Abandonado y frágil norte de Veracruz

•Un diputado pide auxilio “por los graves incidentes relacionados con el narcotráfico”
•Carteles y cartelitos, dueños de aquella región geográfica
•Por ahí entran los malosos procedentes de Tamaulipas

El norte de Veracruz fue la puerta de entrada de los carteles y cartelitos a la tierra jarocha procedente de Tamaulipas, donde el peñismo tiene ya un Comisionado por la Paz.

Desde 450 antes de Cristo, el norte de Veracruz siempre ha permanecido abandonado del gobierno del estado, a tal grado que en cada campaña electoral para gobernador, el estribillo priista es el mismo: Llegó la hora del norte de Veracruz.

Y la hora continúa sin repiquetear.

Por aquí, los carteles se repliegan del norte del país a Tamaulipas y luego, perseguidos por la Gendarmería Peñista caminan hacia el sur de la nación, pero antes, mucho antes pasan a Veracruz y aquí se detienen.

Nada fácil sería escribir que en el paraíso jarocho, que tanto deslumbrara a Pepe Guízar, Agustín Lara y Chabela Vargas, los malosos han descubierto tierra fértil.

Por ejemplo, el primer tiradero de cadáveres fue en el puente que une a Tampico Alto, Veracruz, con Tampico, Tamaulipas.

Los primeros autobuses de pasajeros rafagueados en el país por los malosos fue en la carretera de Tempoal a Pánuco, con un montón de muertos, entre ellos, un bebé en brazos de su madre.

Según el Contralor Ricardo García Guzmán cuando era presidente municipal de Pánuco, el 15 por ciento de la población pudiente del norte había migrado a otras entidades federativas y a Estados Unidos, que resulta más fácil que refugiarse, digamos, en Xalapa y/o en el puerto jarocho.

Si algunos habitantes de Veracruz han conocido el peor infierno, el fin del mundo, el apocalipsis, la resurrección de los muertos, ha sido en el norte.

Y por eso mismo, el diputado local, Joaquín Guzmán Avilés, el cacique de Tantoyuca, panista, dueño con su familia del pueblo y de la región, ha convocado al duartismo y el peñismo, a fortalecer la seguridad “por los graves incidentes relacionados con el narcotráfico” dijo a los medios en un lenguaje, digamos, sutil y diplomático, en vez de llamar al pan pan y al vino vino.

“Hay gente extraña que llega al pueblo y que están metidos en la delincuencia” dice.

Pero, además, resulta raro, indicativo y significativo que mientras el diputado local advierta la realidad de la zona limítrofe de Veracruz con Tamaulipas, la Fuerza Civil, el Veracruz seguro, el Veracruz blindado, las policías estatales y municipales, ni en cuenta.

Según Guzmán Avilés, en los municipios de Pánuco, Naranjos, Ozuluama, Cerro Azul y Tantoyuca “los malosos se están asesinando entre ellos” y, al mismo tiempo, oh paradoja, ninguna autoridad lo percibe.

En todo caso, aplican el principio francés en la tarea de gobernar, que es dejar hacer y dejar pasar.

Más todavía, como diputado alerta sobre la ola de robos a instituciones bancarias que nadie detiene.

La ciudadanía, dice, necesita estar tranquila; pero, al mismo tiempo, la paz pública y la seguridad se han perdido.

UN POLÍTICO BRAGADO PIDE SEGURIDAD

Tal cual habla el cacique de Tantoyuca, un hombre y un político bragado y entrón, de seguro con escolta, que en su pueblo ha seducido a todos según la fama pública, desde políticos hasta los sacerdotes y las monjas, a partir, digamos, de tareas sociales.

No obstante, pone el índice en la llaga purulenta de la tranquilidad de la provincia que, bueno, quizá pudiera lograr un auxilio si hablara con su colega expanista, el diputado José Ramón Gutiérrez, presidente de la Comisión de Seguridad de la LXIII Legislatura, y quien un minuto después de tomar posesión se declarara “un diputado al servicio de mi secretario”, Arturo Bermúdez Zurita.

Acaso por ahí pudiera Guzmán Avilés cabildear un operativo especial para el norte de Veracruz, pues está visto que al resto de legisladores (49 en total) para nada interesa el destino social del norte de Veracruz, cuyos pobladores, como se sabe, se sienten más cerca de Tamaulipas y el Distrito Federal que de Xalapa.

Por: Luis Velázquez

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