Caso Regina Martínez: al “asesino” ya ni lo buscan

Hay asesinos con suerte y asesinos sin suerte. José Adrián Hernández Domínguez, alias “El Jarocho”, la tiene. Dicen que mató a Regina Martínez, que fingía ser su novio, que con sus manos la estranguló, que la policía lo cercó, lo tuvo a su alcance y lo dejó ir. Y de paso, dejó de buscarlo.

Va y viene por Veracruz. Saben cuando va a llegar a Xalapa, la capital. Lo monitorea el gobierno duartista sin traerlo a cuentas, sin enfrentarlo a la justicia, sin demostrar su responsabilidad en el crimen de la corresponsal de la revista Proceso.

Oficialmente, “El Jarocho” es el autor material del asesinato. Su cómplice, Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva”. Ambos, según la entonces Procuraduría de Veracruz, conocían a Regina Martínez Pérez, la frecuentaban, bebían hasta desfallecer.

Infamia pura la de Javier Duarte, su aparato judicial usado para enlodar a los muertos y para cazar a los amigos de los muertos, periodistas que debieron huir, acudir a organismos defensores de derechos humanos o al exilio.

Infame fue la versión de que Regina, una de las periodistas más serias e intachables que ha dado Veracruz, convivía con el par de raterillos y se había hecho novia de José Adrián Hernández Domínguez, “El Jarocho”.

Nadie, que se recuerde, los vio en juerga alguna. Refieren los vecinos que Regina era toda integridad, metódica, cuidadosa de sus pasos, extremadamente precavida, máxime cuando sufrió una invasión a su hogar, sin ser violentadas las chapas de las cerraduras, trabajo pues de expertos y de perversos.

Murió la tarde del 28 de abril de 2012. Hallaron su cuerpo un día después, golpeada a mansalva, la quijada expuesta por la agresión, asfixiada, víctima de la mano del criminal. Estaba en el baño y las pruebas advierten que ahí quedó, arrastrándose o arrastrada, después de tremenda lucha por salvar su vida.

Regina muerta, fue una herida a Proceso. Reaccionó la revista. Increpó Julio Scherer García, su fundador y dueño, a Javier Duarte, oyendo decir que esta vez habría justicia, que no habría impunidad, que caería el o los asesinos. “No les creemos”, respondió el legendario periodista.

Scherer tenía razón. Ha sido un fiasco la investigación del crimen de Regina Martínez, plagada de errores, saturada de abusos como aquel de filtrar que era lesbiana y que alguna de sus amigas, y compañeras de profesión, la había mordido en una escena de desenfreno sexual para finalmente quitarle la vida.

Varios periodistas pasaron por la Procuraduría. Ahí se les conminaba a morder una placa de plastilina y dejar la huella de su dentadura. Así darían con el asesino material.

Tejió la pandilla judicial de Javier Duarte el guión de la telenovela. El asesino era “El Jarocho” y su cómplice en el robo de las pertenencias de Regina, era “El Silva”.

Al “Silva” lo pescaron de inmediato. Establecieron que era cómplice, siendo “El Jarocho” el asesino material. Uno en prisión, sujeto a juicio; el otro libre.

Una versión publicada en prensa advertía que “El Jarocho” tenía vara alta en la Procuraduría, que sus vínculos tocaban a funcionarios allegados al entonces procurador, Felipe Amadeo Flores Espinosa. Y que era parte del equipo.

Al “Silva” le echaron 38 años de prisión, el 10 de abril de 2013. Apeló y el magistrado Edel Álvarez Peña realizó una ponencia en que acreditaba que se violó el debido proceso, que fue torturado para incriminarse, que no fue asistido por ningún abogado y que tenía que ser liberado. Y por mayoría pasó la ponencia, el 19 de junio de 2014. “El Silva” salió de prisión y se perdió por algún tiempo.

Un amparo federal recompuso el caso para Javier Duarte. Determinó que “El Silva” no era culpable del crimen de Regina Martínez, pero sí del robo ocurrido cuando la mataron. Y así reaprehendieron a Hernández Silva, el 22 de octubre de 2014.

Se ufanaba el fiscal Luis Ángel Bravo que pronto tendría en sus manos al “Jarocho”, la puerta hacia el esclarecimiento del crimen de Regina Martínez.

Al “Silva” lo están matando en episodios. Es seropositivo. Carece de atención médica. Está recluido en el penal de Pacho Viejo, en Coatepec, cerca de Xalapa, quizá con Sida, debilitado, tácitamente desahuciado.

Su abogada, Diana Coq Toscanini, fue abogada del caso Regina Martínez, crítica y categórica cuando acusó que la juez encargada actuaba por consigna al imponer una pena de 38 años dos meses a “El Silva”. Hoy la juez Beatriz Rivera Hernández es magistrada en el Tribunal Superior de Justicia de Veracruz. Sí era juez de consigna. Y tuvo premio.

Acusa vicios de origen en la investigación. Dice que “El Silva” es inocente, que se le acusó de oídas, sin pruebas contundentes que acrediten su participación en el crimen de Regina Martínez.

Hoy está incomunicado. Lo están dejando morir. Afectado por el virus de inmunodeficiencia humana, cualquier enfermedad acabará con su vida. “El Silva” muere por lo que sabe. Su silencio es oro para Javier Duarte.

“El Jarocho”, en cambio, goza de la impunidad duartista. Llega a Xalapa, se pasea, sabedor que nadie lo tocará. ¿Por qué?

Acusa Diana Coq Toscanini que la Fiscalía General de Veracruz desistió de la orden de aprehensión contra “El Jarocho”, según información del periodista Noé Zavaleta, corresponsal de Proceso. “Lo anterior, pese a que Hernández Domínguez continúa paseándose por Xalapa, incluso con visitas constantes a una comerciante del Pasaje Tanos —ubicado a un costado del palacio de gobierno donde despacha Javier Duarte— con quien procreó una hija”.

Refiere Coq Toscanini:

“El gobierno del estado intercedió para suspender la búsqueda del otro coacusado, y por ello actualmente “El Jarocho” tiene plena libertad de tránsito, pues se sabe hasta cuando viene a Xalapa”.

Decía el fiscal Bravo Contreras que tarde o temprano reaprehendería a “El Silva”. Así fue. Y presumía que la detención de uno llevaría a la captura de “El Jarocho”. No fue así.

Tiene vía libre en Veracruz. Pasó por la Procuraduría cuando ocurrió el crimen de Regina Martínez y lo dejaron ir. Hacía valer su amistad con un alto funcionario de esa área judicial. ¿Amistad?

Ahora llega a Xalapa. Saben cuándo lo hará. Vigilado, se deja ver cerca del palacio de gobierno, de la Plaza Lerdo o Plaza Regina, como le llaman ahora a la explanada. Camina a unos metros de la Secretaría de Seguridad Pública.

Visita a la mujer con la que tiene una hija, en el Pasaje Tanos, en el corazón de Xalapa, entre todos, sin el riesgo de la detención por el crimen que cimbró al medio periodístico y a las esferas de poder de Veracruz.

Coq Toscanini ya midió a la justicia duartista. La sabe podrida. Anuncia ahora que el caso Regina Martínez va a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tras haber sido consignados los vicios y las corruptelas en la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México.

Sigue la ruta que sacude a Javier Duarte: el ámbito internacional.

Así fue con Moisés Sánchez Cerezo, levantado el 2 de enero pasado, cuyo cuerpo apareció tres semanas después, cerca de Medellín, donde vivía y dirigía el portal La Unión. Su caso escaló al noticiario de Carmen Aristegui, a la ONU, al cuerpo diplomático acreditado en México, con el embajador estadunidense Anthony Wayne.

Con eso bastó para que el cuerpo de Moisés Sánchez apareciera. Quería el gobierno duartista dejarlo en condición de desaparecido. Terminó siendo el periodista número 11 en ser asesinado durante la gestión de Javier Duarte.

Vía libre, pues, para el supuesto asesino de Regina Martínez.

(Con información de mussiocardenas.com)

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