Apretarse el cinturón

El secretario de Hacienda y Crédito Público habló. Y fue apocalíptico. Sin rodeos. Los vientos han dejado de ser favorables para Enrique Peña Nieto. Y todos, sin excepción, a apretarse el cinturón.

La caía del precio internacional del petróleo habrá de continuar “de manera permanente”.

El petróleo, pues, se ha abaratado, como en aquel tiempo de José López Portillo que anunciaba el ingreso de México a la prosperidad, y de pronto, zas, el petróleo también se descarriló y, lógico, el gobierno debió aplicarse para administrar la escasez.

Habrá menos ingresos. Decenas de obra pública anunciada, incluso, necesitará cancelarse.

La austeridad ha llegado y en serio.

¡Y ay de los políticos que sigan excediéndose en el ejercicio del poder y cayeran en la cínica, abierta y manifiesta corrupción!

Ni modo: si un hijo más de Gustavo Madero, líder nacional del PAN, contrae nupcias…ya no podrá tener el año de luna de miel que ha usufructuado el último.

Ni modo: si la hijita del presidente de la república viaja al extranjero con sus padres a eventos oficiales y estrena un vestido de más de cien mil pesos, Peña Nieto absorberá las consecuencias con el descrédito.

Ha sonado la hora insoslayable de reducir gastos en la administración pública; pero también en casa.

Peor tantito, si como dijo el secretario de Hacienda, hay un mercado financiero volátil.

Y, por tanto, “no sabemos cuándo y cómo ocurrirá” una alza en las tasas de interés en Estados Unidos que incidirán en todos los países del mundo, y más, mucho más en las naciones vecinas como México.

La reversión en flujos de capital está ahí, a la vuelta de la esquina.

Se trata de un tiempo inédito.

Una nueva realidad avasallante que termina de golpe con el triunfalismo peñista.

Y, por añadidura, en todas y cada una de las entidades geográficas de la nación.

CUIDADO CON UN ESCÁNDALO MÁS DE CORRUPCIÓN

Cuídense, pues, los políticos y los funcionarios públicos de un escándalo más de corrupción, porque entonces, el pueblo, el ciudadano que vota en las urnas, el contribuyente, habrán de rebelarse.

Ningún especialista vislumbra un México revuelto. El despertar de aquel país bronco del que hablaba Jesús Reyes Heroles.

Pero con la austeridad más intensa que viviremos, cualquier escándalo de deshonestidad, con todo y el llamado Sistema Nacional Anticorrupción, será catastrófico para las elites gobernantes.

Quizá una huelga del pago de impuestos.

Acaso el sufragio en las urnas en contra de los candidatos de los partidos políticos a un cargo de elección popular.

Quizá una huelga de pagos en los servicios públicos.

Acaso la indolencia ciudadana para participar en programas de beneficio colectivo.

Quizá el abucheo a los políticos en sus eventos.

“No sabemos cuándo y cómo ocurrirá” el día del Juicio Final, cuando de pronto, la austeridad se traduzca en una vida común ríspida, terrible, canija, apocalíptica.

Pero el pueblo, dice un indígena, es como una mula: de pronto, harto de la carga, se detiene, se sacude, la tumba y se amula.

El ciudadano también tendrá el legítimo derecho a amularse.

VIVIR CON LA JUSTA MEDIANÍA

Y es que, bueno, con todo y la caída internacional del petróleo la verdad republicana y juarista se ha impuesto solita, por su peso natural.

El político, el hombre público, todos los niveles de gobierno… han de vivir con la justa medianía de su salario.

Y siempre, todos los tiempos, con austeridad…por más, mucho más dinero, incluso, existente en las arcas públicas.

Si una familia, por ejemplo, de pronto siente vientos favorables en su economía y se descarrila gastando sin ton ni son, entonces, tarde o temprano el precipicio la espera.

Tal cual la historia se reproduce con la economía pública.

Por el contrario, si tanto la familia como la elite gobernante asumen la austeridad como forma de vida permanente, salvo un tsunami, siempre habrá estabilidad en la economía… lo que ahora, por cierto, está en riesgo.

Pero, además, el ciclo es irreversible: de la inestabilidad económica se pasa a la inestabilidad social y política.

Son tres de los males del Apocalipsis.

“SÓLO PUEDO OFRECER SANGRE, DOLOR Y LÁGRIMAS”

Ya dirán los especialistas el tiempo que vendrá.

Ya veremos los ciudadanos la vida pública en puerta.

Pero “el choque permanente en los ingresos” de que habla el secretario de Hacienda ha de resonar de norte a sur y de este a oeste de la nación.

Winston Churchill lo dijo en el siglo pasado:

‘’Sólo puedo ofrecer sangre, dolor y lágrimas’’.

Claro, era el tiempo de la segunda guerra mundial; pero que, no obstante, puede repetirse en América Latina, en el mundo, en México, en Veracruz.

Con el petróleo más barato, y más en los pueblos cuya economía depende de tales recursos, a vivir a todos algún capítulo dramático de la recesión en Estados Unidos en los años 20 del siglo anterior.

Nadie, claro, llegará a la hambruna; pero sí al desempleo y a los bajos salarios en que todos estamos atrapados y, por tanto, quizá al hambre.

Nadie tomará las armas para rebelarse; pero el coraje social se multiplicará en contra de las elites en el poder político que han llevado a México a los primeros lugares mundiales en corrupción.

Sólo los carteles y cartelitos seguirán robando Frutsis y refrescos; pero de igual manera todos necesitaremos apretarnos el cinturón para salvar lo fundamental, que es la estabilidad familiar, con todo y austeridad, como cada quien ha de vivir toda la vida.

Por: Luis Velázquez

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