Limpia verde olivo

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Postigo

Por José García Sánchez

Desde el momento en el que Felipe Calderón envió a la cárcel injustificadamente a los generales con posibilidades de que se convirtieran en el Secretario de la Defensa, se le abrían las puertas de la Secretaría a Salvador Cienfuegos a través de un testigo protegido, Jennifer, figura legaloide introducida por el entonces presidente para hacer delitos y delincuentes a la medida. La acusación de narcomenudeos a los generales Roberto Dawe González, Ricardo Escorcia Vargas y Rubén Pérez Ramírez y al teniente coronel Silvio Hernández Soto simplemente los marginaba de la postulación que le haría mucho daño al entonces panista.

La elección de Peña Nieto por Salvador Cienfuegos, era casi automática, las dudas respecto al hombre que ocuparía dicha dependencia se habían desvanecido con las detenciones.


En realidad el soplón  Jennifer, no era otro que un abogado de Acapulco de nombre Roberto López Nájera, quien por mentiroso o por órdenes supremas culpó a los militares de narcomenudeo, en esquemas ridículos de culpabilidad, que fueron adoptadas como prueba suficiente por la fiscalía en ese entonces, por ingenuos o por órdenes supremas.

El caso de los generales encarcelados injustamente es el origen de las implicaciones de algunos generales del sexenio pasado con el narcotráfico, encabezados por Salvador Cienfuegos, a quienes responsabilizaban sólo testigos protegidos

En el caso de Tomás Ángeles, familiar de Felipe Ángeles, general revolucionario, se escuchaba fuerte para suceder a Guillermo Galván Galván, quien posteriormente se informó que operó la detención de estos arrestos desde la sedena y la entonces PGR, para lograr la detención ocurrida en mayo de 2012.

En una declaración del general Rubén Pérez Ramírez, Galván movió piezas en del Estado Mayor Presidencial, de la Procuraduría General de la República y luego en la Unidad de Delitos contra Salud, de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, para impedir que Ángeles llegara a ser secretario, quien no descartó que su detención estuviera relacionada con la lucha por el poder en la Sedena. Tomás Ángeles fue subsecretario de la Defensa Nacional de 2006 a 2008.

Es decir, el ejército se desacreditó innecesariamente por los propios militares. Porque ahora los defensores de la corrupción aseguran que se manchó el nombre de las Fuerzas Armadas con la detención de Salvador Cienfuegos, cuando en realidad se está realizando una limpia en el Ejército ocurrida en uno de los sexenios más sucios de la historia de México.

Esto quiere decir que no había limpieza en la sedena en la transición de PAN al PRI. Y podría hablarse de una estrategia de acciones, que fueron aprovechadas por Cienfuegos pero servidas en bandeja de plata por los mandos anteriores dentro de la institución.

Las imputaciones que se le atribuyen desde Estados Unidos y que desmienten personajes como Diego Fernández de Cevallos y Eruviel Ávila, panista y priista respectivamente, no comienzan con la administración de Cienfuegos ni se limitan a su persona.

Se desgarra la oposición las vestiduras, al decir que las autoridades policiacas del vecino país pasaron sobre las de México, al realizar esta detención. La visita del director de la DEA, Timothy J. Shea, para hablar con Alejandro Gertz Manero fue para avisar sobre la futuro detención de Cienfuegos, solicitando la anuencia de México para tal acción. No falta quien asegure que si esto hubiera sucedido con Meade o Ricardo Anaya, le hubieran avisado al general para que huyera a cambio de una buena propina.

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