Arturo Bermúdez: de que espía, espía

Sin una guerra en su haber, Arturo Bermúdez es un general de pacotilla proclive a reprimir, a hostigar sin mesura, a hablar sin prudencia, a joder periodistas y por qué no, a espiar.

Así va trazando el “general” su historia propia en el Veracruz de la violencia infinita y la sangre de inocentes y malosos, en la zozobra que provoca la delincuencia incontenible y en la disputa por el territorio único para el trasiego de droga, para la industria del levantón, para el secuestro de migrantes, para la trata de mujeres y el entre y la extorsión.

Un día se le escuchó decir que tenían al crimen organizado dentro. Y sí, lo tenían bien adentro. Revelador, el video lo mostraba en la descripción de un episodio de narcos, y ahí una patrulla de policía en función de escolta, resguardando a los delincuentes, cubriendo la salida, bloqueando la comunicación. Y Arturo Bermúdez Zurita admitía que se dormía con el enemigo.

Sí, eran los días del fidelismo y era esa la realidad que comenzaba a tomar vida, a transformar a Veracruz en el santuario zeta, en el escenario de violencia que mantiene a las instituciones a raya y que ha permeado en las estructuras policíacas y judiciales.

Ya en la Secretaría de Seguridad Pública, el “general” Arturo Bermúdez ha sido, por decir lo menos, imprudente, obcecado, desdeñoso, profundamente agrio e insolente.

“Pinches medios”, le dijo a los periodistas que lo increpaban por la represión en Plaza Lerdo, el 13 de septiembre de 2013, desalojo que barrió lo mismo con maestros disidentes y periodistas que cubrían la información. Uno de ellos era Rubén Espinosa Becerril, colaborador de Proceso, Cuartoscuro y AVC, quien se exiliara en el Distrito Federal por el asedio de agentes de gobierno y allá, luego de ser ubicado, fuera ejecutado en la colonia Narvarte el 31 de julio.

“Pinches medios”, les dijo en la sede del Congreso de Veracruz, el día que comparecía, creído el “general” que el micrófono estaba cerrado, provocando el asombro de legisladores, sobre todo los priístas y sus aliados, los vergonzosos satélites, que en un instante quedaron desarmados, inutilizados, para hacer la defensa del titular de la SSP.

Es la fobia de Bermúdez a un gremio que no dispensa, ni consiente, ni solapa el maltrato de una policía agresiva, arbitraria y prepotente, que usa el tolete y el bastón eléctrico, que arremete con el escudo y que usa la fuerza contra la protesta social.

Sus mandos medios hostigan con saña. Amagan y amenazan, detienen e interrogan hasta por captar una imagen, por requerir un dato, por cumplir con una función informativa que en cualquier lugar, menos en Veracruz, es garantía constitucional.

Un camarógrafo de Telever, en Coatzacoalcos, enfrentó la amenaza de un jefe policíaco cuando captaba la protesta de policías intermunicipales que reclamaban su derecho a una liquidación por los años laborados.

Un reportero del periódico Liberal fue reprimido por accionar su equipo fotográfico y registrar las placas de un auto asegurado, presuntamente usado por delincuentes en una acción fuera de la ley.

Sean policías, navales, militares, las acciones represivas recaen en el Mando Único o en los operativos policíacos que se realizan en Veracruz. Y su principal protagonista es el “general” de cero estrellas Arturo Bermúdez.

Reporteros de Imagen de Golfo, de Grupo FM, de Acayucan y Minatitlán, enfrentan la intolerancia, hostigamiento, asedio y agresión de policías estatales o de integrantes del Mando Único Policial.

Creada a un altísimo costo, equipada como pocas, la Fuerza Civil es el cuerpo de élite del sistema de seguridad de Veracruz. Le sirve al desgobernador Javier Duarte y al secretario “general” Arturo Bermúdez para evitar que la Guardia Nacional entre a Veracruz, que invada su territorio, que identifique los puntos en que el crimen organizado opera con toda impunidad.

Lleva la imprudencia a flor de labio. En Coatzacoalcos, por ejemplo, dijo que aquellos que reclaman seguridad pueden instalar un sistema de alarma en su casa, contratar vigilancia privada y comprarse un perro. ¿Y la obligación del Estado dónde queda?

Impune, Arturo Bermúdez se había mofado de todo y de todos hasta que ocurrió la agresión a ocho alumnos de la Universidad Veracruzana, la madrugada del 5 de junio de 2015, acusado de indolencia y complicidad.

Festejaban el cumpleaños de uno de sus compañeros. De pronto, un comando armado irrumpió en la pequeña habitación. Los apaleó con bates de beisbol, con palos con clavos, con machetes y armas punzocortantes. Iban encapuchados y sólo uno de ellos tenía el rostro descubierto.

Fluían las versiones mientras los jóvenes exhibían sus rostros descompuestos, fracturas en brazos, rostro y cabeza. Fue identificado el grupo agresor como un ente parapolicíaco de comportamiento criminal, entrenado en la Academia de Policía El Lencero, los porros del “general” Bermúdez.

Días antes el Partido del Trabajo había exhibido un documento, el reporte Balance Electoral 2015, elaborado por la SSP, que en realidad era la identificación de personajes incómodos para el gobierno duartista. Surgía la hipótesis de que el gobierno de Veracruz espiaba a los grupos disidentes, a los activistas sociales, a los reporteros incómodos. Y que además los reprimía.

Acorralado, el “general” Arturo Bermúdez terminó por enredarse. No espiamos, dijo. Pero…:

“Lo que existe son fotografías, vídeos y C4 de diferentes gentes que hacen manifestaciones y dañan al orden público. Lo que existe son vídeos, existen fotografías de ustedes mismos (prensa), de las gentes que están incendiando, que están dañando, es lo único que tiene la Secretaría de Seguridad”.

¿Videos de periodistas que cubrían las movilizaciones sociales? Así era. Y lo admitía el “general” de cero estrellas.

Dice no espiar, pero la tentación lo rebasa. En junio, tras el ataque a los jóvenes universitarios, negaba que esos videos fueran una forma de espionaje, pero tres meses después, el espionaje rueda como parte del sistema de seguridad, así viole las garantías individuales.

“Muy pronto 700 policías tendrán una cámara para grabar todo lo que están haciendo —sentenció el Secretario de Seguridad—, grabar toda intervención y los protocolos, especificar si las detenciones son correctas o no, porque así lo pide el nuevo sistema porque así lo pide el nuevo sistema de justicia penal, no yo”.

Y el “general” de plácemes. Su semántica es de risa. Dice que los periodistas no son espiados pero sí grabados.

Espía con anterioridad al nuevo sistema de justicia penal, en movilizaciones sociales, en reclamos al gobierno, en las protestas de aquellos a los que el informe Balance Electoral 2015 denominó “desestabilizadores”.

Lo que Bermúdez reconoció es contundente:

“Lo que existe son fotografías, vídeos y C4 de diferentes gentes que hacen manifestaciones y dañan al orden público. Lo que existe son vídeos, existen fotografías de ustedes mismos (prensa), de las gentes que están incendiando, que están dañando, es lo único que tiene la Secretaria de Seguridad”.

Lo niega, pero de que espía, espía.

(Con información de mussiocardenas.com)

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