La violencia es un videojuego

Bisagra

Por José Páramo Castro

Miguel Riquelme Solís, gobernador priista de Coahuila, encontró un culpable sin investigar -a la vieja usanza de su partido-, luego de la muerte de una maestra en una primaria de esa entidad.

Lo más grave radica ahora en la inmediatez de la culpabilidad a una entidad abstracta: es decir, responsabilizar a los videojuegos de un acto tan grave, que expresa un síntoma de descomposición social, es propio de una política que ya no se practica. La imposibilidad de asumir su parte en el delito acusa complicidad.

La matanza en una primaria privada de Torreón, Coahuila, es un suceso digno de profundidad, cuyos culpables son muchos más de los que nombra con tanta superficialidad el gobernador de Coahuila, entidad identificada por ser cuna y refugio de miembros del crimen organizado desde hace muchos años.

Lo que llama la atención es el señalamiento de una entidad abstracta como responsable de un hecho concreto que debe avergonzar a toda una sociedad, y más aún a quienes se encargan de la seguridad ciudadana. Organizar una rueda de prensa para levantar la voz contra los videojuegos parecería regresar a la época de las cavernas, donde lo desconocido regía la realidad de este mundo. Cuando la lluvia dependía de un monolito o la suerte en la cacería era cuestión de los dioses.

Culpar a otros de lo que puede haber responsabilidad propia es digno de regímenes autoritarios, acostumbrados los priistas a una tradición que se vuelve vicio, desarrollan un instinto que los libera, por lo menos en teoría, de la culpabilidad y los convierte en seres disfrazados de inmunidad, cuando en realidad están acostumbrados a la impunidad.

La rápida reacción de culpar a una instancia abstracta, sin nombre ni asidero, nos despierta la conciencia sobre una manera de ejercer el poder que no debe regresar a practicarlo. El primitivismo social en el que nación el PRI, no superó la etapa infantil, de culpar a otros de lo que es responsabilidad propia, porque el ambiente que priva en las principales ciudades de Coahuila no es ni seguro, ni sano, ni transparente.

La abstracción en la política no debe existir, se trabaja con elementos tangibles y conmensurables, no con supuestos, porque esas formas de gobierno nos remiten a aquellos brujos que lideraban las tribus que eran, al mismo tiempo, el jefe y el curandero, el líder y el semidios. La culpa del mal clima o del hambre no era responsabilidad del ser humano que mandaba sino de entidades abstractas.

Ahora, luego de que la ciencia se desarrolla, hasta el clima es responsabilidad de los excesos de los gobernantes, no puede culparse a abstracciones ni del calor ni del frío excesivos; sin embargo, los priistas siguen viviendo en esa esfera hermética sin tiempo donde la impunidad es una secta sólo para iniciados.

La costumbre de cubrir la impunidad con fantasmas en los crímenes del país fue un condicionamiento que los viejos regímenes inculcaron a la población hasta hacerlos creer que no hay culpables, aunque haya delitos. Ahí está el asesinato de Colosio, la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, la Guardería ABC, etc. Todos ellos insertos en la negligencia de un Poder Judicial que todavía dependía del Poder Ejecutivo.

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