“¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“La solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”.

– Papa Juan Pablo II

Neta que no entiendo. Durante muchos años, más de los que uno hubiera deseado, la clase política dominó a este país mediante un principio fundamental de la democracia fallida: la gente es tonta, por eso no se le debe permitir tomar decisiones. Esa es la razón por la cual la democracia que practicamos en los últimos años es apenas una sombra de aquella en la que el poder en realidad emana de la voluntad de la gente. La democracia nuestra insistió en que somos tontos, en que somos menores de edad, subdesarrollados incapaces de tomar una decisión en favor del bien común. De ahí la necesidad de que otras personas, una minoría ilustrada, una elite de ideólogos y pensadores, lo hiciera por nosotros.

Pongamos por ejemplo lo que sucedió en 2014 con el asunto de los salarios mínimos. Verán ustedes, el Partido Acción Nacional propuso llevar a consulta popular el tema, al recabar casi dos millones de firmas para proponer que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos fijara un nuevo salario mínimo “que cubra todas las necesidades de una nueva familia para garantizar al menos la línea de bienestar determinada por el Coneval”. Pues bien, el tema de la consulta llegó a la más alta tribuna del país, y por vez primera en la historia de nuestra patria fue necesario que la Suprema Corte de Justicia de la Nación analizara el objeto de una consulta popular. ¿Te imaginas cuál fue su fallo? Exacto, dijeron que no, la determinaron “infraconstitucional” y argumentaron que se haría un desorden puesto que “el elemento salario mínimo es tomado como referencia de muchos conceptos”, etcétera.

De los once ministros, cuatro estuvieron a favor de la consulta, los otros siete dijeron que no, pues cómo. Comprometería los ingresos de la nación, dijeron. Se desataría la inflación, dijeron. Los magistrados sabían que los mexicanos diríamos que sí a la pregunta de un aumento al salario mínimo, pero consideraron que al hacerlo cometeríamos un grave error, porque nuestra ignorancia, nuestra tontería podría ocasionarle un desastre a las finanzas del país. Somos como buenos salvajes a los que hay que proteger de sus malas decisiones. Es curioso que entre los magistrados que se pronunciaron en contra estuvo Olga Sánchez Cordero, quienes hoy Secretaria de Gobernación y anda como la Muñeca Fea, llorando por los rincones en favor de los pobres, no como antes, que le eran por lo menos indiferentes.

Los ideólogos del sistema, los que fueron a las más prestigiadas universidades, afirman que aumentar el salario mínimo sería el principio de una crisis inflacionaria. En pocas palabras diremos que la inflación es un fenómeno económico que ocurre por el desequilibrio entre la producción y la demanda, que se caracteriza por un aumento continuo de los precios de los productos y servicios y por la pérdida del valor del dinero para adquirirlos. Ya lo vivimos: los precios suben y suben y suben, y el dinero alcanza cada vez para menos. Y es verdad, y uno no alcanza a comprender cómo es que la riqueza en los bolsillos de los trabajadores causa inflación y en los de los patrones no. Pero claro, eso se debe a que uno es lego en temas de alta economía.

Eso es lo que pasaría si la gente cometiera el error de decir que sí desea un aumento al salario mínimo en una consulta. Eso no se lo pudo permitir la minoría pensante, los que verdaderamente ejercieron el poder en este país, porque el poder en pocas ocasiones emanó del pueblo. No por las tonterías de la gente van a ocasionar una escalada de precios como la que ya vivimos, al grado de que fue necesario suprimirle ceros a la moneda. No, gente, ustedes no saben lo que les conviene. Nosotros sí. Por eso los magistrados le dieron una patada en el trasero a quienes deseaba implementar la consulta. Es la misma razón por la cual la consulta sobre la reforma de Pemex tampoco se llevó a cabo. ¿No ven que somos brutos y podemos decidir una tontería contraria a los intereses del país?

Pues bien, el tema de los salarios mínimos quedó zanjado a partir del primero de enero de este año, cuando el presidente López Obrador consiguió un acuerdo nacional para aumentarlo en un 20 por ciento. ¿Se derrumbaron las finanzas nacionales? No. ¿Se pronunció en contra Olga Sánchez Cordero? Tampoco. Pero el punto a donde deseaba llegar es que por primera vez un presidente decide otorgar el poder a la gente. Así como lo leen. A cada rato anda organizando consultas (chuecas o derechas, este no es el tema) en el que el pueblo bueno, la gente sabia, los mexicanos con conciencia de grupo, solidarios, amorosos, enfrentan diversos cuestionamientos del gobierno y se manifiestan. ¿Y qué creen? Los mayores miedos de los antes dueños del país se cumplieron, la gente les devolvió la patada en el trasero, para empezar con la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco.

Pero el tema de la enfermedad sacudió al pueblo bueno y sabio. Desde el principio de la comunicación del gobierno respecto de la pandemia del nuevo coronavirus SarsCov2 se hizo hincapié en que las medidas de mitigación serían comunitarias. Es decir, estaba dirigidas a la sociedad en su conjunto, no a los individuos. Esto significa que no habría medidas coercitivas, ni policía arreando a la gente y mucho menos toque de queda o arrestos. Todo quedaba en manos del pueblo bueno y sabio cuya sabiduría ancestral es causa de admiración, envidia y asombro por todo el mundo. Sin embargo, el pueblo bueno tomó las medidas de mitigación comunitaria como una invitación, nunca una obligación, y agarró de chacoteo las repetidas solicitudes del gobierno de quedarse guardados y no andar de chivas locas.

El presidente López Obrador tuvo parte de la responsabilidad porque también se la tomó muy a la ligera, y se puso a decir que sí, que había que seguir abrazándose y yendo a las fondas, y que él nos iba a decir cuándo guardarnos. Luego salió con sus vaciladas de las estampitas religiosas y el trébol de cinco hojas, y pues el asunto se descontroló. Pese a los constantes llamados a disminuir la movilidad el pueblo bueno se sigue moviendo, y eso que estamos en la etapa más agresiva de la epidemia. Ni para decir que no lo sabemos. Lo vemos en el ámbito nacional y lo repetimos aquí, en mi pueblo, Tuxpan, Veracruz, donde parece que no estamos dispuestos a ningún acuerdo y mucho menos a obedecer las sugerencias de la autoridad. Si a esto le sumamos que hay decenas de adeptos de las teorías conspiratorias tenemos completa la postal.

Pese a los repetidos llamados de la autoridad a quedarnos quietos, por los medios de comunicación y por perifoneo, seguimos en movimiento. Las calles estaban atestadas de gente. Cerraron el Parque reforma y allí había gente que se brincó las barreras. Este domingo, 10 de mayo, la autoridad cerró el primer cuadro de la ciudad y la gente como quiera se metió, con todo y vehículos. Ya sé, me dirán de la necesidad de trabajar, de llevar el pan a la mesa, y no lo discuto, pero era domingo, y pocas personas trabajan en domingo. Además, defendemos el derecho de las personas a salir a sus trabajos, no les queda de otra, pero hay movimiento innecesario de gente, y todos sabemos de quiénes. Y además de que se mueven lo hacen sin mantener siquiera la mínima distancia unos de otros. Hasta este día tenemos en Tuxpan 14 casos confirmados y 10 sospechosos. Si consideramos las cifras del Modelo de Vigilancia Centinela, asumiremos que hay por lo menos nueve veces más casos, y que el aumento súbito de uno, luego a cinco, y luego a catorce nos indica con claridad que viene lo peor.

En Tamiahua la gente que de manera cobarde y misógina ataca a la alcaldesa Citlali Medellín festinó el primer muerto, y lo paseó por el ruedo de las redes sociales como un triunfo político. Agoreros de la desgracia, se solazaron en afirmar que las medidas radicales que estableció para su municipio habían fallado, y lo peor es que lo celebraron, como si esperasen ese primer difunto para celebrarlo y regodearse en la desgracia. Hasta este día, 10 de mayo, hay en Tamiahua 2 casos positivos y 2 defunciones, y la alcaldesa ya explicó de dónde provenían los enfermos y las circunstancias en que llegaron a los servicios de salud. Yo estoy convencido de que las medidas de la presidenta municipal de Tamiahua fueron las correctas, pese a la presión del gobierno del estado y sus corifeos que se llenaron la boca con el tema de los derechos constitucionales, como si le fueran de algún beneficio a los muertos.

Igual en Tuxpan, si el alcalde no hubiera implementado medidas de restricción a la movilidad el número de contagios sería más grande. Sepan ustedes que el problema no es que la gente temeraria se enferme, sino que no hay hospitales equipados para atenderlos. Por ejemplo, el hospital civil “Emilio Alcázar” dispone nada más de dos equipos de respiración mecánica asistida, y le da servicio a trece municipios. Y por el pésimo manejo de la crisis y la falta de liderazgo tenemos ya a Veracruz en las primeras posiciones de casos y defunciones, y sus cifras crecen con inusitada rapidez, al grado de que el gobernador Cuitláhuac García Jiménez y el secretario de salud, el ensombrerado Ramos Alor, recularon en sus exigencias de libertad de tránsito y recomendaron que algunos municipios mejor cerraran y restringieran la circulación de personas y vehículos, precisamente ahora que la cantidad de casos activos y de defunciones los rebasa y aterra, ahora sí.

Como dijimos, es imposible detener la epidemia. Ni las ciudades amuralladas de la Edad Media pudieron hacerlo. Pero sí es posible distribuir la cantidad de contagios y enfermos a largo del tiempo, para dar oportunidad de que los sistemas de salud vayan sacando a unos para ingresar a otros. Por desgracia vemos ya casos de gente que ha peregrinado de un nosocomio a otro en busca de atención, y sabemos ya de casos de gente que muere en las calles, por ejemplo en Ciudad de México. La manera de distribuir la cantidad de contagios y enfermos a largo del tiempo es con las medidas de mitigación que ya conocemos. La más importante es la reducción de la movilidad, que es donde más ha fallado el pueblo bueno, el pueblo sabio, el pueblo solidario de los discursos del presidente. Porque una buena parte de ese pueblo bueno, sabio y solidario anda en la calle sin necesidad, organiza fiestas y eventos deportivos y socializa como si nada estuviese paseando, y con esta actitud lo único que hace es darle la razón a los tecnócratas del PRIAN, del odiado PRIAN, quienes pensaron siempre que el pueblo es tonto, que el pueblo toma malas decisiones, que el pueblo no sabe lo que debe de hacer y por eso hay que obligarlo como al buen salvaje de los cuentos de Disney, a ese que hay que rescatar porque es muy bruto y no tiene conciencia de grupo ni sabe de solidaridad ni de un carajo.

Por último, les dejo un pequeño relato: “Después de eso, Caín le dijo a su hermano Abel: “Vamos al campo”. Mientras estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató. Más tarde, Jehová le preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. Él le contestó: “No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.” (Génesis 4:8,9).

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