Abuso sexual infantil

Por Ricardo Homs

Según la OCDE, prestigiado organismo internacional cuya sede está en París y que agrupa a los países más importantes del mundo, ha descubierto que nuestro país ocupa el vergonzoso primer lugar mundial en abuso sexual infantil con casi cinco millones y medio de casos por año.

Esto es un tema muy delicado que se acumula a un contexto de violencia que vive México. Sin embargo, refleja una gran perversión moral que se deriva de la pérdida de valores.

No sólo se ha recrudecido la violencia contra la mujer, con agresiones, abuso sexual y hasta feminicidios, a lo que debemos añadir desapariciones que pudiesen estar vinculadas con trata de personas, las cuales pudiésemos suponer tengan relación con un mercado de sexo, sino que la violencia infantil nos refleja que quien es capaz de agredir al segmento más vulnerable de la sociedad es porque ya perdió los límites morales.

Grave es que aún no se percibe en el gobierno federal un sentido de urgencia por resolver los graves problemas de la inseguridad, y esto se manifiesta ni más ni menos que en la asignación del presupuesto anual que propone el Poder Ejecutivo y autoriza el Legislativo.

¿Qué puede ser más urgente que brindar seguridad a la población?

Sin embargo, la violencia sexual infantil lastima la sensibilidad y se convierte en ese indicador de la salud emocional de una sociedad.

Pareciera ser, por una parte, que el obligado confinamiento derivado de las medidas sanitarias en contra del Covid-19 hubiera detonado la violencia intrafamiliar.

Este grave desajuste moral merece la atención inmediata tanto del gobierno como de la sociedad e incluso de las instituciones académicas donde se puedan generar acciones por parte de las escuelas de psicología, derecho, sociología y otras, pues estos agravios que marcan la personalidad del individuo de forma tan determinante, por su significado y simbolismo, se convierten en una cadena de agravios sin fin.

Muchos estudios psicosociales confirman que muchos de los agresores sexuales fueron víctimas durante su infancia de este tipo de agravios, que detonan en conductas complejas durante la edad adulta.

El impacto de los abusos sexuales se convierte en una sombra que acompaña a las víctimas durante toda su vida, generando problemas emocionales.

Esta terrible conducta cuando se da en el ámbito familiar no llega a castigarse, pues al descubrirse dentro de la familia cercana, por vergüenza, se evita dar parte a las autoridades, con lo cual se genera la impunidad que permite la repetición del acto.

Es muy importante que los familiares o vecinos que descubran violencia en contra de niños lo denuncien a las autoridades, principalmente del DIF municipal o estatal, donde hay profesionales que pueden dar atención correcta a la víctima y abogados que pueden iniciar la investigación judicial para comprobar que efectivamente exista el delito y no sea una simple confusión o suposición, pues tan grave es dejar impune el delito, como castigar a un inocente.

Sin embargo, también existen indicios de que el tráfico infantil es una actividad que ya se encuentra en el ámbito de la delincuencia organizada.

Un gobierno que no asume como prioridad garantizar la seguridad y protección de la ciudadanía y se distrae con otros temas termina distanciado de la sociedad y del electorado.

¿A usted qué le parece?

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