“Aplanar la curva”

Caja Negra

Por: Baltazar López Martínez

El día de ayer, martes 21 de abril de 2020, las autoridades sanitarias en el ámbito federal determinaron que entramos en el Escenario 3 de la epidemia de coronavirus que azota al país. Lo hacemos con unos números escalofriantes y que presagian la naturaleza de la catástrofe que se avecina: 9 mil 501 casos confirmados acumulados, 3 mil 185 casos activos y, por desgracia, 857 decesos. En Tuxpan, Veracruz, recibimos este anuncio en medio de la controversia entre el gobierno estatal, a nombre de Cuitláhuac García Jiménez, y el municipal, a cargo de Juan Antonio Aguilar Mancha. La manzana de la discordia es el cierre al turismo que decretó la primera autoridad de Tuxpan, y que desde la muy particular lectura política del señor Cuitláhuac y su segundo al mando, el agrónomo Eric Patrocinio Cisneros, violenta el Estado de Derecho.

Causa extrañeza que estos dos señores muestren preocupación por el Estado de Derecho, pero no lo suficiente como para contener las irregularidades en el gobierno de Veracruz, desde las acusaciones de nepotismo en las que el señor Cuitláhuac involucró incluso a su abuelita, las desapariciones forzadas en el estado, la mañosa separación del fiscal Jorge Winckler, los asesinatos de mujeres, políticos y periodistas, las acusaciones de corrupción en la SEV, la crisis del dengue, el desabasto de medicamentos, el endeudamiento por 30 mil millones de pesos en un solo año, etcétera. Pero no, les preocupa que algunos presidentes municipales impusieran restricciones al tránsito de vehículos y personas, y se sienten tan agraviados que no solo aperciben por escrito a los alcaldes, sino que los amenazan y tratan de intimidar sirviéndose de la prensa.

El tema aquí no es el restablecimiento del Estado de Derecho sino el golpeteo político, infame además porque se pone en juego la vida de miles de veracruzanos, esos mismos a quienes estos dos personajes tienen la obligación de proteger. En primera porque no hay una restricción total, sino que se está disuadiendo a las personas que vienen a vacacionar a que no lo hagan. Por supuesto quienes mueven mercancías y quienes deben entrar con causa justificada pueden hacerlo, pero no quienes violentan la Jornada Nacional de Sana Distancia y salen de sus casas para venir a liberar el estrés en la playa, sobre todo quienes provienen de las zonas de mayor contagio, como son Ciudad de México y la zona conurbada del Estado de México.

El mensaje de Juan Antonio Aguilar Mancha fue claro: en estos momentos no los podemos admitir, pero cuando todo esto pase vengan, y serán bien recibidos y los apapacharemos a todos, pero ahorita no, por la sencilla razón de que no tenemos capacidad hospitalaria para atender un brote comunitario de Covid-19. Así de sencillo. Estamos en una situación de tanta carencia en el ámbito de la salud que con las primeras oleadas de enfermos vamos a colapsar. Yo no entiendo esa cerrazón en “cumplir la ley” cuando hacerlo implica poner en riesgo la integridad física de miles de personas, de Tuxpan, de Tamiahua y de los demás municipios amenazados por la dupla Cuitláhuac-Patrocinio.

Sabemos que no hay manera de cerrar la ciudad por completo. Ni siquiera las murallas de las ciudades feudales fueron suficientes para evitar las epidemias en el pasado. Los seres humanos somos complicados y nuestras motivaciones no siempre están fundadas en la lógica, de modo que actuamos en ocasiones de maneras sorprendentes y contradictorias. Sabemos que no hay manera de frenar los contagios. La naturaleza se abre paso en formas impensadas, y tarde o temprano la enfermedad tocará a nuestras puertas. Es inevitable. En realidad la meta de las medidas comunitarias de mitigación va más allá de disminuir la cantidad de contagios; su objetivo final es lo que los entendidos llaman “aplanar la curva”, que en términos llanos consiste en espaciar lo más posible la cantidad de casos a lo largo del tiempo para evitar el colapso de los sistemas hospitalarios por la demanda excesiva.

Hagamos un poco de números. En la Tabla 1 tenemos el caso de que una persona contagie a dos personas más, y que esas personas a su vez contagien a otras dos. Para el séptimo día tendremos a 255 infectados, y una semana después, en el día décimo cuarto, la cantidad aumenta a 32 mil 767 casos. En la Tabla 2 tenemos el aterrador caso de que una persona contagie a tres personas más, y que esas personas a su vez contagien a otras tres. Después de una semana tendríamos 3 mil 280 casos, y una semana después, en el décimo cuarto día, la cantidad aumenta a 7 millones 174 mil 453 infectados. Por supuesto la dinámica de las personas es aleatoria, y la cantidad de contagios es variable y azarosa, por eso los números varían, pero estas son las cifras si no se aplicaran medidas de mitigación comunitaria.

Como dijimos, es imposible sellar la ciudad, sería como tratar de ponerle puertas al campo. Las medidas de mitigación comunitaria van dirigidas pues a la sociedad, no al individuo (aunque el presidente López Obrador no para de dirigirse al “pueblo bueno” para que agarre la onda y se quede en su casa), y en vista de los números que definen la progresión de la enfermedad, es necesario hacer todo lo que se pueda hacer para romper las cadenas de contagio, todo, aunque eso incluya acotar la libertad de tránsito, que no es un derecho sino una garantía, que además no es absoluta sino que las autoridades pueden restringirla por causas que la misma ley señala, entre ellas la salud pública.

Además, las medidas de mitigación comunitaria no son para siempre. Deben durar lo menos posible, porque con la movilidad social reducida casi al 70 por ciento, cada día es una pérdida enorme para todos los sectores productivos pero sobre todo es una sacudida brutal a los más pobres, a quienes viven al día y que son los más afectados por estas medidas comunitarias. De modo que se debe encontrar el justo equilibrio y regresar a la normalidad lo antes posible. Si en Tuxpan seguimos con cero casos podremos volver a la normalidad antes de lo planeado, por eso es vital que en la medida de lo posible nos quedemos en casa y solo salir para lo esencial y para ganarse la vida. Ya habrá tiempo de salir al bulevar, de hacer fiestas, de organizar un carnaval extemporáneo y un rave en la playa donde abunden la música electrónica y las bebidas refrescantes. Mientras más nos cuidemos más pronto podremos hacerlo.

Por eso es necesario seguir cerrados al turismo. Así lo entienden quiénes son afectados de manera directa por esta medida, como los hoteleros, los restauranteros y la gente que provee servicios y bienes para el turismo. Son pocas las personas en el ámbito local que se oponen a estas medidas, así como no las hay en el ámbito federal, solo los señores Cuitláhuac y Eric Patrocinio están necios en que abramos las puertas para recibir a los paseantes. Vean los números de la progresión de los contagios y díganme si es una petición razonable.

En mala hora vino el presidente López Obrador a levantarle la mano a Cuitláhuac García, porque con estos inmerecidos espaldarazos terminó por convencerlo de que es sabio, bueno, bonito, buen bailarín de La Bamba y en el Xantolo, y que todos sus deseos, así sean los más negligentes, son órdenes dictadas desde el mismísimo Olimpo y deben cumplirse como palabras de un dios. Hasta ahora vamos bien, pero es por los esfuerzos de autoridades y ciudadanos en el ámbito local, no por la ayuda del gobierno del estado. Acá la única señal de vida que dieron fue para llevarse la ambulancia. Y párenle de contar.

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