Antes y después de Carmen Aristegui

Por: Luis Velázquez

En la percepción ciudadana queda un solo hecho: Carmen Aristegui fue despedida de MVS por el reportaje sobre la Casa Blanca de Angélica Rivera, La gaviota, y la Casa Blanca de Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público.

Así, incluso, lo han testimoniado con cartulinas algunos de los miles de manifestantes en solidaridad con la reportera más famosa y prestigiada de la nación, a quienes llaman la versión femenina de don Julio Scherer García, de quien Carlos Fuentes, el escritor, decía era el Francisco Zarco del siglo XX.

Y, bueno, a partir del hecho, la presumible alianza de Los Pinos con MVS, los gobernadores y hasta presidentes municipales tendrán antecedentes fuertes y poderosos para operar tal cual en sus entidades geográficas.

Lo dice Julio Hernández, de la columna Astillero de La Jornada:

“El sometimiento de los medios de comunicación a través del garrote o la zanahoria en el terreno publicitario, la intencional tardanza prolongada en los procesos de cobro o la tramitación expedita de esos pagos e incluso la declaratoria de enemigos del régimen con determinada publicación, como asegura Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso, que le fue mencionada en noviembre de 2012 por Aurelio Nuño, ahora jefe de la oficina principal de Los Pinos”.

Pero, además, habría de añadir a tales hechos y circunstancias otros más, ocurridos, por ejemplo, en el Veracruz de Javier Duarte:

Uno. La vulnerabilidad del gremio reporteril con los malandros, cuyo resultado son 11 trabajadores de la información secuestrados y asesinados.

Dos. El secuestro de tres reporteros policiacos más.

Tres. El exilio de tres reporteros en Estados Unidos.

Cuatro. La reubicación de reporteros incómodos en sus fuentes de información.

Cinco. El bloqueo a los columnistas incómodos para publicar en algún medio que de pronto ofreciera, digamos, un espacio.

Seis. El atraso en el pago de la iguala mensual al medio que de pronto publique alguna nota indeseable.

Siete. La advertencia que la iguala mensual incluye el blindaje periodístico al gobernador; pero también a todos y cada uno de los secretarios del gabinete legal y ampliado porque fueron nombrados por el gobernador y, por tanto, “significa que te estás metiendo con Javier Duarte”, como advirtió en su momento María Georgina Domínguez, la primera directora de Comunicación Social del llamado sexenio próspero.

Pero, bueno, ahora con el golpe de Estado a Carmen Aristegui, los gobernadores y alcaldes ampliarían el llamado Estado de Derecho para afianzarse como virreyes en sus pueblos y operar como Pedro Páramo en su hacienda porfirista según lo describiera Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo.

REPORTEROS CONFLICTIVOS Y ADVERSOS

Julio Hernández observa que “al uso faccioso de los recursos públicos de publicidad gubernamental… se añade el alineado retraimiento extremo en anuncios particulares cuando el gobernante en turno clasifica a determinado medio o periodista como conflictivo o abiertamente adverso”.

Y tal cual ha sucedido en el Veracruz de Duarte, desde Gina Domínguez hasta Alberto Silva Ramos, y aún está por verse con Juan Manuel Pavón, el tercer vocero que vive encerrado en su búnker y nadie podría descartar el sello de casa.

Incluso, ya de por sí, de hecho y derecho, ocurre.

Por ejemplo, hay columnistas incómodos a quienes desde el palacio de gobierno les han lanzado el fuego amigo y enemigo de sus colegas, de tal manera que en vez de ocuparse del mensaje rafaguean al mensajero para su descrédito.

Es más, se ha llegado a casos donde unos priistas de la elite prohíben a otros, sus colegas y compañeros del gabinete, la amistad con el reportero incómodo, argumentando que anda mal con el jefe máximo, y de pronto, zas, la puerta de la amistad de años se ha cerrado.

Se entiende: por encima de todo está su chamba, que significa el itacate para la familia y ni hablar.

No obstante, tampoco puede eludirse la realidad avasallante en la provincia, que es donde más se redoblan tales vientos huracanados.

Si ya de por sí se daban, ahora con el manotazo en contra de Aristegui por hacer periodismo de investigación; pero más aún, un periodismo de calidad, la pesadilla y el infierno contra el gremio reporteril habrá de recrudecerse en cada entidad federativa.

ENFURECEN LAS PALABRAS A LOS PRIISTAS

Resulta paradójico que a la elite priista de Veracruz les enfurezca más, mucho más, la palabra escrita que las balas que han secuestrado y ejecutado a cientos de ciudadanos.

Y más porque el trabajo reporteril consiste en narrar los hechos como ocurrieron, de forma puntual.

Incluso, en vez de que la historia de cada día contada por el reportero sirva como elemento informativo al gobernante, quizá, acaso, como punto de partida para documentarse sobre la realidad que le ocultan, la cúpula priista ha reaccionado con furia, aplicando la cláusula de exclusión en primera instancia, pero dispuestos a llegar al aislamiento total y absoluto.

Y más porque, en contraparte, los políticos sólo aceptan al gremio reporteril que les halaga y tira incienso a su paso.

Nada, por ejemplo, ha irritado tanto al presidente de la república en dos años con tres meses y medio como el reportaje de Carmen Aristegui y sus colaboradores sobre la Casita Blanca de La gaviota.

Y lo mismo ha acontecido en Veracruz, por ejemplo, cuando el caso de los tuiteros terroristas y cuando el territorio jarocho fue declarado el peor rincón del mundo para el trabajo periodístico.

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