La urgencia de recuperar la popularidad presidencial

TELÉFONO ROJO

Por: José Ureña

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Las alertas vienen de semanas atrás.

Tanta encuesta, todas a la baja, generaron la preocupación obvia en Palacio Nacional por razones objetivas y subjetivas.

La principal de tipo objetivo es la autoridad moral necesaria en todo jefe de Estado y de gobierno para tomar decisiones.

Sin esa imagen pública, y a ella se invoca prácticamente todos los días en Palacio Nacional, no es posible adoptar políticas efectivas.

La subjetiva se refiere a la personalidad propia del Ejecutivo federal, de todos conocida, y cuyo ánimo y empeño se expresa en una frase:

No me conocen.

La caída de esa popularidad es acreditada a la mala prensa, no a malos actos de gobierno u omisión de los mismos.

Dijo ese día:

“En general (los medios) muy bien, informan, orientan. Otros piensan que si distorsionan alarman, el gobierno va a perder fortalezca y entonces se va a entregar a los brazos de quienes se creían dueños de México”.

LA RECONSTRUCCIÓN

Del no me conocen se pasó a la estrategia.

La primera decisión fue no suspender las giras por el país al estilo de 18 años de campaña o 15 meses de gobierno.

Falta saber si Hugo López-Gatell u otras autoridades sanitarias -la máxima es el secretario de Salud, Jorge Alcocer– finalmente se imponen.

Significaría la cancelación de algunas actividades públicas y sobre todo multitudinarias: giras, vuelos, reuniones, mítines, etcétera.

Pero esa reclusión parcial dará oportunidad para instrumentar una campaña de promoción para recuperar la popularidad perdida.

Finalmente, las principales causas están ubicadas.

La primera fue la confrontación presidencial con el movimiento feminista cuyas marchas y un lunes sin ellas demostró su fuerza.

Y la segunda es la actuación gubernamental ante la pandemia del coronavirus, el mayor reto sanitario de la humanidad.

Si al final resulta efectivo el plan para frenar el Covid 19 con una estadística aceptable, ahí comenzará el repunte presidencial.

Y lo demás ya lo sabemos: reforzamiento de programas sociales, declaraciones, entrevistas en todos los medios y mensajes en las benditas redes sociales.

Sería su tercera resurrección tras 2006 y 2012.

EXTREMOS PARECIDOS

Los estados, repetimos aquí la semana pasada, han marcado la pauta ante la pandemia.

Hay ejemplos múltiples, pero destacan dos extremos: en el norte Jaime Bonilla decidió sancionar a quien en Baja California salga sin razón.

Es, en interpretación suya y del secretario de Gobierno, el recién recuperado Amador Rodríguez Lozano, de contener la expansión del Covid 19. 

Y en el surMauricio Vila dispuso castigos en Yucatán con cárcel de tres años y multas altas a quienes contagien o salgan a sabiendas de su enfermedad.

Los mencionamos por dos razones: son extremos en muchos sentidos.

El bajacaliforniano es de izquierda y amigo leal de ya saben quién, mientras el yucateco milita en la derecha azul y opositor al mismo.

En adición están en los extremos de la patria, uno en el norte y otro en el sur, en entidades disímbolas.

Pero tienen en común dos cosas: ambos son empresarios y, con el coronavirus como amenaza mayúscula, han marcado la pauta de decisiones federales inminentes.

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