Apatía y cinismo de veracruzanos paraliza las transformaciones para el bien común

¿Se ha preguntado alguna vez por qué en Veracruz ‘no pasa nada’ con todo el contexto nocivo que converge a nuestro alrededor? La respuesta es simple: somos pésimos ciudadanos, posiblemente los peores del país; un estudio realizado por investigadores de prestigiadas academias evidencia que la entidad es la peor en muchos rubros que son la causa y aliciente para impedir que seamos una sociedad más eficiente y unida para exigir más a las autoridades y resolver problemas.

El Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México revela que los veracruzanos somos los que más desconfiamos unos de otros y representamos a la población más aislada y desconectada del país; además encabezamos el grupo de entidades con menor población involucrada en formas de participación política no electoral; destaca que el estado queda muy malparado en valores democráticos.

La investigación fue realizada por el Instituto Nacional Electoral (INE, entonces IFE) que contrató a expertos del Colegio de México (Colmex), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-México), el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) México y Golfo y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Según explicó María Fernanda Somuano, investigadora del Colmex en una cápsula para la academia, el estudio fue desarrollado en dos años y medio y es de los pocos que tienen una muestra tan grande (11 mil casos).

Indicó que el informe es parte de lo que el INE tenía como estrategia nacional del desarrollo de la cultura cívica democrática, y pidió hacer un diagnóstico profundo, tratando de detectar cuáles eran los obstáculos que el mexicano común tiene para ejercer sus derechos con el fin de establecer políticas que fortalecieran dichas garantías individuales.

Graves, resultados en Veracruz

En una valoración de la entidad las conclusiones del estudio son graves, no sólo porque destapan la clase de ciudadanos que somos, sino porque desnudan la apatía y cinismo que domina al grueso de los veracruzanos, lo que paraliza las transformaciones urgentes para el bien común.

Del resultado general para México: “ciudadanía desconectada, desconfiada y poco participativa”, para los habitantes de Veracruz se recrudece la situación.

El sondeo utilizado para la interpretación tiene representación nacional pero de las cinco regiones clasificadas del informe está entre los sobrerrepresentados y pertenece a la región sur, junto con Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Los municipios sobrerrepresentados fueron Tantoyuca, Veracruz y Zongolica y se tomó en cuenta que la entidad tiene un promedio de participación electoral, de1994 a 2012, del 58.03 por ciento.

Quizá el dato más grave para Veracruz es que, si bien la mayor parte del país no confía en el prójimo (72 por ciento), los veracruzanos somos los más desconfiados, con el menor porcentaje de confianza interpersonal a nivel nacional (menos del 15 por ciento de la población).

La suspicacia del 85 por ciento queda hundida pues es 50 por ciento de la confianza de la media nacional (apenas 30 por ciento), esto es: los veracruzanos desconfían “el doble” que la mayoría de los mexicanos.

Allí puede radicar el principal obstáculo para ser incluido dentro del capital social, “este es considerado como un lubricante que logra una sociedad más eficiente, ya que las personas se organizan en grupos para demandar más de sus gobernantes y resolver problemas comunes”.

Además “en el caso de los veracruzanos, éstos también suelen estar entre los habitantes de los tres estados que reportan menor confianza en todas las instituciones políticas (excepto en el Ejército)”.

El Informe País expone que el resultado puede responder a que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Veracruz y Oaxaca son los dos casos con menor nivel en el índice de desarrollo humano (IDH) calculado.

A la vez, la investigación revela que de las instituciones políticas evaluadas (INE, diputados, policía, jueces, partidos políticos, Ejército, gobierno municipal, estatal y federal) Veracruz es la entidad que menos confía en sus legisladores y en los partidos.

Dentro de la zona sur (región que incluye a Veracruz) la ciudadanía confía más en las iglesias que en el Ejército (56 contra 55 por ciento).

Por su lado, las organizaciones no gubernamentales (ONG) gozan de un nivel de confianza institucional de 21 por ciento en la región sur, que empata con centro-occidente (Aguascalientes, Colima, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas). “Resulta irónico que las propias organizaciones encargadas de generar el capital social no sean en las que más se confíe”, indica.

De Tantoyuca, municipio sobrerrepresentado, sobresale que de las redes organizacionales de las que es parte la población, trabajan de manera aislada y no colaborativa, “varias redes de asociaciones municipales muestran una estructura de subgrupos desconectados los unos de los otros”.

Porcentajes similares (del 25 a 14) representan la confianza en el INE los tres niveles de gobierno, organizaciones vecinales, medios de comunicación, policías, empresarios, sindicatos y jueces.

En algunos tipos de participación política como el firmado de peticiones o documentos en señal de protesta, acudir a manifestaciones o protestas públicas, y asistido a reuniones de cabildo municipal o delegacional, en conjunto se percibe que la región sur muestra más participación que la del norte, esto responde a factores como la violencia.

Sin embargo, Veracruz, Sonora, Tabasco y el Estado de México son las entidades con menor grado de participación en todas las actividades contenidas en la encuesta (excepción la asistencia a reuniones de cabildo en el Estado de México).

Pese a que la población en Veracruz es miembro en promedio en casi dos asociaciones, por encima de la media nacional, la entidad veracruzana es la que menos aporta o colabora a las organizaciones sociales.

En las acciones altruistas el estado coincide con toda la República en preferir donar dinero a la Cruz Roja o ayudar a un desconocido (en la calle por ejemplo) que aportar en beneficio comunitario.

No obstante, en Veracruz sus ciudadanos suelen participar mucho más que los otros estados en actividades de beneficio local. Lo anterior, estiman, podría deberse al número de grupos indígenas. En cambio, los habitantes de Sonora y el Distrito Federal (DF) tienden a dar más dinero que otros estados, lo que puede responder al mayor nivel de desarrollo humano que hay en estas entidades.

La mayoría de los veracruzanos encuestados está en desacuerdo con los bloqueos (más del 50 por ciento), casi 30 por ciento está de acuerdo y otra buena parte les es indiferente (menos del 20 por ciento).

De manera general se indica: “Conforme aumenta el nivel socioeconómico y educativo hay expectativas más elevadas sobre el desempeño del gobierno y la gente está más dispuesta a involucrarse en acciones de desobediencia civil”.

En cuanto a la aceptación del sistema político democrático, a pesar de que un poco más de la mayoría de la población prefiere la democracia a otro sistema de gobierno en Veracruz a uno autoritario o de cualquier otro tipo (casi 60 por ciento), la desilusión a su efectividad prevalece en la mayoría de las entidades.

“Diversos autores han encontrado que aquellos votantes que vivían en estados gobernados por partidos distintos del PRI (Partido Revolucionario Institucional) en 2000 expresaban mayor apoyo y satisfacción hacia la democracia que quienes vivían en estados donde no se había experimentado la alternancia electoral”, cita.

Sin embargo, hay extremos opuestos a estados en donde el gobernador siempre ha pertenecido al tricolor (caso Veracruz) “por lo tanto, tener experiencia con gobiernos emanados de distintos partidos políticos no es el único factor que explica el apoyo a la democracia”.

Entre los ciudadanos sigue prevaleciendo una visión que la democracia puede ser interpretada como electoral o elitista, más allá de percibirla como un sistema que establece las mismas reglas para todos o uno conducente a la colaboración para resolver problemas comunes.

“Una expectativa razonable es que al tener más experiencia con la democracia, la ciudadanía sabrá qué esperar de ella, ajustará sus perspectivas pero también sabrá aprovecharla para exigir mayor rendición de cuentas a sus gobernantes y que se garantice la igualdad de facto ante la ley”, señala.

Se explica que la desconfianza institucional “puede también provocar un cierto cinismo ciudadano hacia el sistema político hasta derivar en la apatía”; se infiere que algunas personas estarían de acuerdo en sacrificar algunos derechos (cambiar a un sistema autoritario) por un mejor nivel socioeconómico.

Lo paradójico para los veracruzanos es que, a pesar de preferir un sistema democrático, mantenemos comportamientos contrarios a los paradigmas democráticos.

Sobre intolerancia, Veracruz concuerda con Oaxaca al indicar que, si bien hay más diversidad religiosa (componente clave) que en otros estados como Guanajuato y Aguascalientes, los encuestados tampoco mostraron una tendencia a aceptar la expresión de puntos de vista contrarios a los suyos en televisión.

“Cuatro de cada 10 mexicanos expresaron su desacuerdo con puntos de vista diferentes del suyo, y en Aguascalientes, Guanajuato y Veracruz la cifra llega a 50 por ciento”.

En cuanto a redes personales y organizacionales Veracruz, con 85.6 por ciento, lidera la lista de estados muy por encima de la media nacional de ciudadanos más aislados, ubicada en 66.2 por ciento.

Las observaciones estatales extraídas por La Jornada Veracruz de la investigación expuesta son in memoriam al fotoreportero Rubén Espinosa, como un llamado a que la sociedad en general se involucre, deje de ser displicente y reclame justicia y alto definitivo a crímenes atroces semejantes al que fue perpetrado en su contra y al de miles de personas en el anonimato.

El contexto en que fue arrebatada la vida del joven Espinosa representa un punto de quiebre para los comunicadores: hay un impasse. Ya no se sabe qué hacer o a quién acudir; es menester por tanto invitar a los veracruzanos y al país a participar en la fórmula del “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, según Abraham Lincoln, porque sólo recurrir a nosotros mismos cambiará el rumbo del estado y de México.

Conclusiones alarmantes, generalizadas en México

La presentación e interpretación del estudio tiene la siguiente síntesis dada a conocer en 2014: más del 54 por ciento de los ciudadanos considera que acudir al Ministerio Público para resolver un problema no le sirvió de nada; 68 por ciento de la población mayor de edad considera que “vivir en su ciudad es inseguro”.

42 por ciento no confía en las autoridades; 50 por ciento de las personas que participaron en alguna actividad política no electoral mencionó que ésta no tuvo el resultado deseado; 49 por ciento de los mexicanos cree que los políticos no se preocupan por gente como ellos; 62 por ciento confía en el Ejército; 17 por ciento en los diputados; más de 70 por ciento dice que no se puede confiar en la mayoría de las personas.

66 por ciento señaló que las leyes en el país se cumplen poco o nada y sólo cuatro por ciento considera que se respetan; el nivel de confianza en los partidos políticos sólo alcanza el 19 por ciento; el nivel de confianza en los diputados federales es de 17 por ciento.

40 por ciento no cree que la policía haga de su comunidad un lugar más seguro; 4.4 por ciento de los encuestados confía en la policía; más de 60 por ciento de los delitos no se denuncian; 32 por ciento confía en los medios de comunicación; el 53 por ciento confía en la democracia, pero el resto no está convencido de ella.

La investigación señala que “en esencia, la paradoja es que las democracias liberales son internamente incluyentes pero también externamente excluyentes”.

Esto se explica ya que las democracias liberales están basadas en el lenguaje universal de los derechos humanos fundamentales, la libre asociación y participación, al mismo tiempo la ciudadanía define claramente quiénes son los sujetos de las prerrogativas otorgadas dentro de ciertos límites -territoriales y de membresía política-, además en la que los actores sociales tienen un sentimiento de identificación o pertenencia con aquellos que comparten su comunidad política, pero en México la mayoría se siente desvinculado.

La República Mexicana obtuvo los niveles más bajos de membresía en organizaciones sociales de los cinco países estudiados, y las organizaciones más comunes fueron sindicatos, cámaras de comercio y asociaciones profesionales, los tres dominados por el PRI.

En entrevista con Pesos y Contrapesos, Rosario Aguilar Pariente, investigadora que colaboró con el estudio, destacó que “tras el largo periodo de autoritarismo en México, 71 años, se buscaba tener una ciudadanía pasiva y parte que ello se sigue arrastrando.

“Cuando ha aumentado más la confianza ciudadana ha sido en momentos en que la autoridad no aparece o no funciona, recordamos el sismo del 85, fue cuando las juntas de barrio se crearon, la organización civil en el DF despertó y empezó a reemplazar al Estado que no estaba respondiendo”, expresó.

Por su parte, la investigadora del Colmex María Fernanda Somuano reconoció a pregunta expresa que no es que los mexicanos carezcamos de un ánimo altruista o filantrópico, sino que la desconfianza en las instituciones, incluso las civiles, prevalece.

(Con información de La Jornada Veracruz)

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