Caso Aristegui: la mano fascista de Peña Nieto

Incómoda, beligerante, sobre todo libre, Carmen Aristegui irritó al presidente por la Casa Blanca de La Gaviota, la mansión de Luis Videgaray, los contratos de Higa, los 43 de Ayotzinapa, el desastre de gobierno y la explosión social. Lo llevó al borde. Lo desquició. Y le hizo mostrar que el puño de Enrique Peña Nieto es el puño de un fascista.

MexicoLeaks, como dice la empresa Multivisión, no es el problema. No lo es, tampoco, el uso de la marca indebidamente, como atribuye a dos reporteros, Daniel Lizárraga e Irving Huerta, al dar a conocer que el espacio Noticias MVS formarían parte de la nueva plataforma de información altamente documentada.

MexicoLeaks no es el problema. Por supuesto, MexicoLeaks es el pretexto.

Se trata de un conflicto artificial, creado por el gobierno de Peña Nieto, aplicado por Joaquín Vargas Guajardo, un lacayo del sistema, propietario de MVS, para cerrar la puerta al espacio de Carmen Aristegui por sus contenidos, su crítica contundente, su libertad en el manejo de la información y por la profundidad de los temas que abordaba.

Estalló la guerra el miércoles 11. Ese día, MVS publicó desplegados en los principales periódicos del país para fijar su postura respecto al surgimiento de MexicoLeaks y el uso de la marca de manera indebida, atribuida a los dos reporteros de Carmen Aristegui.

Dos días después —viernes 13—, la posición de Carmen Aristegui se radicalizó. Tácitamente exigió la recontratación de Daniel Lizárraga e Irving Huerta por parte de MVS como condición para continuar con su espacio en MVS.

Le respondió MVS —domingo 15— con un revire final:

“Lamentamos la posición de la conductora, pero como empresa no podemos aceptar condicionamientos y ultimatos de nuestros colaboradores. El diálogo, no se atiende imponiendo condiciones, sino escuchando a las partes y tratando de alcanzar acuerdos”.

Diría también:

“En MVS Radio, trabajamos en equipo. La cultura de nuestra organización gira en torno a ese concepto, por lo que las actitudes individualistas no tienen cabida en nuestro proyecto. No podemos permitir que alguno de nuestros colaboradores pretenda privilegios en menoscabo de sus compañeros y mucho menos que pretenda imponer a la administración condiciones y ultimatos.

“Por las anteriores razones, la administración de MVS Radio decidió dar por terminada la relación con la señora Carmen Aristegui”.

Cierra Carmen Aristegui un ciclo en MVS, el espacio que por más de 15 años alojó su voz, sus reflexiones, un cúmulo de investigaciones que retrataban los excesos del poder, la desigualdad social, la corrupción en todos las esferas de poder.

Tocó temas relativos a Veracruz: las implicaciones del narcoempresario Francisco Colorado Cessa, lavador de dinero de Los Zetas en Estados Unidos, con el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, según documentos del juicio que se le siguió en Austin, Texas, y el caso Moisés Sánchez Cerezo, periodista levantado y asesinado en El Tejar, congregación de Medellín de Bravo, al que el gobierno de Javier Duarte pretendía sepultar y dejar en el olvido.

Logró el boom informativo con el caso de la Casa Blanca, propiedad de la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, en una operación inmobiliaria que evidencia que a cambio de recibir mansiones, el presidente nutre de contratos multimillonarios al consorcio Higa, de su amigo Juan Armando Hinojosa Cantú.

Carmen Aristegui evidenció también al secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, por su mansión de Malinalco.

Reveló el viernes 13 que eran Daniel Lizárraga e Irving Huerta quienes realizaban una investigación acerca de la mansión del titular de la SHCP cuando se produjo el diferendo con MVS que provocó el conflicto y el despido de ambos reporteros. Finalmente ocurrió la rescisión del contrato y su salida de la empresa.

No fue la primera vez que Vargas Guajardo pretendía deshacerse de Carmen Aristegui. En 2011 el conflicto lo provocó la difusión de las imágenes en que aparecían mantas expuestas por legisladores de izquierda en la Cámara de Diputados, en las que acusaban al entonces presidente, Felipe Calderón Hinojosa, de tener serios problemas con su manera de beber, sabido su alcoholismo, sabido que así gobernaba.

Aquel episodio prácticamente la colocó fuera de MVS. Vargas Guajardo cuestionaba la ética de Carmen Aristegui. Finalmente dialogaron y se arreglaron.

Su salida de MVS coincide con la llegada de Eduardo Sánchez a la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia de la República. Eduardo Sánchez había sido abogado general de MVS.

Incómoda, Carmen Aristegui tenía el mérito de tocar temas que la prensa oficialista no trataba. Denunciaba con sustento. Abría el micrófono y dejaba hablar.

Tocaba así las fibras dolorosas del presidente y la pandilla en el poder, los Salinas, los Beltrones, los Hank, los Gamboa, Murat, Fidel.

Ahora exhibe Peña Nieto un puño que corresponde a otros tiempos. Echeverría lo hizo con el Excélsior de Julio Scherer, igual el conflicto artificial, el pleito por los terrenos de Taxqueña, la rebeldía de un sector de los cooperativistas, y el golpe final.

Había en Echeverría una fijación demencial. Aquella fotografía con las huellas de la pedrada recibida en la frente, asestada por su imprudente visita a la UNAM. Scherer la publicó. Echeverría lo asedió y finalmente le dio el golpe a Excélsior.

De nada sirvió la canallada. Surgió Proceso, Unomasuno, Vuelta. Luego vendría La Jornada, Letras Libres, Reforma.

López Portillo también quiso parar a Scherer. Le suprimió la publicidad oficial. Sacudió a Proceso pero sólo lo fortaleció, radicalizada su línea. Pasó el presidente a la historia por su intolerancia, el puño que golpea pero no destruye. Lo único que se recuerda es al tirano en el cesto de la basura.

Peña Nieto no aprende de la historia porque no conoce la historia. Cuadrado, soldado del PRI, sabe reprimir, como en Atenco, y luego la avalancha lo sepulta.

La Casa Blanca, Malinalco, Tlatlaya, Ayotzinapa, la crisis económica, la explosión social, son los puntos flacos del presidente, a flote la incapacidad para gobernador, el desastre moral.

Golpea, vía MVS, a Carmen Aristegui por ejercer su derecho a hablar, por revelar la podredumbre de su gobierno, la corrupción, la implicación de la primera dama, La Gaviota, en el tráfico de contratos a los amigos de Peña Nieto.

Su puño, pues, es el puño de un facista.

(Con información de mussiocardenas.com)

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