Al gobernador Yunes se le agota la embriaguez del poder

Por: José Lima Cobos

El transitorio paso del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares por la gubernatura de este señero estado se agota. Los días se pueden ir contando ya, pues los que pensamos que gobernaría con ciudadanos de primera nos equivocamos de medio a medio, cuando vemos que premió la mediocridad, claro, salvo, su operador financiero de por vida, Manuel Muñoz Ganem, que vive en el anonimato pero que conoce la riqueza de su jefe y compadre. De ahí, todos los demás colaboradores son los mismos que su hijo tenía en Boca del Río, a quien por cierto, pretende heredar el gobierno, por aquello que estamos a un paso de una monarquía.

Es cierto que con su llegada a la gubernatura se acarició la esperanza que habría un nuevo amanecer; que la experiencia y la honradez de que se presumió se pondría en práctica; sin embargo, en el corto tiempo llegó la desilusión, pues la embriaguez del que llega al poder obnubiló todo. Nada se dejó para otro tiempo sino que asumió de manera autoritaria las funciones que son propias de un gobierno de derecho y democrático, como el respeto a la división de poderes, lo que constituyó la engañifa más perversa, pues la opacidad, el engaño y la simulación alcanzó grado de naturalización, igual o peor que cuando el “pinche poder” lo tuvieron Fidel Herrera o Duarte.

Con el arribo de manera democrática de Miguel Ángel –hay que reconocer ese mérito– nada existió para que se cimbrara México como fue la bandera de lucha, a no ser que Duarte pidió licencia y la Procuraduría General de la República le diera curso a las denuncias que la Auditoría Superior de la Federación había presentado desde hacía mucho tiempo atrás al no justificarse la aplicación de las participaciones federales que, en connivencia con los secretarios de Hacienda Videgaray y Meade (éste, candidato a la presidencia), habían fluido sin contratiempo, es decir en manifiesta y elocuente complicidad y corrupción.

La justicia selectiva que aplica el sistema no se dejó esperar, pues al caer Duarte del ánimo del presidente Peña Nieto un juez de control dictó una orden de captura y se ofreció recompensa para ese propósito, violándose, de manera clara y contundente los principios constitucionales, de convencionalidad y de legalidad, como es la presunción de inocencia y un debido proceso, y después, hacerlo aparecer con una venda a los ojos –para ocultar su identidad– cuando el daño se había consumado, por eso, los pocos días que faltan para el cambio de gobierno es la temeraria cuenta regresiva y al final de la jornada, la desilusión, aunque vemos que el gobernador ya topó tierra, pues se ve más mesura, parsimonia y desencanto.

Sin embargo, ningún curso se le han dado a las denuncias que existen contra el gobernante veracruzano; la primera presentada por el ex dirigente panista Espino, otra por Javier Duarte y una más, por el dirigente del Sindicato Nacional de trabajadores de la Educación (SNTE), amén de que la ASF señaló deficiencias en el desempeño como encargado del Issste, lo que lleva a sospechar que servirá de acicate para, en cualquier momento desempolvarla y –a toro pasado– cometer una injusticia más, por aquello que las reses de hoy serán los carniceros de mañana.

Al no existir pulcritud en el manejo de la persecución de los delitos en nuestro país, que es considerado el más corrupto del mundo y ha sido condenado por la Corte Interamericana de los Derechos Humanos por la violación sistemática a las garantías fundamentales, lo prudente es que la PGR determine, por seguridad jurídica de la familia Yunes, si hay elementos, medios de prueba o pruebas, para imputarle alguna responsabilidad en esas denuncias. De lo contrario, que se le libere de toda responsabilidad y proscribir esa indefinición.

Ello debe ser así, pues vemos ahora que, con la mayor velocidad del mundo, la PGR ha abierto una carpeta de investigación contra el candidato a la presidencia de la república del frente que han formado los partidos PAN-PRD-MC, Ricardo Anaya, ante la rebeldía que ha asumido en contra del presidente Peña, para bajarlo de la contienda electoral y nada se hace de las denuncias que existen en Sedesol y la Secretaría de la Reforma Agraria en contra de Meade y Rosario Robles. En síntesis, estamos viviendo una etapa crítica en la vida política a resultas de las complicidades y corruptelas, de suyo abominables.

Yunes Linares merece, en aras de su seguridad jurídica y de su familia, que se sepa la verdad de su enriquecimiento –lícito o ilícito– tráfico de influencias o lavado de dinero, en fin, que la se haga justicia y que desaparezca la venganza.

limacobos@hotmail.com / Twitter :@limacobos1

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