Amor a la mentira o miedo a la verdad

Tras siglos de existencia

Es considerada como parte esencial de la retórica del poder desde tiempos inmemoriales, ahora ha llegado su fin gracias a la naciente democracia en las redes sociales

Por Ángel Álvaro Peña

El discurso político se ha desgastado a lo largo de los siglos, de tal manera que pareciera formar parte de las declaraciones de políticos y se convierte en una tradición. Se sabe, por ejemplo, que las promesas de campaña nunca coinciden con los hechos en el gobierno del candidato vencedor y esta diferencia es adoptada por los ciudadanos como algo normal.

Colin Powell, exsecretario de Defensa de Estados Unidos, informó que votará por el demócrata Joe Biden, al acusar a Donald Trump de alejarse de la Constitución estadunidense. Además, lo calificó como un peligro para la democracia cuyas mentiras e insultos han afectado la imagen de Estados Unidos ante el mundo.

La mentira en la política ha provocado importantes estudios desde hace siglos. Jonathan Swift, escritor irlandés, quien se hiciera famoso por su novela “Los viajes de Gulliver”, cuenta entre sus textos más importantes uno que llama la atención titulado “El arte de la mentira política”, escrito en 1710, donde señala entre otras cosas que “es el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables para un buen fin”.

Es decir, hace 310 años la mentira en la política, de los políticos, empezaba a ser algo normal. Casi una obligación de los discursos.

Pero en las sociedades contemporáneas los políticos no son los únicos que mienten. La mentira es no sólo velar por los intereses propios sino un terror a la verdad, porque en países como México los que tienen voz deben esconder mucho.

El problema con los medios no es que estén en contra de la actual administración pública, sino que mientan. Todo mundo tiene derecho a disentir, y la oposición es parte de la democracia. Mientras más fuerte sea la oposición en un país más sólida es la democracia, pero en México encontramos que los partidos de oposición quieren fortalecerse con la crítica a los demás y descuidan su propia estrategia ideológica.

También se miente para desgastar al contrincante, que, desde el momento en que se usa la mentira se convierte en enemigo, porque al contrincante político se le respeta dentro de las democracias y al enemigo se le extermina, aunque sea con una mentira.

Bien decía el secretario de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad y en muchos casos funcionan todavía, a pesar de que el nazismo murió hace poco más de 80 años, por lo menos oficialmente.

La mentira política se extendió a gremios que debían ser serios y responsables con el contenido de su lenguaje como los medios de información, y en México, dentro de ellos hay una serie de críticos a la actual administración que mienten para desgastar.

Tampoco podemos afirmar que el actual gobierno guarde congruencia entre las promesas de campaña y los hechos de gobierno; sin embargo, la inconformidad no ataca por donde debe al gobierno, lo cual es legítimo; sino que prepara una serie de mentiras, que organiza entre diferentes trincheras aparentemente informativas, a través de soldados que en su momento fueron líderes de opinión y ahora han perdido toda credibilidad a causa de sus excesos en mentiras contadas.

Hay otra parte de la población a la que le conviene creer las mentiras, tanto del lado del gobierno como de la oposición; así hay fe, pero no credibilidad, haciendo de la práctica política una actividad que sólo debe calificarse a través de los hechos y no de las palabras ni de la promesa.

Habrá que desarticular toda la maquinaria que considera que la mentira es inseparable del discurso político y reconocer que no puede haber más realidad que la que los ojos de los ciudadanos pueden observar. En México, tantos años de engaño han enseñado a la población a tener un sentido común más desarrollado, más lógico, que advierte las mentiras de inmediato y en muchos casos les cuesta la derrota electoral a quienes las pronunciaron.

La mentira no puede ser compañera de nadie en un mundo civilizado que considere que su tarea es noble, y la política es servicio y debe conservarse esta mínima delicadeza en cada uno de los actos y discursos del gobierno, de la oposición y de los medios.

De no ser así, están en acción las redes sociales con una actividad cada día más intensa, y que develan la realidad. Se trata de una dinámica informativa poco constante y a veces tendenciosa, pero es sólo el inicio de la muerte de la mentira política en México y en el mundo.

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