Arte basura

Casa de Citas

Por: Baltazar López Martínez

“El genio no es un mito. La educación forma a los genios. El talento es una parte, pero la formación rigurosa y el trabajo sistemático hacen que los estándares de resultados sean más altos y por consecuencia el nivel artístico sea cada vez mejor”.

– Avelina Lésper

“Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista.”

– Pablo Picasso

“El artista no es nada sin un don, pero el don no es nada sin trabajo.”

– Émile Zola

“El arte es para consolar a todos los que están rotos por la vida.”

– Vincent Van Gogh

Leo con desconcierto que una trabajadora de intendencia del Museion de Bozen-Bolzano en Italia barrió y echó a la basura una instalación de las “artistas” Sara Goldschmied y Eleonora Chiari, quienes cubrieron una parte del piso de la sala de exhibiciones con los desperdicios de una fiesta: botellas vacías, confeti, serpentinas, restos de comida. La instalación, llamada “¿Dónde vamos a bailar esta noche?” representaba según “el hedonismo y la corrupción en la Italia de los años 80”. A la mañana siguiente la mujer de la limpieza, quizá maldiciendo a los autores de tal tiradero, limpió todo el desmadre y puso la instalación en una bolsa de basura. Asunto arreglado.

Por pura curiosidad vi las fotos de la “obra de arte”. En efecto, es el tiradero de una fiesta, el mugrerío que te dejan los invitados cuando se van de tu casa. Eso no es arte. Es una mierda, y como tal lo comprendió la mujer de la limpieza, que hizo lo conducente: poner todas esas cochinadas en el tacho de la basura.

Hubo un momento en la historia de la pintura y la escultura que la vanguardia, cualquier cosa que eso signifique, tomó la ruta de la transgresión. Hasta finales del siglo XIX la pintura y la escultura de estudiaban de manera intensa y metódica en el Atelier. No había manera de que un aspirante a artista plástico evadiera esos años de preparación, en los que aprendía a dibujar con el estilo académico heredado del Renacimiento. No había otra manera. Fueron los impresionistas los primeros que empezaron a romper con esa tradición académica y se embarcaron en una aventura plástica que buscaba un lenguaje nuevo, lejano a la representación formal, mucho más libre, pero que aun así requería un dominio técnico que caracterizó a toda una generación de pintores franceses encabezados por Degas, Renoir, Pisarro, Cezanne, Monet y Tolouse-Lautrec, entre otros.

La verdadera ruptura ocurrió en 1916, cuando Picasso dio a conocer el cuadro “Las Señoritas de Avignon”, que había pintado en 1907, en el que por primera vez hubo un distanciamiento formal, brutal, entre la pintura de inicios de siglo y la tradición académica. Picasso inauguró así su etapa cubista (que duró, además, unos pocos años). Desde ese momento cualquier imbécil creyó poder pintar como Picasso. Para 1907 Picasso tenía 26 años, y era ya un pintor excelso, y había sido un dibujante excepcional desde que tenía nueve años. Basta con admirar su primer lienzo académico, “La Primera Comunión”, de 1895, cuando el artista tenía 14 años, para comprobar la grandeza de ese hombre. Tenga un poco de curiosidad el lector y busque en Google una imagen de ese cuadro y compruebe por sí mismo como un muchacho de 14 años era ya uno de los grandes pintores de fines del siglo XIX.

Lo que hay en el fondo del llamado arte contemporáneo de la instalación y el arte objeto son cuatro o cinco generaciones de artistas huevones. Holgazanes que no desean invertir en aprender. Desde que Marcel Duchamp exhibió un mingitorio con su firma cualquier pendejada es arte. Bacinica, camas a medio hacer, pencas de nopal clavadas sobre una tarima de madera rústica pintada de rosa, enormes lienzos blancos, o negros o rojos, o con un embarradero de pintura sin sentido. La escultura David, de Miguel Ángel, mide más de 5 metros de altura y pesa 5 toneladas y media. El artista la realizó en algo así como cuatro años, a partir de un bloque de mármol blanco, y por donde la mires es una obra de arte excelsa, sobre todo si consideramos que previo al inicio de la talla Miguel Ángel no hizo una escultura de arcilla del mismo tamaño real, como hacen los escultores para tomar medidas y guiarse al desbastar el mármol, sino que se basó en modelos mucho más pequeños.

No hay manera de equiparar al David con esas esculturas ridículas que hay en tantos museos y parques, que no son más que piedras con agujeros. La pintura y las artes plásticas en general padecen de esta plaga de “artistas” imbéciles y huevones que se ufanan de lo efímero, de pintar sobre periódicos, latas de sardinas, costales de arpilla, tablas viejas, de exhibir clavos herrumbrosos, cacas de plástico, objetos extraídos de la basura, y que piensan que colgar pelotitas de unicel del techo y poner en fila sobre el piso sus zapatos viejos es una forma de transgresión, de conectarse con el infinito.

Me dan flojera y lo único que me provocan son bostezos. La función del arte es conmover, pero a estos señores la reacción del público no les importa. Nunca como en estos días el “artista” está tan lejos del público, nunca como en estos días el “arte” carece de un significado, cualquiera que sea. ¿Qué significado puede tener una bacinica despostillada en una vitrina, un caballo colgado con arneses del techo de la galería, la fotografía de cuatro metros cuadrados que muestra, literalmente, un culo? La mujer de la limpieza mandó a la basura la instalación de los restos de una fiesta. Al final de cuentas hizo lo conducente. Ese es el lugar de esa clase de “arte” que no es más que una expresión ridícula de holgazanería y afectación disfrazada de “cultura”.

En días pasados un tipo italiano, de nombre Maurizio Cattelan causó revuelo al exhibir un plátano pegado a la pared con cinta adhesiva de color gris, a la que tituló “Comedian” y que se vendió en 120 mil dólares, aunque según se trata en realidad de tres de esas “esculturas”, que ya se vendieron, aunque se ignora qué será de ellas cuando los plátanos se pudran. ¿Será válido cambiarlos por plátanos frescos? ¿Seguirá siendo la misma obra si se sustituyen las bananas? No lo sabemos, pero este señor ya había causado escándalo meses antes por el robo de una de sus obras, un inodoro de oro de 18 quilates que estaba en exhibición en el palacio de Blenheim, en el Reino Unido, que además de estar expuesto tenía la peculiaridad de que los visitantes de la exposición podían cagar en él.

En nuestro país, no hace mucho, la pintura que representaba a Emiliano Zapata en actitud homosexual, encuerado sobre un caballo y con espuelas en forma de pistola, dividió la opinión del respetable y causó rechazo por la “ofensa” que el autor le infligió al Caudillo del Sur. Por mi parte estoy convencido de que una obra se debe juzgar por la calidad de su ejecución, y desde ese punto de vista el cuadro de Zapata es una porquería. Además, el hecho de que el general haya ejercido su sexualidad como le viniera en gana no le resta ni un solo milímetro de su grandeza, ni lo hace peor o mejor persona. El caso es que la pintura es un mamotreto, un adefesio extravagante y provocador que si no tratara al personaje de Zapata pasaría, domo debe ser, desapercibido.

Y ni siquiera se trata de demeritar al llamado “arte moderno” porque ni méritos tiene. Desde que Picasso inició la ruptura con el arte académico las reglas se volvieron cada vez más laxas. Pero yo estoy seguro de que ninguno de esos artistas sabe dibujar, y mucho menos conoce la cocina de la pintura, ni se ha sometido a la disciplina de aprender, que consume años de esfuerzo continuo y sostenido. Es más fácil llenar de cagarrutas la tela. Si eso es lo que les gusta hacer, si en lugar de aprender el oficio prefieren embadurnar lienzos, están en su derecho, pero por el amor de Dios, no jodan conque eso es arte, porque no lo es. Es basura.

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