Caso Rubén Espinosa: “No nos callarán”

Van dos. Hablan los intelectuales, los periodistas, los artistas, los defensores de derechos humanos y la exigencia es la misma: esclarecer el crimen de Rubén Espinosa. Y hacerlo con integridad. Y que sea efectivo. Y castigar a los verdaderos culpables.

Ahí va el reproche, el segundo, a un mes del asesinato del fotoperiodista de Proceso, Cuartoscuro y AVC, ultimado el viernes 31 de julio, en su exilio en el DF, huyendo de Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, por el asedio y las amenazas, porque temía por su vida.

Reclaman y reprochan 640 periodistas, secundados por más de 700 mil firmas de 192 países, en un desplegado a cuatro planas publicado en el diario El Universal. Al abrir, sobre un fondo negro, a toda la plana, se lee la sentencia, contundente: “No nos callarán”.

Es el grito que se escucha en las redes sociales, en Twitter y Facebook, que se vuelve viral, que concita apoyos y solidaridad ante la embestida contra la prensa crítica, contra los movimientos de protesta, contra las voces que expresan el rechazo a la intransigencia oficial, al clima de hostigamiento y agresión que forjó el gordobés, en una trampa de la que no puede salir.

Rubén Espinosa Becerril detestaba el exilio. Le podía andar con miedo. Lo alteraba vivir entre las sombras, no salir, ver coartada su libertad para informar, sus imágenes revelando el rostro siniestro del poder, el actuar violento de la policía al disolver una manifestación, la arbitrariedad mostrada en desalojos de maestros, o la sangre que emerge del rostro del estudiante apaleado por el grupo parapolicíaco del duartismo en aquella madrugada terrible del 5 de junio en Xalapa.

Se fue al Distrito Federal. Allá lo ubicaron. Allá sintió los pasos de sus verdugos. Los vio de frente, cínico el hablar cuando le expresó un tipo que era él, Rubén, el periodista que había salido de Veracruz.

Días después su vida se extinguió. Fue torturado, asesinado, con el tiro de gracia en la cabeza, su cuerpo hallado en una recámara del departamento 401 de Luz Saviñón 1909, colonia Narvarte. Junto a él, Nadia Vera Pérez, activista social, antropóloga, productora cultural, valiente joven que antes de dejar Veracruz había expresado que Javier Duarte no gobierna, que dejó el poder al crimen organizado. Decía Nadia que si algo le ocurría –así lo registró el portal Rompeviento TV— el responsable sería el gobernador de Veracruz.

Mataron a Rubén y a Nadia. También a la colombiana Mile Virginia Martín, la maquillista Yesenia Quiroz Alfaro y la trabajadora doméstica Alejandra Negrete. Su caso lo manipula la Procuraduría de Justicia del DF. Es robo, es asunto de drogas, dice. No descarta la línea de las amenazas de la pandilla duartista, de los esbirros de Javier Duarte, pero sólo simula que la sigue.

Se hace interrogar el gordobés. Le envían personal de la Procuraduría del DF. Responde a un cuestionario. Dice lo que todos esperan oír: es inocente.

Lo interrogan por segunda vez. Vuelve a decir que ni remotamente podría ordenar el crimen de nadie. Ahora, sin embargo, Javier Duarte se queja de linchamiento público, de sufrir un juicio sumario, de ser embestido por intelectuales manipulados.

Su reacción en la conferencia de prensa del lunes 31, exhibe el rostro maltrecho de un gobernador rebasado, víctima de su inquina contra la prensa crítica, descompuesto por la contundencia del desplegado de El Universal, avalado por más de 700 mil firmas, exigiendo al presidente Enrique Peña Nieto que se esclarezca el crimen de Rubén Espinosa y las cuatro mujeres.

¿A quien recuerda Javier Duarte con su lamento? A Francisco Labastida, candidato presidencial en 2000. Vicente Fox lo punzó. El candidato del PRI se quejó en el debate: “Me ha llamado La Vestida; me ha dicho Mariquita sin Calzones”. Ese fue el acabose.

Impresiona la sentencia de los firmantes de la carta: “No nos callarán”. Es el reclamo a un sistema político que ha llevado su fobia a la libertad de expresión a niveles de guerra sangrienta. Y en ese escenario, Veracruz es el peor. 14 crímenes acumula Javier Duarte en sus casi cinco años de gobierno, más de 30 periodistas exiliados, cuatro desparecidos, decenas de golpeados, amenazados y amedrentados.

“Vemos con indignación los ataques contra los reporteros en México. Cuando se ataca a un periodista se atenta contra el derecho a la información de la sociedad entera”, dice la carta en uno de sus párrafos.

A Peña Nieto le exigen garantizar una “investigación sin contemplaciones de los funcionarios estatales y municipales que, en cada caso, se puedan haber visto involucrados”.

El texto corresponde al contenido de la carta enviada a Peña Nieto por altos ejecutivos de PEN América y PEN Internacional, así como el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y fue suscrito el 15 de agosto.

Instaban al gobierno de Peña Nieto a suscribir “un compromiso efectivo para garantizar la libertad de expresión en México”.

Expresaban su indignación por los constantes ataques a reporteros porque “ello atenta contra el Derecho a la información de la sociedad entera”.

Hablan de impunidad. Citan cifras. Revelan que desde 2000, decenas de reporteros han sido asesinados o son desaparecidos.

Las cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos reflejan algo alarmante: gran parte de los ataque a la prensa es perpetrada por funcionarios públicos. Es una “censura a tiros”.

De Javier Duarte exponen:

“Desde que el actual gobernador, Javier Duarte, llegó al poder en el 2010, las amenazas, los maltratos, y los asesinos de periodistas han alcanzado cifras sin precedentes en Veracruz: 14 han muerto de manera atroz, y tres han desaparecido. En cada uno de los casos se ha desechado como línea de investigación judicial el ejercicio profesional de las víctimas”.

Proceso, al aludir al tema, refiere:

“Los denunciantes recriminaron a Peña Nieto que en México las estadísticas de impunidad en los casos contra periodistas ‘son alarmantes’. Según la CNDH, 89% de los asesinatos permanecen sin resolver y las autoridades obstaculizan sus investigaciones.

“Por último, los firmantes nacionales e internacionales recriminaron a Peña Nieto que los reporteros mexicanos ‘viven en peligro mortal. Las organizaciones criminales, los funcionarios de gobierno corruptos, y un sistema de impartición de justicia incapaz siquiera de determinar la responsabilidad de los asesinos son causa de la extrema vulnerabilidad de los reporteros’.

“Y fueron contundentes al exigirle que ‘no debe haber más asesinatos’. El asesinato de Rubén Espinosa y las cuatro mujeres en la colonia Narvarte ‘debe ser investigado con integridad. Los verdaderos homicidas tienen que recibir juicio justo y condena pronta’ ”.

Y rematan:

“No nos callarán”.

Otro documento, titulado “Paremos los ataques a la libertad de expresión”, demanda que Javier Duarte se investigado “a fondo y sin demora”.

Ese día, un grupo llegó a la sede del gobierno de Veracruz en el DF. Colocó impresiones de la portada de Proceso con la foto de Rubén Espinosa, con gorra de la Secretaría de Seguridad Pública Javier Duarte, inmensa su figura, la mirada perdida.

Se la hizo buena Javier Duarte a Peña Nieto. Sacude a la comunidad intelectual, periodística, artística, a los defensores de derechos humanos y de defensa de los periodistas el caso Rubén Espinosa. Y lo expresan en la víspera del informe de gobierno.

Así es Javier Duarte. Agita el avispero y luego clama auxilio. Hostiga a la prensa crítica, los espía, los amedrenta, provoca el roce físico, la amenaza, fuerza el exilio y hasta el DF llegan sus esbirros para consumar la fechoría. Y al ocurrir el crimen se dice víctima de un linchamiento público, pieza de un juicio sumario.

Saben ahora en Los Pinos qué tan corrosivo resulta el gobernador de Veracruz, su grado de acidez pública, la infinita capacidad para provocar el escándalo y la condena popular.

Tan mal que anda Peña Nieto y Duarte lo termina de empinar.

Clara y precisa la sentencia: “No nos callarán”.

(Con información de mussiocardenas.com)

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