático. Lo que lo identifica con Donald Trump y Kim Jong-un. Hace sentir que sí puede transformarse a la menor provocación en un tirano implacable. Su personalidad real, la del sectario que ha mostrado ya antes dos veces, detalle que no lo vuelve confiable como alguien que pueda gobernar de verdad para todos y no sólo para su bando.

Aunque casi de inmediato pidió una disculpa pública por su exabrupto contra los periodistas Jesús Silva-Herzog y Enrique Krauze, que lo criticaron de no liberal desde el diario Reforma y Twitter; esa disculpa suya fue muy taimada, pues nada más se disculpó, según muy su estilo, por “decir las cosas por su nombre”. O sea, se otorgó la razón sin demostrarlo. Todo lo que supo decir fue que las acusaciones eran “sin motivo”.

Con ello da a entender, sin argumentos otra vez, que sus críticos no dijeron las cosas como él cree que sí son, o sea, que no los escuchó en serio y que sí los volvió a descalificar nada más porque no dicen lo que él quiere que digan. Nada más eso. Y todo esto en medio de esta su etapa de “veleta notoria” u “oportunista” político, que de eso mero es de lo que lo caracterizó Silva-Herzog.

Nos preocupa ver que, ante este derrape de antidemocracia, la reacción de la masa que sigue al eterno candidato no fue negativa para él, en las redes lo defendieron a capa y espada, aunque no tuvieran mejores argumentos que plantear la libertad de expresión como una expresión ideológica del neoliberalismo y ya. Lo mismo que nos ha llamado la atención la reacción tibia en los medios. Esto nos condujo a recordar un artículo de opinión de Federico Reyes Heroles, publicado en Excélsior, el 29 de agosto del año pasado.

Saber ampliar la memoria de la opinión pública es un punto importante para el análisis ético de los medios, no sólo estar en lo inmediato de las noticias y el debate, ampliar el horizonte, especialmente en este momento de campaña política donde la opinión pública cuenta mucho. Por eso revisamos ahora ese escrito.

Lo primero significativo de esta columna de Federico Reyes Heroles es su capacidad crítica para interpretar la conducta de López Obrador como sí es, un ser predecible hasta por su estilo de hacer lo imprevisto en apariencia. Porque en definitiva se ve que AMLO no cambia, siempre está enmascarado, siempre está haciendo teatro, sólo teatro, porque no tiene fondo ni meta que no sea él mismo.

El encabezado es “El farsante y su público” y el texto de la nota lo integran siete parágrafos, que van desde los tres a los catorce enunciados, hasta sumar un total de 63. El Incipit o parágrafo de entrada, aparece resaltado con letra itálica. El texto es un ensayo subjetivo para caracterizar al eterno candidato, al que se denomina de modo indirecto sarcástico como “El farsante”, con ello se puede afirmar que luce la calidad retórica de quien firma la columna.

La exposición de este articulista comienza planteando que todos debemos admitir primero que nos hallamos “atrapados” dentro de la “farsa”, que somos parte de ella y no meros espectadores distantes. De modo que el principal reto para nuestra sociedad es saber admitirlo. Reconocer nuestra parte en el teatro. Porque, viendo como es él, todos aceptamos, seguimos aceptando al Farsante como si nada. Sabemos que es un horror lo que hace y que puede ser peor el horror si se impone como presidente; pero, aun cuando él nos hace una jugarreta tras otra todo el tiempo, su causa parece ganar más adeptos. Nadie le marca un alto.

Sí, la indirecta es directa. Reyes Heroles deja entender que El farsante es ya sabes quién, nombre que su escrito nunca dirá.

En el segundo parágrafo, el periodista se pregunta si tal participación en la farsa no es voluntaria, un turbio deseo colectivo, podríamos decir. Un torcido deseo de convocar lo peor y no de evitarlo. Entonces nos dice que para evitar el desastre lo mejor es decirlo, sacarlo del silencio cómplice, decirlo con palabras; por eso escribe lo que así escribe. Para que en el tercer parágrafo de su argumentación pueda decir que nos estamos tomando quizá muy a la ligera la farsa de El farsante, no la estamos reconociendo como el peligro que por su conducta manifiesta sí es desde hace tiempo. Lo de veras peligroso, sostiene Reyes Heroles, es que “no lo llamamos a cuentas, lo dejamos hacer de las suyas sin ponerle un alto”.

Con el cuarto parágrafo el articulista de Excélsior nos recuerda algunos de los no pocos casos de corrupción y mal gobierno que desde hace años rodean y hacen sombra a AMLO: Imaz-Ahumada, los Abarca y los 43, Eva Cadena, Delfina Gómez y el delegado de Tláhuac. Para luego hacer notar la forma oscura y nada democrática como el partido propiedad del eterno candidato eligió a Claudia Sheinbaum como su candidata para gobernar la Ciudad de México, una “burla estridente” para sus seguidores y el público en general. Signo claro del poder autoritario y despótico con que se ha distinguido AMLO desde siempre, ya que nunca se ha comportado efectivamente de forma distinta.

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Ante la vista de todos, peca El farsante de soberbia grosera, cree que de veras ya tiene el poder en sus manos, cree que ya nadie le podrá ganar la elección presidencial y el control del poder total; no da muestras de humildad o magnanimidad, no hace señales de ser un demócrata y un diplomático; no ejerce la política, sino todo lo contrario. Hace alardes públicos del poder de su “dedo” dictatorial, un “dedo” igualito al del PRI y la mafia del poder que AMLO tanto crítica. Un “dedo” que quita y pone en “su” partido, donde dicta, además, que nadie lo puede criticar. Así resulta que El farsante lo degrada todo, desde una encuesta hasta su partido mismo como institución social.

“El farsante usa lo que sea necesario para vender una falsedad. Pero lo grave no es que lo intente, sino que consiga sus objetivos. La República podría ser guiada por un farsante que domina la pantomima.

Tal es la cuestión central de esta reflexión de Federico Reyes Heroles sobre el estilo personal de gobernar del dueño de Morena, un farsante de ida y vuelta, un payaso nada más. Preocupa ver cómo sus seguidores y buena parte del público se niegan a ver la realidad de esas peligrosas inconsistencias, esos nefastos berrinches y alardes de venganza beligerante. Se vuelven cómplices dóciles de las amnesias, lapsus, tropiezos y engaños de El farsante.

De modo que el parágrafo seis va a lo esencial del planteamiento de este artículo, lo citamos textual por ello:

“Pareciera que hay una conciencia de culpabilidad que le valida todo, como si le hubiésemos infligido una enorme ofensa y ahora tuviéramos que tragarnos sus caprichos. Acaso estamos asumiendo que de verdad ganó la Presidencia en 2006, contra todos los argumentos y números, todavía le abrimos una rendija de duda que le permite seguir vivo y corromper la República. De verdad dudamos de todo y por eso le damos crédito a El farsante. Es una complicidad silenciosa. Nosotros le damos vida, lo alimentamos al dudar de las instituciones, imperfectas, pero instituciones al fin. Al permitirle la pantomima traicionamos las instituciones y a nosotros mismos. Los que no le crean, que se opongan públicamente, que lo digan, que se deslinden de la eficaz y peligrosa farsa.”

No se puede decir más. Reyes Heroles ha redondeado su crítica. Lo grave de este momento no es el modo alocado en que se comporta el eterno candidato, lo de preocupar es que la gente lo quiera ver como una salida positiva o como la opción para acabar con el PRI, sin ver que todo lo que hace es farsa, porque en realidad es un priista clásico, uno de los que él tanto critica. Y ni él lo ve ni lo quieren ver quienes le siguen creyendo.

Y la conclusión del autor de “El farsante y su público” es la siguiente:

“Nada le hemos hecho, nada le debemos, no hay deuda. La responsabilidad del hijo malcriado es nuestra, porque somos capaces de comer farsa todos los días y, además, sonreír. Romper el silencio cómplice comienza por nombrarlo: se llama AMLO.”

Hemos querido recordar esta nota de Federico Reyes Heroles en este momento, para seguir rompiendo el silencio cómplice del público, los medios y las instituciones ante las barbaridades antidemocráticas de López. Ninguno de sus contrincantes se ve tan farsante. Y para recordar aquí que su estilo de gobernar sí pone en riesgo el futuro inmediato de la libertad de expresión en México.

Fuente: Etcétera/ Por: Salvador Mendiola

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