La oposición sin gente

Bisagra

Por José Páramo Castro

La megamarcha anunciada contra el presidente de la República en su primer informe de gobierno quedó en megaridículo. A pesar de que convocaron para que nadie mostrara sus colores, a la mera hora el líder nacional del PAN, Marko Cortés, invitó al panismo (¿) a marchar a la misma hora y en el mismo lugar.

Ahí se reunieron los “panistas” y los otros, que no llegaron a tres mil personas.

Al darse cuenta de la contradicción, algunos se separaron para mostrar músculo, y la mayoría de esos 3 mil se conformó alrededor de los sin partido, los panistas se quedaron con tan poca gente que el propio Gustavo Madero decidió marchar con los otros y no con los de su partido. Eso sí, ahí sí le dieron una segunda fila para que su protagonismo obeso pudiera lucirse.

Los panistas se quedaron con menos de mil personas sin saber para dónde caminar, pero eso sí simulaban, como es su costumbre, que eran muchos. La verdad es que el PAN quedó disminuido no sólo en su fuerza sino en su poder social de convocatoria que pareciera mucho menos que lo imaginó el más pesimista de ellos.

Quienes intentaron mostrar su fuerza, hubieran preferido quedarse en casa, ir a misa y resignarse a su suerte. López Obrador sigue con una popularidad que no acaban de reconocer sus adversarios y que sigue asombrando a sus propios seguidores. Se trata de un fenómeno social y político, que han venido de varios países a estudiarlo.

Los mexicanos conocemos que la falta de ideas de los que ahora son oposición, y los excesos de los panistas y los priistas fueron tantos que la sinceridad y transparencia del jefe del Ejecutivo sigue con un porcentaje de aceptación que ningún presidente de la República ha tenido al primer año de gobierno.

Pero la oposición sigue en la pereza de trabajar para reconstruir y con la miopía de darse cuenta que deben cambiar profundamente desde sus consignas hasta sus propias costumbres, muchas de ellas contra la gente, contra las mayorías.

Están acostumbrados a servirse del poder y no usarlo para servir.

Hay partidos políticos que, desde su derrota electoral en julio del año pasado, no han podido recuperar la inteligencia y sólo se les va en cuestionar lo que hace la actual administración, que pese a todo lo que digan en un año trabajó lo que otras administraciones trabajaron los seis años de su gestión, sobre todo el presidente de la República. Nunca había tenido México un Presidente que dedicara tantas horas a su responsabilidad. Al contrario, parecía una competencia de a ver quién trabajaba menos, ganando más.

La holgazanería de una clase política egocéntrica que todavía no aprende a digerir su derrota electoral fue tan grande que tiene al país hundido en su economía, porque estaba acostumbrado a imitar a las monarquías, es decir, necesitaba dinero y de inmediato aumentaba impuestos, hasta que el pueblo los corrió del poder, como sucedía con los reyezuelos de la edad media.

Este atraso en la política de quienes ahora se autodenominan oposición, debe ser el primer paso para que dentro de la autocrítica cobren conciencia para reconstruirse, pero ponderan la crítica al poder sobre las propuestas, como si su gestión al frente del país hubiera sido brillante.

La capacidad de convocatoria de la autodenominada oposición disminuye considerablemente, la del poder aumenta.

00
Compartir