500 años, ni perdón ni olvido. Capítulo IV: La educación

Por El Cataro

La educación del pueblo mexica es un ejemplo de la capacidad de afecto y consideración que los padres tenían con sus hijos pequeños, y de su aptitud y disposición para definir su papel en la sociedad.

La educación se llevaba a cabo desde los seis años, en el Tepochcalli, si los padres querían que sus hijos fueran guerreros, o en el Calmécac, si iban a dedicarse al estudio, a las ciencias. Lo más usual era que el pueblo o los masehuales llevaran a sus hijos al Tepochcalli, y que los pillis o nobles llevaran a sus hijos al Calmécac, pero era siempre posible que un masehual llevara a su hijo al Calmécac, si tenía dotes para la ciencia. La educación para los mexicas era obligatoria, cosa que en esa época no existía en ningún otra parte del mundo.

Los que eran educados en el Tepochcalli, según su edad era su educación y adiestramiento, pero siempre se procuraba el equilibrio entre lo físico y lo humanístico. Si tenía habilidades para la guerra, a los 15 años lo destinaban a esa preparación, si destacaba en la guerra podía ser nombrado tlacatécal, tlacochcaltecatl, o quachtalato, que eran los que regían y gobernaban al pueblo. O si lo elegían como achcauhtli, era para aprehender a los delincuentes y llevarlos a la cárcel. El guerreo que en batalla apresaba un jefe enemigo era nombrado caballero tigre o Otomitl, el que aprehendía tres jefes enemigos, era nombrado caballero águila o Cuahutli.

En el Calmécac la elección era muy estricta, y los elegidos eran preparados para distintas ciencias como religión, historia, música, astrología, pintura, derecho, así como artesanías como el trabajo en barro, en piedra, etc.

En el Calmécac se realizaban 15 ceremonias para educar a los jóvenes, desde dormir en la casa de Calmécac, barrer y limpiar la casa, buscar y cortar puntas de maguey para castigo, terminando sus tareas ir al templo a entender en el servicio de los dioses, preparar y tomar los alimentos en la casa de Calmécac, a media noche levantarse a hacer oración, no ser soberbio ni hacer ofensa a otros, ayunar según fuera la fecha observada, se les enseñaba a hablar correctamente, se les enseñaban los divinos cantos, los ministros de los templos vivían castamente.

Los sabios o maestros llamados tlamatinime eran electos por sus cualidades morales y por sus conocimientos científicos o artísticos y su humanismo.

La escritura de los mexicas era con ideogramas, glifos y figuras simbólicas. Los glifos podían ser numerales, calendáricos, pictográficos, ideográficos y fonéticos.

Todos los acontecimientos importantes se pintaban o registraban en los códices o libros. Contaban con libros administrativos, históricos y/o mágicos. En los libros se apuntaban las peregrinaciones, la fundación de ciudades, árboles genealógicos de las principales familias, los pagos de tributos de otros pueblos, las cuentas de la economía del gobierno, el reparto de tierras, los límites con otros pueblos, los años de buenas y malas cosechas, el movimiento del tiempo y de los astros, los eclipses, el paso de los cometas, en el calendario de los ritos anotaban los días de fiesta y los dioses que se veneraban, los primeros mitos, etc.

Los mexicas junto con los demás pueblos de Anáhuac celebraban congresos, como el de Xochicalco, en donde los sabios de los diferentes pueblos o culturas de Mesoamérica se reunieron para la corrección del calendario astronómico.

Las materias o especialidades de estudio abarcaban las técnicas agrícolas, las artes, la administración, la urbanística, las matemáticas, el humanismo, la astronomía. Tenían en los deportes, disciplinas importantes como el juego de pelota, las carreras, etc., y juegos para niños como las mapepenas, los cocoyocpatolli.

LA MÚSICA

Esta arte, sin lugar a duda, fue una de las que más florecieron en la cultura mexica. Las flautas, los tambores o huehuetls, los cantos, los bailes, en sí eran parte del modo de ser de los mexicas.

LA PALABRA

El lenguaje era musical y se cuidaba mucho pronunciarlo adecuadamente, porque hablar era una especie de canto mesurado y armonioso. En el Calmécac se enseñaba a los estudiantes a hablar adecuadamente, a saludar, a hacer reverencias. Les enseñaban los versos de los cantos divinos, a través del “nemachtiloia in qualli tlatolli” se enseñaba la retórica que empleaban en sus discursos los nobles y/o sacerdotes. Existía el macehualotolli o forma de hablar del pueblo y el tecpillatolli o forma de hablar de los nobles, un lenguaje culto.

LOS ARTISTAS

Se dividían en varias disciplinas, los músicos, los alfareros o los que “moldeaban o hacían hablar el barro”, los que trabajaban la piedra, que petrificaban el corazón en movimiento, es decir la emoción, el contenido de lo que querían transmitir. Aquí encontramos los rostros humanos, las máscaras funerarias, las deidades, con rasgos físicos y abstractos.

LOS COMERCIANTES

Llamados pochtecas, recorrían las rutas entre los diversos pueblos, llevando noticias, objetos de todo tipo, representaciones culturales, semillas y costumbres de unos a otros pueblos. Su papel era sumamente importante y los comerciantes en no pocos casos formaban parte de la nobleza.

En la cultura del pueblo mexica, los valores máximos eran la verdad y la humanidad, se les educaba para obedecer a las personas mayores, y observar disciplina en todas sus actividades, se castigaba severamente la embriaguez y el robo.

El humanismo del pueblo mexica estaba basado en el paradigma del pensamiento filosófico de Quetzalcóatl, el Dios bueno. Concepto que se inicia con los teotihuacanos y los toltecas, como ciencia de apreciación y compromiso con lo existente. La doctrina de Quetzalcóatl, muy rica en lo espiritual, se dirige a superar todo lo referente a la materia para trascender, para iluminar el camino del pueblo con la luz que surge del corazón en movimiento, es decir de la vocación creadora del ser humano.

Para los mexicas, el matrimonio o la unión de una pareja era sumamente importante en su forma y en su contenido, puesto que abarcaba una serie de actos y compromisos entre la familia del hombre y la familia de la mujer. El matrimonio iba mucho más allá del anudamiento del maxtle o prenda masculina con el huipil o prenda femenina, ese era el anudamiento material, pero el matrimonio estaba basado en el principio abstracto dual, es decir Omecihuatl y Ometicutli, Señora y Señor de la dualidad, del origen de todas las cosas y el matrimonio era la forma de seguir propagando para que perdurara esa dualidad. Por ese principio dual, la familia en el pueblo mexica tenía un valor muy alto. (Continuará)

Parte del cuarto capítulo del libro «500 años. Ni perdón ni olvido», escrito por Cataro.

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