Tres pretextos golpistas

Postigo

Por José García Sánchez

Con la intención de desacreditar a la actual administración pública federal de México, un autodenominado periodista que se autoexilió en el extranjero y menosprecia la inteligencia de los mexicanos, trató de engañar mostrando fotografías de Argentina en una manifestación de automóviles contra el presidente de ese país Alberto Fernández.

La gráfica de este pintoresco personaje da cuenta de una misma estrategia de la derecha en Argentina y México, en el primer país, como lo muestra la fotografía, la caravana de automóviles es mucho mayor que la que los conservadores realizan en México. Es decir, que hay una mano que mueve esas movilizaciones que no se reduce a los territorios de ambos países.

Alberto Fernández llegó a la Presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2019, casi un año después que López Obrador, pero en ese país los nostálgicos del periodo de Mauricio Macri, del partido Juntos por el Cambio, quien endeudó a su país hasta hacerlo poco atractivo para la inversión y hundirlo en la peor crisis económica de la historia de Argentina. A pesar de eso hay quienes quieren que regrese.

La historia de América Latina tiene este tipo de movimientos, que no se han renovado desde hace más de 50 años, el inicio de un golpe de Estado comienza con esos movimientos que parecen broma, pero tienen un destinatario que es la prensa extranjera.

En el plantón de la Avenida Juárez en la CdMx, los montajes ocurrían con la complicidad de medios como CNN y TeleMundo, y al grito de 3,2,1, lo pocos manifestantes se reunía con la toma cerrada para que parecieran muchos y lanzaban sus consignas contra el Presidente de la República.

Esto sería intrascendente si no tuviera los antecedentes que poseen la historia de América Latina y de otros países con gobiernos progresistas. En Chile, en Venezuela, en Cuba, la prensa extranjera en combinación con la de esos países, coordinados por intereses transnacionales, por la CIA, por la banca internacional, o por todas esas instancias juntas.

La lucha contra la corrupción no sólo es una consigna del nuevo gobierno sino una tabla de salvación porque si bien durante el siglo pasado el Golpe de Estado tenía como puente la corrupción, la inversión de las empresas internacionales, la confianza en la moneda y en la política de los países se centra en esa lucha, que les garantiza la certeza de estabilidad política y social, equilibrio que la corrupción pone en riesgo.

Lo que sucedió en Bolivia contra Evo Morales, tuvo este mismo origen, con el respaldo de la OEA, que se convirtió en una trinchera eficaz de los conservadores y seguirá con esa misma tendencia, como preservadora no sólo de los privilegios de una minoría sino como precursora de la corrupción, como lo muestra en el actual gobierno de ese país sudamericano apoyado por dicha organización.

Es decir, la mano de entes internacionales está metida en las diferentes manifestaciones dentro de los países con gobierno autónomos que, por grotescas o falsas que sean, aparecen ante el mundo como luchas sociales legítimas.

Así, los grandes pretextos de esas intervenciones son la prohibición a la manifestación, la violación a los derechos humanos y la libertad de expresión coartada. Condiciones que tienen los que se dicen ser dueños del mundo para intervenir. En México estas tres condiciones se difunden como propias.

Hay más de 20 sedes de la CNDH tomadas, los “intelectuales” aseguran que no hay libertad de expresión, y el líder de las tiendas de campaña, juega a la protesta social callejera. Ninguna toma está sustentada sólidamente. Ahí están no sólo los traidores a la Patria sino los puentes para la intromisión, invasión o golpe.

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