Arrestan otra vez al asesino de chica que juez Ignacio Ochoa liberó por 100 mil pesos

Coatzacoalcos, Ver.- Anayeli Salomón Hernández era bonita. Tenía 18 años y iba para el año de estar felizmente casada y con una bebé de seis meses.

Peor Alexis Cayetano de Jesús, su vecino, la pretendía. Ella nunca le hizo caso, cuenta su madre, Victoria Hernández Jiménez. Ella lo rechazó muchas veces antes de casarse y ese era su gran enojo. Ella no lo aceptaba porque se drogaba y constantemente se veía envuelto líos.

El enojo de Alexis Cayetano de Jesús lo hizo empuñar un arma blanca el 28 de septiembre de 2011 para vengar los agravios contra quien lo despreció tanto.

Se la encontró cerca de casa. Ella empujaba la carreola con su bebé dentro. El ataque fue bestial. Sin darle tregua. Al menos diez puñaladas y la dejó tendida en la calle. De puro milagro, contaron los vecinos, no agredió a la bebé.

El sujeto fue detenido por la policía, pero el juez del caso, Ignacio Ochoa Jiménez, le dejó en libertad en medio de un escándalo porque la familia presuntamente lo sobornó con 100 mil pesos. El juzgador respondió que su decisión fue apegada a derecho pues al detenido no se le podía juzgar porque estaba enfermo de esquizofrenia y lo que necesitaba era un manicomio.

Pero la familia de la joven no se dio por vencida y apeló la sentencia, por lo que a Alexis Cayetano de Jesús le salió orden de reaprehensión y se tuvo que dar a la fuga. Pues Alexis Cayetano ya está en manos de la justicia, lo detuvo la policía Naval en domingo por la tarde en Rabón Grande por meterse a una casa abandonada.

En los separos, la AVI supo de sus antecedentes, es uno de los homicidas más buscados del sur de Veracruz ante la forma cruel que actuó para masacrar a la joven sólo porque no quiso ser su novia y de castigarla por haberse atrevido a fijares en otro y tener una bebé.

Los elementos de la Policía Ministerial ya le ejecutaron la orden de reaprehensión y lo consignaron al nuevo Juez, Héctor Espinoza Espino, de quien la familia confían hará un mejor trabajo.

Victoria Hernández Jiménez dice que “al otro día de que lo soltaron, a mi casa me llegó un anónimo en donde me decían que al Juez Ignacio Ochoa y a los peritos les habían dado dinero para dejar libre al asesino de mi hija“. La mujer no lo duda.

Incluso, le dieron información sobre el sitio en donde se escondía en una localidad cercana a Acayucan. Con el tiempo, la familia encontró fotos de él en las redes sociales en celebraciones de cumpleaños y pasandola muy amenamente mientras el hogar de Anayeli Salomón Hernández se hacía pedazos.

“Mi esposo, su padre, se murió de la impotencia y tristeza. Cuando eso pasó, él estaba mal de una pierna y no se podía mover, decía que de haber estado entero, seguro la hubiera vengado, ‘sabrá dios donde andaría huyendo’, solía decir”.

El padre de la joven se tiró al vicio del alcohol y por la mala actuación de ese juez -que fue el mismo del caso del pastor Claudio Martínez, removido del cargo y enviado al norte de Veracruz, sin rendir cuentas- el resto de la familia se fracturó por el agravio.

El esposo de la víctima tomó a la pequeña de meses de nacida y jamás regresó a Villa Allende; la exigencia de justicia ha sido una lucha legitima e individual de los deudos de Anayeli.

“Los familiares del asesino luego pasaban por la casa; se burlaban, miraban a donde nosotros y se reían“, contó otro familiar de la chica. La detención de este sujeto y su consignación al juez, le da una esperanza a estas personas para ser reconocidos en su dolor y comenzar el proceso de restitución de sus derechos.

“Dicen que está mal de la cabeza, pero está en duda, siempre ha actuado mal, se metía en problemas y se cambiaba de nombre para evitar la justicia. En las pruebas presentadas para liberarlo, falsificaron el acta de nacimiento, le quitaron edad, se inventaron todo.

“Ahora pedimos por derecho que el proceso sea trasparente”, reiteró la madre de Anayeli Salomón Hernández, homicidio que lastimó a toda la comunidad católica de Villa Allende, ya que ella era parte de los grupos juveniles interesados en el estudio de la Biblia.

“Mi hija estudio hasta el segundo semestre de la preparatoria en Guillermo Prieto, no la terminó pero contaba con muchas ganas de tener una bonita familia y se preparaba para aprender corte y confección. Un sueño que le cortó esta persona que se escuda en su enfermedad y en los derechos humanos”, finaliza la mamá.

Plumas Libres

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