18 de Marzo: Pemex en vía de extinción

Devorado por la corrupción, Petróleos Mexicanos vive sus peores días: lo empequeñece la reforma energética, se desploma en el mercado internacional de crudo, le faltan recursos, cede áreas al capital privado y ha de echar a la calle a miles de trabajadores. Qué manera de festejar su 77 aniversario.

Por supuesto, no es el Pemex que concibió Lázaro Cárdenas. Aquella empresa creada cuatro meses después de la expropiación petrolera, en julio de 1938, dista mucho de ser la palanca desarrollo que por años sostuvo al país y hoy está en zona de riesgo.

México vive paradojas terribles. Produce petróleo y a la vez importa gasolina. Vende crudo y adquiere productos refinados. Se deshace de la petroquímica secundaria y la entrega a los industriales privados. Y entre esa cadena de contradicciones no le dan el tiro de gracia sino que le aplican muerte lenta.

Ya no es el mismo Pemex. Las tendencias neoliberales lo van destazando, fragmentando, haciéndolo vulnerable y poco competitivo. Modifican el marco constitucional y lo ponen en manos del inversionista, sea nacional o extranjero. Antes le trabajaban a Pemex; ahora son socios y comparten las utilidades.

Esa no es la industria petrolera que en 1938 expropió Lázaro Cárdenas del Río. Es el Pemex de los apátridas en el poder.

Llega Pemex a sus 77 años entre nubarrones y acechanzas, afectado por la baja del precio internacional del crudo, menguados los ingresos para el país, obligado el recorte en el presupuesto federal y muy a modo la oleada de despidos que aguardan con temor, presos en la incertidumbre, los más de 150 mil trabajadores.

Concentra el sur de Veracruz una gran planta laboral. Aquí radica la sede de la petroquímica nacional, cuatro complejos —Pajaritos, Cangrejera, Cosoleacaque y Morelos—, una refinería en Minatitlán y una terminal marítima en la dársena de Pajaritos. Es algo que no se ve en ningún lugar del mundo.

Corre el sistema ductos por la geografía veracruzana, las subestaciones de gas, los centros administrativos, clínicas y hospitales, zonas de pozos en fase exploratoria y de producción. Y todo ello significa riqueza que no se traduce en beneficio social.

Pemex es grande pero también su corrupción. El monto de los contratos otorgados por Pemex a particulares marea. Suma cientos o miles de millones por año, a la par el surgimiento y crecimiento de nuevos ricos que atesoran fortunas de miedo.

Se concentran en el sur de Veracruz seis sedes sindicales: Sección 10, en Minatitlán; Sección 11, Nanchital; Sección 16, Cuichapa; Sección 22, Agua Dulce; Sección 26, Las Choapas; Sección 31, Coatzacoalcos. Es el poder de los jeques mexicanos en toda su expresión, dueños de plazas de trabajo, de turnos, de fichas, de contratos y negocios.

Conviven, pues, el desarrollo petrolero, las fuentes de empleo, áreas del corporativo Pemex, motor de la economía regional, el que da vida industrias paralelas y a otras empresas que sin ser petroleras se vinculan con ella, con la corrupción sindical y administrativa, el atraco vía contratismo, los negocios al amparo del activo petrolero.

A esa corrupción se debe en gran parte el estancamiento de Pemex. Y esa corrupción debió ser el motivo central de la reforma energética.

Debió limpiarse Pemex, sacudirse a los delincuentes, pasar a revisión a funcionarios, mandos medios y al empleado en general, revisarles las uñas, hurgar en sus escritorios, en sus cuentas personales, indagar cuánto ganan y cómo viven. Y así sanear a una industria que sostiene al país con su tributación hacendaria, aportando hasta el último centavo, sin recursos para reinvertir para generar más producción.

Peña Nieto y sus mentores enfocaron la reforma energética a la apertura de áreas estratégicas al capital privado. Podrán los particulares asociarse con Pemex para explorar en aguas someras del Golfo de México; podrán construir refinerías; podrán gozar de las utilidades.

Ambicioso, el proyecto no es negocio de los mexicanos. Es negocio de unos cuantos, los ricos de siempre, los peñistas, los salinistas, los que están en el poder, y sus socios nacionales y extranjeros.

Para eso fue concebida la reforma energética, sin atacar el problema medular de Pemex: la corrupción.

El nuevo Pemex, el de la reforma energética, es negocio de la clase política pero frenado por la crisis del petróleo internacional, la baja del precio, la guerra de las potencias petroleras, la OPEP contra sus eternos rivales, el control del mercado, el desplome de cifras que han hecho replantear a los inversionistas si es momento de arrancar proyectos o postergar.

Ante la crisis internacional de petróleo y la merma de ingresos al país, Pemex debió recortar presupuesto y ahora se prepara para recortar personal.

Ha de impactar a más de 150 mil trabajadores, 113 mil sindicalizados y el resto de confianza. Un número considerable de los afiliados al STPRM serán afectados, pues se suprimirán áreas como el servicio médico y otros quedarán cesantes por ser la oportunidad del gobierno peñista para empequeñecer a Pemex.

El futuro es incierto, oscuro. Se manejan cifras. Van de los 10 mil a los 60 mil petroleros con posibilidad de salir de la empresa, no por la crisis del petróleo y la merma de ingresos para el país, sino porque así lo impone la reforma energética. Esa es la verdadera razón.

El plan es hacer pequeño a Pemex. Se trata de limitarlo en sus funciones. Se pretende ir entregando áreas que en su momento fueron estratégicas, intocables, al capital privado. La perforación en aguas someras tendrá participación de particulares. Podrán construir refinerías. Podrán tener sus propias gasolineras, no como franquicia sino como propiedad privada. Podrán explotar el gas.

A la par que Pemex se reduzca, crecerán las petroleras privadas. Y así hasta la extinción de la industria petrolera nacional.

Pemex tiene los días contados. Sus trabajadores ya lo advierten. Se resignan. Se irritan. Piensan qué hacer, salir a las calles, protestar, exigir que sea preservada su fuente de empleo. Otros van más allá. Hablan de acciones radicales.

Llega así la industria petrolera a sus 77 años. Pemex está en vías de extinción. Feliz 18 de marzo.

(Con información de mussiocardenas.com)

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