Apatzingán: las manos llenas de sangre

“Mátenlos como perros”, dice un federal. “Mátenlos, mátenlos”, grita otro. Los colocan de rodillas y les disparan. Yacen en el piso, heridos, y los rematan. Dice una mujer, también a gritos, que está embarazada, y aún así la arrastran, la patean, la detienen. Hay sangre, olor a muerte, el miedo en cada rincón.

Es el relato de Laura Castellanos para Proceso, Aristegui Noticias y Univisión. Cita y documenta los hechos del 6 enero, un Día de Reyes que terminó en una masacre perpetrada por la Policía Federal, resumidos en un reportaje demoledor, crudo, que cimbra e irrita, bajo el título “Las ejecuciones de Apatzingán”.

Otro crimen y otro agravio. Es el nuevo Ayotzinapa, pues ahí también está la mano del gobierno peñista, diestra en la embestida social, esta vez a través de la Policía Federal que acudió al lugar, al centro de Apatzingán, Michoacán, que emboscó, que violó garantías constitucionales, que abusó de su poder, que atropelló la ley y que asesinó a miembros de la fuerza rural, el G-250, que había sido su aliada, y luego la exterminó.

Fue el G-250 un grupo aliado del virrey peñista en Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes, comisionado Federal de Seguridad. Algunos de sus miembros habían sido templarios. Su líder era Nicolás Sierra, alias “El Gordo Coruco”, quien junto con sus hermanos es identificado como cabezas del grupo de Los Viagra. Castillo los usó para perseguir y atrapar a Servando Gómez, “La Tuta”, el último jefe templario.

A fines de diciembre de 2014, Castillo los desmanteló. Pero no les quiso pagar. Sus antiguos aliados protestaron, exigieron, se apostaron en los portales del palacio municipal.

Horas antes del ataque, una partida militar los abordó. Dialogó con ellos. Los conminó a retirar el plantón, a cesar la protesta, a liberar la alcaldía. La Fuerza Rural se negó y permaneció en el lugar.

Alrededor de las 2 de la mañana del 6 de enero, familias compraban los regalos de reyes. Caminaban entre los puestos de mercancías, aledañas al palacio. En puntos estratégicos se mantenían los G-250. Unos charlaban; otros dormían en las bateas de las camionetas.

De un radio salió la voz de alerta. Un convoy de la Policía Federal se dirigía al centro de Apatzingán. “El Gordo Coruco” dio la orden de no usar las armas. Unos permanecían con palos en las manos. Los que portaban las armas, las colocaron sobre el suelo.

Describe el reportaje difundido por Proceso, Aristegui Noticias y Univisión una escena sangrienta. A lo largo de 15 minutos, la Policía Federal arremetió contra Fuerza Rural y población civil, desmedido su poder, en su mayor expresión el abuso de autoridad.

Reconstruye Laura Castellanos esa historia de muerte, de violencia, de prepotencia a partir de los testimonios de los sobrevivientes, 43 de ellos encarcelados y luego liberados porque el juez de la causa no halló elementos para procesarlos; por la voz de los familiares; por la vivencia de los testigos presenciales, muchos de los cuales grabaron las escenas del atropello; por la versión del médico que no recibió a muchos de los heridos porque la policía ordenó que los llevaran a hospitales de ciudades lejanas simplemente a morir.

Miembros del Servicio Médico Forense confirmaron que algunos de los muertos tenían el tatuaje de pólvora en la piel. Es el indicio de un disparo a corta distancia, a 20 ó 30 centímetros. Fue una ejecución.

Un fragmento del reportaje aparece en el portal de Proceso en internet: http://www.proceso.com.mx/?p=401646. Su versión impresa es demoledora. Los testigos hablan resguardando su identidad, temerosos del contragolpe del gobierno. Sus voces y sus imágenes están registrados en audios y videos. Un testigo del que no se proporciona nombre ni se muestra su rostro, pero que habría estado presente en ambos actos de represión, acusa a la policía federal.

Otros sitios lo retoman. El portal Vimeo difunde el video de Aristegui Noticias: https://vimeo.com/125391931

Univisión lo ha presentado en varias entregas. Dos de ellas son estas: http://noticias.univision.com/video/593829/2015-04-19/edicion-nocturna/videos/que-paso-apatzingan-tragedia yhttp://noticias.univision.com/video/593905/2015-04-19/noticiero-univision/fin-de-semana/forenses-objetan-version-oficial-apatzingan.

Habla de ejecuciones in situ, juicios sumarios, hínquese y dispárenle, versiones recogidas de sobrevivientes, de familiares y del abogado que los representa legalmente. Ahí se cometió un crimen lesa humanidad, según determina el Estatuto de Roma que rige a la Corte Penal Internacional.

Hubo 16 muertos y un número indeterminado de heridos. Sostiene el gobierno federal que fue fuego cruzado entre grupos antagónicos con saldo de ocho muertos y un atropellado, y que algunos de los muertos recibieron los disparos de sus mismos compañeros.

Apesta la versión oficial. Eso ocurrió el 6 de enero, Día de Reyes. Ahí no hay vestigios de narcos contra narcos, o narcos que se llevan a sus rivales, los torturan, los ejecutan y los incineran, como en Ayotzinapa, Guerrero, donde 42 jóvenes normalistas no aparecen porque la coartada del gobierno peñista es frágil e inverosímil.

Castillo Cervantes justificó la masacre con una versión que se cae a pedazos. Fue un acto criminal, dirigido de las altas esferas del gobierno, usada la Policía Federal para un ataque contra fuerza rural y autodefensas, pero también contra jornaleros dedicados a la recolección de limón y contra pobladores, incluidas tres niñas, que acudían esa madrugada a comprar los regalos de Reyes.

Ayotzinapa no se ha extinguido; se internacionaliza con la protesta de los padres de los normalistas muertos, que acuden a foros en el extranjero.

Ahora viene el caso Apatzingán. Pero el sello es el mismo. Reprime y maquilla la escena del crimen. Y luego le llueve y no sabe qué hacer. Se avecina, pues, otra crisis social, internacionalizada la imagen del gobierno represor.

Lo de Apatzingán fue un crimen de Estado.

(Con información de mussiocardenas.com)

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