El show de comparecer

Por: Ángel Álvaro Peña

Buscar el aplauso fácil y la alabanza irreflexiva desde la administración pública significa hablar en el desierto; sin embargo, ese ha sido el único lenguaje que la administración de Cuitláhuac García Jiménez ha tenido con la prensa de la entidad.

Los críticos ni siquiera se acercan a las oficinas de gobierno porque no hay relación, ni siquiera mala, entre medios y gobierno. La inexperiencia de un gabinete sacado de las aventuras de juventud, ya bastante lejana, por cierto, se mostró desde los primeros días de gobierno, aunado a la falta de sensibilidad y conocimiento del gobernador, el estado que ya estaba saqueado y alterado por la violencia y la corrupción se convierte en un caos a un año de gobierno.

Lo que fue una parte de la esperanza de los veracruzanos se convierte en un auténtico castigo para quienes se fueron con la finta de que el actual gobernador era parte de un proyecto común que cabalgaba con la Cuarta Transformación, al contrario, terminó por ser un obstáculo para los planes del presidente de la República, quien confió de manera evidente en Cuitláhuac García y ahora el arrepentimiento pareciera convertirse en indiferencia.

Una indiferencia que puede acabar con el confort del gobernador en cualquier momento, porque demostró que no puede con una responsabilidad que es muy diferente a la impartición de clases en una escuela de educación media.

El gobernador todavía no es consciente de dónde está situado, desconoce su lugar en la historia donde pasará como un ser opaco que sólo cumplió con un requisito burocrático para luego prácticamente desaparecer, a causa de su flojera y banalidad.

No todo en el poder implica los halagos de sus subordinados, debe convertirse en una persona responsable, en un ser comprometido -por lo menos consigo mismo- y no mostrar que camina hacia donde va el viento sin interesarle su tarea por la que le pagan un salario y sin importarle nada la confianza que los veracruzanos depositaron en él.

A un año de estar en la silla de gobernador sus tareas son muy pocas y su evidente incapacidad es mucha, de ahí que la comparecencia de sus colaboradores se convierta en parte de un espectáculo que sólo muestra incapacidad e inexperiencia.

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