Soliloquio político

Por Norma Meraz

El discurso y piezas de oratoria política han sido superados por un simple y silvestre soliloquio político.

Reflexionar en voz alta y a solas —aunque se esté rodeado de gente— no deja de ser una prédica cotidiana, larga, con escaso contenido, repetitiva, con múltiples referencias al pasado y en muchas ocasiones con datos no confirmados, además con correcciones a declaraciones hechas por funcionarios públicos de alto nivel –a quienes les disminuye su credibilidad– es lo que más se parece un soliloquio político.

Si a esto le llaman estrategia comunicacional, ¡cuidado!, es más bien un discurso con adjetivos rápidos que no debiera sustentarse en explicaciones pedagógicas de corte moralista y colmado de buenas intenciones, pues mientras estos sueños no se concreten en objetivos, siguen siendo buenas intenciones ¡no realidades! Las ideas y aspiracionales en la mente, no necesariamente son caminos infalibles.

El país vive un espacio libre de oposición política, más no de contrapesos. El verdadero contrapeso del régimen actual es la realidad.

Un caso fresco es la presentación dolosos por parte del gabinete de seguridad de cuentas alegres respecto del número de asesinatos y delitos, presentado en “mañanera” reciente en Palacio Nacional.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador con su equipo de seguridad integrado por el secretario de la Defensa, el de Marina y el secretario de Seguridad Ciudadana, mostró la numeralia de hechos, acciones, logros, coberturas y bajas registradas en los elementos de la Guardia Nacional, más la de delincuentes abatidos en la lucha contra la violencia e inseguridad.

Todo iba bien. Los periodistas y asistentes a la conferencia de prensa en Palacio Nacional atentos a los datos en los que se resalta una “inflexión” en el número de delitos dolosos —por parte del Ing. Alfonso Durazo Montaño — en los que por cierto no se habla del número de feminicidios que es de 50 mujeres violadas diariamente en México, ni de civiles muertos en estas operaciones. Justo en ese momento, lejos de Palacio Nacional, en el estado de Guerrero se escuchaban ráfagas de metralla, gritos, gemidos y llamados de auxilio. Fallecieron más de una docena de sicarios y un militar herido.

No hay día en que se reporte saldo blanco en el país. Las informaciones sobre enfrentamientos, robos en el transporte público de mercancías con secuestro de sus conductores, violaciones en el transporte público de pasajeros, extorsiones, asaltos y desapariciones. Nunca hay detenidos. Todos los que cometen estos agravios, escapan y jamás son localizados y aprehendidos, lo que describe exactamente que haya tanta impunidad.

¿En dónde, se apoya la ciudadanía para que se haga justicia cuando se enfrenta a autoridades coludidas con el crimen?

Ahora bien, el Presidente culpa de todo mal a los gobiernos anteriores. ¿Hasta cuándo se le agotará a López Obrador este recurso de echar la culpa a otros, de los males que aquejan al país? Cuando la delincuencia aumenta, la economía se estanca o no crece, la inversión privada y pública no fluye se viola la Constitución, como en el caso de la ampliación de mandato de –mediante una seudo consulta popular– un gobernador en Baja California; se ignora la Constitución en el caso de la renuncia del Lic. Eduardo Medina Mora a la Suprema Corte sin sustentar el motivo y el Presidente insiste en manifestar que todo “de acuerdo a la ley”. ¿Cuál ley?, pregunto.

Y cuando el Presidente López Obrador señala que: “los fracasados no merecen respeto…”. ¡Es una frase muy dura!

Habrá que recordarle que los migrantes mexicanos huyeron a Estados Unidos porque son fracasados en su tierra y ahora desde donde trabajan aportan la mayor cantidad de divisas a México cada año .

Esto debería darnos vergüenza y no orgullo.

Pero… ¡estamos frente a un soliloquio político!

¡Digamos la Verdad!

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