Fito Páez: el hombre que dio todo por ‘liberar’ a la CDMX

Tal vez algunos días pienses que la Ciudad de México es esa localidad donde «todo se incendia y se va», pero Fito Páez demostró el jueves en el Frontón México que todos podemos vivir y amar en una ciudad liberada.

Tras poco más de un año de ausencia de los escenarios del país, el cantante argentino regresó para presentar su última producción titulada La Ciudad Liberada.

Al igual que en los conciertos que realizó anteriormente en recintos tan importantes de la capital, como el Auditorio Nacional y el Teatro Metropolitan, entregó casi treinta de sus composiciones en poco más de dos horas.

Si bien esta gira está centrada en su vigésimo cuarto trabajo discográfico, Páez logró que los asistentes al concierto viajaran en el tiempo para recordar Giros y el bandoneón con el que cierra la melodía, esta vez evocando a Astor Piazzolla.

Sin embargo, la entrega total del público se desató con Naturaleza Sangre, aquel tema que realizó con Charly García para el disco homónimo lanzado en 2003. La euforia continuó con el clásico 11 y 6, que cerró con un breve ‘twist’ de La rumba del piano, y se incrementó cuando sonaron los primeros acordes de El amor después del amor.

Justo al iniciar la mitad de la melodía, Fito tenía una sorpresa: comenzó a cantar a dueto con Mon Laferte. No hubo nadie en el recinto que no cantara “nadie puede y nadie debe vivir sin amor”.

Esa sección del concierto era solo un canapé para introducir al público por una espiral de emociones que iban del amor a la nostalgia.

“La música es un canal para conectar corazones”, comentó y lo comprobó cuando se sentó al piano y, ataviado con un traje azul, dejó claro que es mejor andar Al lado del camino y, al concluir con ese tema del álbum Abre, pidió a todos que encendieran las lámparas de sus celulares: era momento de interpretar a todo pulmón Brillante sobre el mic.

El Frontón México se iluminó con pequeñas luces blancas que se movían de un lado a otro mientras, sin darse cuenta, preferían seguir “presos de este sol”.

Fuente: Angélica Ferrer

Los fans del también cineasta y escritor nacido en Rosario conocen algunas de las anécdotas que dieron pie a canciones que en ninguna de sus presentaciones faltan.

En el concierto, Páez relató aquella vez que se fue ‘de fiesta’ con Charly García; no volvió a casa hasta el otro día.

“Mi entonces novia comenzó a armarme la maleta, pero cometió un error: se demoró. En eso, le escribí esta canción. Dedicada para ti, Cecilia (Roth), y para mi hijo Martín, Un vestido y un amor”.

Esa no fue la única muestra de cariño de la noche; una de las canciones más esperadas (y ganadora de un Grammy) comenzó a sonar: Tu vida, mi vida.

El cantante pasó a ofrecer grandes muestras de amor a dar un vistazo a una pieza de música instrumental. Para ello, pidió permiso a los asistentes de hacerlo.

La composición titulada 5778, incluida en el último disco, tiene ligeras pinceladas de la banda sonora del filme 2001: Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Esta idea se reforzó con la proyección de imágenes sobre el espacio.

Después de ‘visitar la galaxia’, regresó a los conflictos actuales, a las guerras, a Islamabad.

“Mientras dos chicos se casan por siempre en Islamabad, cae una bomba en el medio del templo en Islamabad”, cantaba mientras realizaba una sencilla coreografía con su corista Ana Álvarez de Toledo evocando a las danzas practicadas en Medio Oriente.

Fuente: Angélica Ferrer

El rosarino llevó con sus canciones al público hasta la cúspide, pero era momento de despedirse. “¡Se terminó; lo dimos todo!”, afirmó antes de interpretar el tema que hace énfasis en decir adiós.

Contrario a lo que se podría imaginar, el show no finalizó con esa melodía. Aún faltaba llegar a la función del Circo Beat, maldecir a la Ciudad de Pobres Corazones, no olvidar que “dar es amar” y tener presente que siempre hay que “rodar la vida”.

En A rodar la vida, las playeras, bufandas y suéteres comenzaron a volar. Sin importar el espacio reducido del recinto, el público brincaba y movía sus prendas al ritmo de la música. Eso se intensificó con Mariposa Technicolor, donde se acercó a los fans que estaban en primera fila.

Con ese tema rozó la recta final. No conforme con haber provocado que algunos terminaran afónicos, Páez y su banda cantaron Y dale alegría a mi corazón. El Frontón retumbó como si todas las personas conformaran un coro profesional; cantaron con emoción cada estribillo, primero con música y después, todos a capella.

“Y dale alegría, alegría a mi corazón, es lo único que te pido al menos hoy. Y dale alegría, alegría a mi corazón; afuera se irán la pena y el dolor”, repitieron todos, tanto músicos como público, en varias ocasiones hasta que Páez agradeció y se retiró. La misión fue cumplida: la Ciudad de México fue liberada.

Con información de El Financiero

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