Tiempo de urnas

A echar montón

El desgaste natural del poder no ha sucedido debido a que la oposición no deja de insultar al poder en lugar de dar alternativas a sus disposiciones de gobierno malas o buenas

Por Ángel Álvaro Peña

La aceptación que arrojan los medios contrarios a la Cuarta Transformación sobre la popularidad del presidente de la república es preocupante no sólo para la oposición sino para el poder. El mexicano puede estar convencido de los beneficios de un partido y hacerlo ganar mayoritariamente en las urnas, pero debe pensar en una democracia madura.

Porque en una democracia consolidada la oposición respeta el poder porque es producto de la voluntad mayoritaria y se adapta a una manera de gobernar, como lo hizo en ese sentido por muchos años. Por su parte, el gobierno debe tener interlocutores que en realidad gobiernen con el partido mayoritario con propuestas y opiniones que vayan más allá del insulto y la descalificación que usan como única ideología.

Pero el poder no tiene la culpa de la aceptación mayoritaria del presidente de la República, ni este puede regalarles votos. Más aún luego de una serie de insultos que hasta lastiman a la propia familia de jefe del Ejecutivo, lo cual nunca se había hecho y menos aún de manera tan reiterada.

Sin embargo, esa parece ser la única manera de hacer política de varios grupos con poder, pero sin su protección gubernamental. Lo cual es un verdadero retroceso porque no vivimos en una monarquía y pareciera que todavía no se dan cuenta algunos.

Al poder se le respeta porque representa el número de votos mayoritarios no porque el ganador sea alto o chaparro, moreno o negro, de izquierda o de derecha, sino porque es la voluntad del pueblo expresada en su gobierno, pero eso tampoco lo entiende la oposición, y si eso tan elemental no lo entiende es necesario que haya un aprendizaje político que parta desde cero, y que entiendan que lo que se practicó no era democracia sino simulación, con la complicidad de las autoridades electorales que son las que deben dar certeza a la voluntad del pueblo que en una democracia es sagrada.

La oposición habla del riesgo de caer en situaciones similares a las de Venezuela o Cuba, –que sólo conocen de oídas– pero sea real o no, esta posibilidad ya la advirtieron quienes votaron mayoritariamente. Nadie les está descubriendo esa probabilidad como un peligro. Si es real, que dista mucho de serlo, quienes votaron lo saben y nadie puede ir en contra de esta posición hasta que sea tiempo de elecciones. Antes no.

Los conservadores pensarán que nadie tomó en cuenta sus fantasías de acercarse a la política de otros países cuando ellos estuvieron siempre imitando a Estados Unidos. Si alguien ha colaborado para que el capital político del presidente de la República esté ileso luego de año y medio de gobierno es la oposición. Un partido en el poder que está dividido con un oportunismo sin precedente en su cúpula en otros tiempos hubiera desgastado al poder, ahora el poder parece lejano a la cúpula del partido y el propio partido sigue al presidente de la República sin importar quién sea el líder del partido.

Esta situación también se debe a la carencia de una oposición que pudiera ver hacia adentro y rectificar en sus errores y engrandecerse en sus fortalezas, pero pareciera que la pasión por la política no les permite pensar más que en sus resentimientos y lo primero que se les ocurre expresar públicamente es un insulto o una descalificación.

La fortaleza del presidente crece a partir de la falta de conciencia de la oposición sobre su poder y responsabilidad política. Es necesario que la oposición revise sus propios estatutos para fortalecerse, porque de acuerdo con esos lineamientos podrá llamar la atención del electorado y ofrecer una propuesta política por fin, luego de muchos años de no hacerlo.

Empezar a hacer las cosas correctamente cuesta trabajo cuando se han hecho mal desde hace casi un siglo. El poder se desgastó por su propia corrupción, que nació de su seno, nadie fue a invadir la estructura del poder público con una enfermedad llamada corrupción. Ellos la fortalecieron desde el inicio de su práctica política.

Es necesario que la oposición lea los principios que le dieron vida como oposición y se plantee en esa realidad. No se trata de una vuelta al pasado sino de la recuperación de la identidad luego de haberse extraviado en prácticas ilícitas en las que nadie dijo no.

Los partidos deben entender que la política nunca debió ser negocio, sino servicio. La definición original de la tarea política radica en la capacidad de servicio, en la sensibilidad de los problemas de otros y en su probable solución.

Porque no es el mejor partido el que conoce los problemas de la población sino el que conoce las soluciones de la gente. La democracia es el gobierno de todos no de los que ganaron solamente.

La aceptación de la oposición al poder no implica debilidad, sino reconocimiento a mejores ofertas políticas, y es ahí donde deben trabajar para que dentro de un año sean competitivos, pero ni siquiera se dedicaron a ser competitivos porque no formaron cuadros ni difundieron las ideas políticas de un organismo político. Están acostumbrados al poder absoluto, donde el que gana no permite opinión ni influencia y el que pierde debe extraviarse en el aislamiento político hasta la hora de las elecciones, en espera de una nueva oportunidad. La democracia no es eso.

Con información de Políticos al Desnudo/ Fotos: Notimex

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