Todos, menos los míos

Por: Christopher Rodríguez Jácome

Genaro García Luna fue detenido el pasado lunes en Texas por las autoridades de Estados Unidos, acusado de conspiración para tráfico de drogas y falsear declaraciones en su solicitud de naturalización en el país vecino en el año 2018. Detención derivada de una investigación por parte de la fiscalía de Nueva York al tener declaraciones del capo Jesús “El rey” Zambada, donde afirmó haber entregado millones de dólares, personalmente, al ahora exfuncionario; al saber esto, las autoridades mexicanas de inmediato dieron a conocer que iniciaron los trámites para solicitar la extradición del ingeniero mexicano, quien fuera director de la extinta Agencia Federal de Investigación durante el gobierno de Vicente Fox, y titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal durante el sexenio de Felipe Calderón; ambos expresidentes panistas, y que por cierto Alfonso Durazo fue su secretario en ese entonces.

Genaro García Luna sin duda es una persona con mucha tela que cortar, uno de los principales actores de la guerra contra el narcotráfico, fue también quien realizó el montaje para Televisa, que diera como resultado la liberación de la presunta cabecilla de una banda de secuestradores por existir una infinidad de vicios en su detención; además, fue señalado de haber pagado 118 millones de pesos a una cadena televisiva para la producción de la serie “El Equipo”, en la que se narraban las aventuras al estilo James Bond de un grupo de inteligencia de la extinta Policía Federal y, desde 2018, como ya se dijo, señalado por un líder del narcotráfico de haber recibido millonarios sobornos para colaborar con su organización criminal, y de mentir en una solicitud gubernamental en Estados Unidos. En el mismo juicio, ese mismo narcotraficante, declaró que entregó varios millones de dólares a la administración del entonces Distrito Federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, pero de eso nadie se acuerda.

Por otro lado, la justicia mexicana no siempre muestra el mismo interés en castigar a los funcionarios corruptos o ladrones. El ejemplo más reciente es el de Óscar Ricardo Valero Recio, embajador de México en Argentina, quien el 26 de octubre fue sorprendido en el citado país después de sustraer, oculto entre su ropa, un libro de una afamada librería local, y fue detenido por el personal de seguridad, quienes le dieron alcance en la calle para comprobar el robo cometido; sin embargo, le permitieron pagar la mercancía y retirarse toda vez que al llegar la policía este se identificó como diplomático mexicano. El gobierno de México guardó silencio sepulcral sobre el caso.

Fue hasta este mes de diciembre cuando el vídeo del hurto se hizo viral en internet que el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, se pronunció al respecto, anunciando que el diplomático ladrón sería relevado temporalmente por alguien más, y este regresaría a México para investigar qué pasó. Así, sin más.

¿Qué pasó? Pues que robó descaradamente mercancía de un comercio del país donde fue enviado a representar al gobierno mexicano, no hay mucho que investigar, como dice Jaime Maussan, ahí están las evidencias señores y nadie hace nada.

Por un lado se tiene a un exfuncionario que fungió durante un gobierno de oposición al actual, acusado por delitos en Estados Unidos basados en la declaración de un criminal confeso, que en menos de 24 horas hizo que la maquinaria institucional mexicana se activara para buscar una extradición, y, por el otro, a un diplomático mexicano en funciones que fue a representar de manera inédita a nuestro país en el extranjero y fue captado en video cometiendo robo a un comercio, pero que el gobierno lo ocultó durante casi dos meses, hasta que lo balconearon mundialmente y no les quedó de otra más que darle una palmadita en la mano, y que incluso fue justificado por un diputado, el director del Instituto de Historia y el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante su conferencia mañanera llamó al pueblo mexicano a “no juzgar al funcionario, pues es un hombre de mucha cultura”.

Ambos casos son tan iguales como diferentes, ambos son personas que cometieron delitos, uno acusado verbalmente y el otro captado en video (casi, casi como el de las ligas, quien por cierto hoy por hoy maneja los fondos de los programas federales); sin embargo, uno si será crucificado por sus delitos y el otro ya fue defendido por el Presidente.

En tan solo una semana quedó demostrado que, para el actual gobierno federal igual que para los anteriores, la justicia no se trata de dar a cada cual lo que merece, sino de crucificar criminales adversarios y apapachar a las ratas de casa, y en vez de sacarlas del barco darles su propio camarote privado en este crucero llamado 4T.

Porque como dice el presidente: “Todos son lo mismo, puercos cochinos y marranos”. Todos, menos los míos.

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