Pagan empresarios impuestos

Se ponen al corriente

Será una manera de mitigar la crisis económica que afectará a todo el mundo luego de la pandemia

Por Ángel Álvaro Peña

Los empresarios mexicanos, caracterizados por negarle los impuestos a la secretaría de Hacienda desde hace muchos años, se mostraron más solidarios con las necesidades de la población que los propios partidos políticos. Hasta el momento han sido tres empresas las que han aprovechado los descuentos que ofrece el gobierno para pagar sus impuestos atrasados. Muy atrasados, porque los que pagaban impuestos daban muy poco dinero al erario y a veces nada.

Vieron la oportunidad de ponerse al corriente, de no arrastrar deudas producto de complicidades y descuentos ilegales a sus ganancias y pagaron; en cambio, los partidos políticos, a excepción de uno, se negaron a dar parte de sus prerrogativas antes, durante y después de la crisis sanitaria que provocó el Covid-19.

Los partidos perdieron la oportunidad de ser parte de la población y prefirieron quedarse en la trinchera de los ataques y provocaciones, para los cuales necesitan mucho dinero.

Así, empresas como la cadena Walmart pagó 8 mil 079 millones de pesos por concepto de impuestos atrasados, para concluir asuntos “fiscales sustanciales”. Dichos asuntos incluyen la revisión sobre la operación de venta de la cadena de restaurantes Vips previamente divulgada y otras cuestiones fiscales.

Además, la empresa Fomento Económico Mexicano, S.A. de C.V. (FEMSA) pagará la cantidad de 8 mil 790 millones de pesos en impuestos al Sistema de Administración Tributaria, por concepto de impuestos atrasados correspondientes.

FEMSA, también embotelladora de Coca-Cola, indicó que el retraso en el pago de impuestos se debió a “diferencias de interpretación” en materia tributaria.

Por su parte, la IBM de México, pagó 669 millones de pesos, por el mismo concepto.

Esto resulta ser un verdadero respiro económico para el gobierno federal en momentos muy críticos para los gastos que debieron realizarse para combatir la pandemia. Es también un saludo de armonía entre dos sectores que algunos, fuera de estos segmentos de la población, quieren ubicar como enemigos irreconciliables.

La necesidad de negociar y pactar con un nuevo régimen no siempre implica enfrentamiento, pero en medio de los empresarios y del gobierno federal existe un intermediarismo de información que terminaba por tergiversarse a favor de esos mismos intermediarios de los datos, que perdieron la precisión y extraviaron los objetivos profesionales de la comunicación.

Lo cierto es que empresarios y el gobierno federal deben convivir de común acuerdo para el bien de todos y, desde luego, de ellos mismos. Nadie exige armonía o amistad, se trata de sacar un país adelante. Un país muy atrasado por complicidades inenarrables, pero que no pueden olvidarse, aunque en función del bien común puedan perdonarse.

No puede haber, desde luego, unanimidad en un segmento de la población. Atentaría contra la democracia y rompería equilibrios, de ahí que deba haber disidentes y hasta enemigos a muerte como los que de pronto surgen disfrazados de manifestantes callejeros en automóvil; sin embargo, hay una autoridad a la que deben sujetarse todos, por mucho dinero que tengan. Ya no será posible asociar poder con dinero, porque había unos quienes acostumbraban a comprar poder y otros compartían el poder a cambio de dinero.

Pareciera como si esos pequeños grupos sólo pudieran respetar a estos funcionarios públicos con trajes de 2 mil dólares y guaruras. Tal vez porque eran más proclives a negociaciones fuera de la ley. La nostalgia por un pasado que llevó a las peores crisis financieras al país es muy profunda y ahora intentan que los vicios se conviertan en costumbre.

Los empresarios en México son prácticos y de ahí esta reacción de pagar lo atrasado, ni los mandó a la quiebra el pago ni se declararán en bancarrota, simplemente cumplieron con sus obligaciones, lo cual debieron haber hecho todos, pero todavía hay una decena de empresas que se niegan a pagar lo que deben y se ponen a inventar una diversidad increíble de pretextos.

Ante este panorama debería surgir un ente social que informara con veracidad sobre la relación entre gobierno y empresarios, porque el simple hecho de anunciar que están distanciados remite a pensar que la actual administración pública es radical, y no sólo eso, sino enemiga de la productividad, como lo han afirmado algunos grupos, incluso han hablado del ya inexistente comunismo. Refieren países como Rusia y Cuba, sin saber lo que en ellos sucede. Sólo ellos se acuerdan del comunismo, fue tan grande el trauma de su amenaza que no les permite dormir bien ni pensar con congruencia.

Hablar de diferencias entre el gobierno federal y los empresarios es normal en todo país en la actualidad, pero afirmar que hay enfrentamientos es muy grave porque daña la imagen, no sólo del gobierno sino de los empresarios que deben también tener credibilidad ante sus similares y, sobre todo, frente a sus competidores dentro y fuera del país.

Involuntariamente algunos medios se muerden la cola al tergiversar la información sobre la realidad de esta relación que debe ser sana, nadie quiere coincidencias, pero sí acuerdos; tampoco se exige armonía, pero sí negociación.

El pago de impuestos atrasados es un gesto que habla bien de los empresarios y merece el apoyo de la población para consumir lo que el país produce, y esto lo saben los empresarios, el gobierno y la población de todo México.

La crisis económica que seguramente sufrirá la gran mayoría de los habitantes de México, pero no todos, se verá aliviada con este pago de impuestos que aportaron las empresas deudoras.

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