Convocatoria de AMLO sin desgaste

Seguimos sin oposición

A un año de gobierno, a pesar del desgaste que eso implica, López Obrador sigue moviendo multitudes

Por Ángel Álvaro Peña

A pesar del inexplicable optimismo de los grupos contrarios al presidente de la República, la congregación de mexicanos en el Zócalo hizo palidecer cualquier intento de marcha, mitin, plantón o como quieran llamarle.

Gobernar implica desgaste en todos los sentidos, incluso físico, para quienes ejercen el poder. Pero no ha habido mandatario en México que luego del primer año de ejercer el poder, la popularidad esté ilesa de cualquier merma propia de la práctica política.

Todo esto a pesar de que los medios se hayan pasado un año con el resentimiento de no recibir todo lo que tenían en regímenes anteriores, una especie de subsidio que les pagaba el gobierno federal, con dinero de los contribuyentes, para que no hablaran mal del gobierno y aplaudir hasta los chistes malos de los expresidentes.

Una prensa que estaba acostumbrada a recibir ese subsidio. Unos medios de información que aplaudían el retiro del subsidio al campo, pero nunca rechazaban el dinero que les regalaban a cambio de su silencio o de sus mentiras.

Lo que debe subrayarse en México es la falta de oposición. Lo cual debe ser un problema preocupante, porque en una democracia debe haber contrapesos políticos y partidistas, pero la miseria ideológica y la sistemática crítica con o sin razón, pero sin propuesta, del PAN y del PRI, parecieran revertirse contra esos partidos y los pocos simpatizantes que les quedan.

Aquí va un ejemplo que es de pena ajena: El líder nacional del PAN, es contador público, como tal debe saber contar, es decir sumar, por lo menos. Pero ni eso se le da, porque luego de la miseria para convocar a la población este 1 de diciembre, en cuyo lugar de reunión no se juntaron ni tres mil personas, el contador Marko Cortés, que nunca ha ejercido su profesión, dijo que fueron 100 mil personas. En realidad, en su mejor momento no llegaron ni tres mil personas integrantes de un grupo heterodoxo donde había expriistas, actrices de telenovelas cursis, colados, pero sobre todo acarreados.

Mucha gente se pregunta, incluso dentro del PAN, sobre la razón de que un contador pueda dirigir un partido político, pero la desesperación que existe desde hace varios meses en ese parido los obliga a colocar a la gente menos adecuada en perfiles que no le corresponden y los resultados saltan a la vista, luego de mostrarse que carecen de poder de convocatoria.

Se había convocado a una megamarcha a través de la voz de la expriista Beatriz Pagés Rebollar, donde se invitó a la gente a caminar de blanco por las calles y sin consignas partidistas. Incluso ya se había apuntado a asistir el expresidente Felipe Calderón, quien, con toda la intención de promover su partido político, que pareciera que abortará a pesar de sus convicciones, pero al final no pudo ir.

Marko Cortés había estado de acuerdo en que ningún partido político mostrara músculo, que se viera una reunión del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución, como una expresión espontánea de la sociedad, pero a última hora convocó al panismo en un alarde de supuesta fuerza; sin embargo, quedó en ridículo.

Al convocar desde temprana hora al panismo nacional, sólo provocó que su propio correligionario, el golpeador de mujeres senadoras, Gustavo Madero, se fuera a la marcha de los hermanos LeBarón, simplemente porque eran tan pocos los panistas que daba vergüenza caminar con ellos por Avenida Reforma.

Los hermanos LeBarón, ciudadanos estadounidenses, por andar en el argüende de desgastar al gobierno -su prioridad a todas luces-, no se enteraron hasta la noche del domingo de que habían atrapado a dos de los implicados en el asesinato de sus familiares, cuya tristeza parecían haber olvidado ante la angustia de verse tan despreciados por la población a la que creyeron haber chantajeado lo suficiente con la masacre de sus familiares.

Los intentos por crear un contrapeso político, social, ideológico de algunos mexicanos parecen haberse frustrado en el primer año de gobierno de la Cuarta Transformación. Si a esto añadimos la gran concurrencia que tuvo el acto del presidente de la República en su primer informe de gobierno, la diferencia puede tomarse de muestra para ver, en proporción, el poderío de López obrador ante la despreciada presencia de una oposición desarticulada y sin líderes ni partido.

El vacío que está dejando la oposición en México se convierte en un peligro no sólo para la democracia del país sino para el sistema de partidos y puede provocar que cualquier fuerza extranjera pueda adoptar el lugar del contrapeso con los argumentos que acostumbran a esgrimir los opositores sin conciencia real de lo que hacen.

Porque los líderes de los pocos partidos de oposición sobre los diferentes problemas de México, pueden ser el puente para que algunas fuerzas extranjeras encuentren el medio ideal para entrometerse en los asuntos que le son propios a los mexicanos.

El juego que la oposición de derecha hace con las críticas permanentes al gobierno federal sirven de pretexto para que los intereses que están ubicados más allá de nuestras fronteras puedan presionar a un solo partido, el que está en el poder.

La flojera e incapacidad de la oposición por volver a constituirse como tal, puede hacer más daño a la democracia mexicana y a ellos mismos, del que hicieron cuando tenían el poder.

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