¡Abran las puertas!

No se trata de hacerla de pitoniso, pero si Miguel Ángel Yunes Linares rechaza el reto que en el debate de este domingo le lanzó el candidato priista Héctor Yunes Landa para que el próximo jueves abran sus respectivas casas a un representativo grupo de ciudadanos para que atestigüen dónde y cómo viven ambos aspirantes a la gubernatura de Veracruz y si dichas propiedades –incluidas también las de sus hijos mayores– en verdad corresponden a los ingresos lícitos que durante 30 años han obtenido como legisladores locales, diputados federales y servidores públicos del estado y de la federación, al abanderado de la alianza PAN-PRD bien podría restarle algunos puntos más en las encuestas como ya lo resintió con la implicación de su hijo Omar en el escándalo periodístico “Panamá Papers”, primero, y luego con las presuntas adquisiciones de un edificio y un par de apartamentos en Nueva York que la semana anterior dieron a conocer la televisora norteamericana Univisión y el diario capitalino El Economista.

Y es que hoy más que nunca, la posesión inexplicable de ostentosas mansiones así como los excesos y abusos de los hombres de poder irritan sobremanera a la ciudadanía lastimada e indignada por la creciente pobreza. Ahí está, por ejemplo, el caso de la llamada “Colina del Perro”, el mayor escándalo en el sexenio de José López Portillo (1976-1982) y quizás el símbolo de la corrupción imperante en el antiguo régimen. En 1980, el entonces Presidente de la República adquirió a precio preferente más de 120 mil metros cuadrados de terreno llano –12 hectáreas, equivalentes a 17 campos de futbol profesional– en el todavía rural fraccionamiento Bosques de las Lomas para construir cuatro mansiones en la punta de un cerro, entre árboles y barrancas, donde planeaba vivir con sus hijos al dejar la Presidencia.

El escándalo detonó en agosto de 1982, cuando el diputado del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), Carlos Sánchez Cárdenas, pidió a López Portillo explicar al pueblo de México por qué se utilizaban miles de millones de pesos en la edificación de mansiones para él y su familia. El mandatario priista no dio una explicación concreta siendo Presidente. Si acaso, en su último Informe de Gobierno dijo haber actuado siempre de buena fe, con total honestidad intelectual, y aseguró salir con las manos limpias de sangre y de recursos mal habidos. “Será el pueblo, será la historia, los que evalúen el ejercicio de mi responsabilidad”, declaró el 1 de septiembre de 1982, día que lloró ante el Congreso de la Unión en medio de una crisis económica devastadora. “Soy responsable del timón, pero no de la tormenta”, justificó.

Doce días después, la edición 306 de la revista Proceso publicó el reportaje “Los detalles de la fortaleza”, al que siguieron distintas investigaciones periodísticas que abundaban en la edificación de las mansiones, calculando su valor hasta en 2 mil millones de pesos, contrapuestos con los 36 millones de pesos que habría ganado legalmente el Presidente en todo su sexenio.

Fue hasta seis años después cuando López Portillo dio una versión sobre la “Colina del Perro”, denominada así por la zona montañosa y por la promesa que había hecho el ex Presidente en Guadalajara de defender el peso “como un perro”, dos semanas antes de que se devaluara.

En su libro “Mis tiempos”, publicado en 1988, López Portillo declaró que Manuel Senderos, entonces principal accionista de Bosque de las Lomas, le vendió el terreno en 17 millones de viejos pesos. Y justificó el precio con una sola frase: “No quiso hacer negocio con la familia del Presidente”.

En el texto, el ex mandatario explicó que fue el entonces jefe de Departamento del Distrito Federal, Carlos Hank González, quien además de ser su amigo era su subordinado en su calidad de regente de la Ciudad, el que le prestó 200 millones de viejos pesos, más algunas “sumas complementarias”, para la construcción de las casas.

Presionado por el escándalo de la “Colina del Perro”, el presidente Miguel de la Madrid, sucesor de López Portillo, creó en 1983 la Contraloría General de la Federación –hoy Secretaría de la Función Pública– con el fin de investigar, procesar y sancionar acciones irregulares en el manejo de recursos en la administración pública.

La Contraloría procedió en algunos casos, como el del famoso Partenón, propiedad del ex jefe de la Policía capitalina, Arturo “El Negro” Durazo. Pero nunca realizó una investigación formal a la “Colina del Perro”. Tampoco procedió la denuncia que interpuso el abogado Ignacio Burgoa Orihuela contra López Portillo por peculado en contra de la Nación, ni la petición del PSUM para que el gobierno expropiara sus propiedades.

Hoy, con el PRI de regreso en el poder y a la luz de las revelaciones en torno a propiedades del primer círculo presidencial, la “Colina del Perro” ha sido usada como referente para comparar la “Casa Blanca” de la primera dama Angélica Rivera en Las Lomas; la propiedad del presidente Enrique Peña Nieto en Ixtapan de la Sal; la casa de fin de semana en Malinalco del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y las casas de Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la SEGOB, también en Las Lomas.

De ahí que Miguel Ángel Yunes siga evadiendo el reto que públicamente le hizo el candidato del PRI de abrir las puertas de su palacete en El Estero para confrontar si sus ingresos obtenidos durante 30 años en el servicio público son congruentes con su patrimonio familiar.

Legalmente el panista no está obligado a hacerlo pero moralmente sí por varias razones: porque aspira a gobernar un estado que ha sido saqueado; porque busca el voto y la confianza de un electorado harto de la corrupción y la impunidad; porque milita en el partido que viene impulsando el Sistema Nacional Anticorrupción, y porque es abanderado por una alianza opositora que –se supone– pretende cambiar radicalmente el estado de cosas en Veracruz, con una administración transparente y honesta, no opaca ni rapaz.

Así que sería muy conveniente para su causa que el candidato de la coalición PAN-PRD nos permitiera conocer a través de terceros su mansión de El Estero.

Músculo tricolor

Impresionante fue la concentración multitudinaria que el candidato de la coalición priista “Para mejorar Veracruz”, Héctor Yunes Landa, logró este lunes en el mero corazón azul de la cabecera municipal de Boca del Río.

El evento, encabezado por el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, sirvió para motivar al priismo veracruzano y desmentir las versiones que sus adversarios han esparcido asegurando que “después de revisar sus propias encuestas, el oficialismo parece haberse convencido de que la derrota en Veracruz es inevitable” y que “es cada vez más claro que la dirigencia priista ha bajado las manos en esa entidad para concentrarse en otras”.

Por eso fue muy simbólico que la concentración priista haya sido en la explanada del parque Bomberos del Dren B, de la colonia Venustiano Carranza del municipio boqueño, el mismo lugar donde 23 días atrás Miguel Ángel Yunes Linares, candidato de la alianza PAN-PRD y jefe del clan que gobierna Boca del Río, arrancó formalmente su campaña electoral.

Por: Raymundo Jiménez/ “Al pie de la letra”

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