Exterminio de periodistas

No disparen más

Los comunicadores nos hemos convertido en una especie en extinción, sobre todo los críticos y los que practican la verdad por encima de sus intereses personales

Por Staff

Cuando un periodista muere en México, hay dos segmentos del poder de facto que suspiran aliviados: los que mandaron matarlo y quienes tienen que investigar su muerte, éstos saben que basta con archivar el expediente y decir que se está investigando para que todo quede aparentemente arreglado.

Por otro lado el poder siempre que tiene un crítico menos. Desde hace más de cien años no ha habido político que se lleve bien con los comunicadores, a menos que mantengan una relación de compraventa de silencio por complicidad.

En México, la muerte no es lo único que ronda en la vida de los periodistas, sino la impunidad y hasta el olvido o el silencio en el caso de ser víctimas de un crimen.

La muerte de Juan Carlos Huerta se suma a los 44 periodistas asesinados en el actual sexenio de Enrique Peña Nieto.

Veracruz es el estado más peligroso para ejercer periodismo en todo el país, en el actual sexenio han sido asesinados 11 reporteros.

Tras el estado de Veracruz se encuentra Oaxaca con nueve casos, seguido de Sinaloa, Chihuahua y Guerrero con tres asesinatos de periodistas cada uno.

Tabasco, Tamaulipas, Ciudad de México y Baja California Sur con dos casos respectivamente; mientras que Coahuila, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Puebla, San Luis Potosí y Zacatecas reportan un asesinato de periodistas cada uno.

De 44 de los reporteros asesinados, 17 de los casos han sucedido de enero de 2017 a la fecha, 12 el año pasado y cinco en lo que va del 2018. Es decir, en promedio, cada mes matan a un periodista en México.

A la par que los crímenes contra periodistas aumentan, la impunidad en sus casos también va al alza.

Tan solo en 2017, Artículo 19 registró 507 agresiones contra la prensa, de las cuales únicamente en 135 casos se abrió una carpeta de investigación en la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

Y según las Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), hay impunidad en el 90% de los asesinatos contra los periodistas.

En un análisis realizado por la CNDH a 176 averiguaciones previas relacionada con homicidios y desapariciones de periodistas, sólo en 17 hubo una sentencia condenatoria.

Los periodistas Javier Valdez y Miroslava Breach, asesinados el 2017 por el crimen organizado debido a su trabajo periodístico son de los pocos casos que cuentan con responsables detenidos, esto debido a la presión del gremio, así como de la sociedad civil.

La libertad de expresión no sólo se acota a través de la violencia, sino también mediante la ley.

El pasado primero de mayo, Eruviel Ávila, ex gobernador del Estado de México y vicecoordinador de la campaña del candidato presidencial, José Antonio Meade, demandó al periodista Humberto Padgett por daños a la moral.

El priista pidió que el reportero pagara 10 millones de pesos por el reportaje incluido en el libro “Los Suspirantes 2018”, donde Padgett relata a través de cinco fuentes una fiesta en la cual Ávila Villegas y el obispo emérito de Ecatepec, Onésimo Cepeda, fueron protagonistas de presuntas situaciones sexuales con varones menores de edad.

Al crimen y a la impunidad habría que añadirle el silencio del actual Gobierno Federal en un sexenio que ha dejado 44 periodistas asesinados.

Mientras la muerta, la impunidad y el silencio continua, la edición 2018 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa elaborada por Reportero Sin Fronteras (RSF) coloca a México como el segundo país más peligroso para ser periodista.

Cuántos periodistas asesinados más serán necesarios para que se haga justicia en un país con una creciente impunidad de los sectores privilegiados, como si la impunidad tuviera precios muy altos, los homicidios de los periodistas se convierten en un cuestionamiento severo para la justicia del país.

El actual sexenio se caracterizó por las agresiones contra los medios, los comunicadores, columnistas, fotógrafos, todos los que se puedan encontrar en los medios. Acallar la verdad es la preocupación de unos que pagan por imponer el miedo, y el silencio posterior a la muerte de un periodista es un homenaje a una vida entregada a ser eco de la verdad.

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