Cisne, Erick, Pepe y Héctor: caos en el PRI

De la mano de Javier Duarte, el PRI ya está en la fase del caos: hablan todos, se atacan todos, se abrazan todos, se ofenden todos, intrigan todos, regateándole a Los Pinos la sucesión y la candidatura al minigobierno de Veracruz en 2016.

No lo encauza Don Beltrone, no lo alinea Gamboa Patrón, no lo somete Peña Nieto, ni se inmiscuye Osorio Chong, mientras el priísmo veracruzano se observa trepado en un teatro de tramoyas endebles, que lejos de atraer la atención del electorado, evidencia la disputa a muerte entre el fidelismo-duartismo y el yunismo rojo.

Sabe Duarte que esta sucesión no es suya, que no son los tiempos de Fidel Herrera, su antecesor, quien no teniendo presidente priísta, pudo imponerlo a él en el gobierno de Veracruz; que la designación del candidato del PRI pasa por el filtro de Enrique Peña Nieto y ahí, en Los Pinos, se decide su suerte. Aún así, al gobernador le da por regatear. No tiene con qué, pero regatea.

Pobre —paupérrima, diríase— es la oferta de Javier Duarte: El Cisne Silva, su amigo, un misógino empedernido, difamador, borrachín, narcisista, de escasa rentabilidad política pues a su paso por gobierno, alcaldía de Tuxpan, diputación y PRI lo único que ha dejado es suciedad.

Pobre también es el Plan B, la opción de Acayucan, con un frustrado “destape” del diputado federal Erick Lagos Hernández, cuyo pasado lo liga con lo peor de la fidelidad, tirándole lodo hasta a los fidelistas —¿o no Claudia Ramón?— y una imputación pública de ser el operador de la relación entre el narco y el gobierno de Fidel Herrera Beltrán que se llevó las ocho columnas de Reforma. Por las manos de un licenciado de apellido Lagos, poderosísimo, dijo el jefe regional Zeta, Raúl Lucio Hernández, alias El Lucky, pasaban los millones en sobornos para operar libremente.

De uno y otro se acreditan señalamientos aberrantes, lo sórdido en los tiempos de Fidel Herrera, el trabajo sucio, el golpe a sus enemigos, la intriga para desplazar al adversario, la compra de la oposición y la mano ruda cuando el dinero no lo podía comprar.

Tiene ahí, aún, Javier Duarte a Alberto Silva Ramos, líder del PRI en Veracruz, sin merecimiento alguno, impuesto ante el pasmo de los priistas, que lo conocen frívolo y rapaz, engreído y alejado de la humildad, de funesto paso por la alcaldía de Tuxpan, donde hizo trizas sus finanzas y recibió dos bombazos de los Zetas, que terminarían siendo sus cuates; de sospechoso proceder cuando manejó los dineros de la Secretaría de Desarrollo Social estatal, ahí por donde pasan los programas sociales y se traducen en votos, o cuando tuvo en sus manos la Coordinación de Comunicación Social y se quedaba con los recursos que eran para los textoservidores, burlados los amanuenses del gobernador y sin derecho a decir que el chayote les fue conculcado.

Llegó al PRI. Y en un pestañeo se metió en una espiral de locura. Llegó a contrapelo, deslenguado, anunciando que él sería el nuevo líder estatal cuando Alfredo Ferrari ni idea tenía y perdía el tiempo papando moscas. Llegó violando los estatutos del PRI, como apunta el columnista Raymundo Jiménez en Al Pie de la Letra. “Cisne acelerado”, tituló su reveladora columna, el 28 de octubre.

No es un apacible cisne. Es un chivo loco en cristalería, incontrolable, desconectada su lengua de su cerebro que en dos episodios pudrió la asonada de Javier Duarte para arrebatarle a Peña Nieto la sucesión.

Filtró, por ejemplo, Silva Ramos la lista de 120 “aviadores” de la Secretaría de Educación de Veracruz, usurpando las funciones de la SEV o de la Contraloría estatal. Y para su desgracia, la lista contenía nombres de maestros en activo y de educadores ya fallecidos de intachable conducta y trayectoria ejemplar. O sea, los difamó.

Lo alertaban que no podía revelarse el contenido de la lista, pero Silva Ramos mandó al diablo a SEV y habló hasta saciarse, descarrilando la ofensiva contra el acérrimo rival del gobernador, el diputado federal panista Miguel Ángel Yunes Linares, a quien le imputaba que la contratación de los “aviadores” desde el sexenio chirinista, cuando Yunes Linares era secretario de Gobierno.

Le siguió el episodio de la misoginia. Ese estuvo mejor. Que el PRI aplicará pruebas antidoping y antiembarazo a quienes deseen ser candidatas en el proceso 2016.

Ya se sabía del pobre concepto en que El Cisne Silva tiene a la mujer. Para él son Kleenex porque las usa y las desecha, pero advertir que habrá prueba antiembarazo es violatorio de la Constitución y un agravio mayúsculo a la mujer.

Lo tundió la dirigencia nacional del PRI, que lo obligó a ofrecer una disculpa pública, mientras El Cisne iba de contradicción en contradicción. Que si fue un error gramatical, que si fue un malentendido, que si no lo dijo, que si sí lo dijo pero que ya no lo volverá a decir. Y cuando ofrece la disculpa pública, muestra un golpe en el ojo izquierdo, amoratado, dizque porque Em¡liano Alberto, el hijo que tuvo con Elsa Basante, su señora, se lo provocó. Ajá.

Relata el periodista Edgar Hernández que ese golpe fue el epílogo de su sueño de poder, el impacto con el que Javier Duarte lo echó del edén duartista, dando paso al Plan B, otro granuja de la fidelidad, Erick Lagos Hernández, el hijo político de Fidel.

Aplicaba Javier Duarte el ardid del petate del muerto. Con días de anticipación, filtró que el sábado 7 sería destapado el diputado Erick Lagos en Acayucan, su distrito, durante un evento del sector campesino priísta, la CNC. Lo refrendó el legislador local Juan Cruz Elvira, hechura de Erick, coludidos ambos en el golpe al PRI.

No hubo nada. Javier Duarte se limitó a elogiar a Erick Lagos pero del “destape” ni el aroma.

“Saludo y quiero hacer un paréntesis aquí —dijo—, quiero saludar y al mismo tiempo y sobre todo reconocer el apoyo y el respaldo a la lucha que viene dando a nombre de todos y cada uno de nosotros en el espacio donde se están discutiendo los elementos de la agenda nacional. Quiero reconocer la capacidad, el esfuerzo y la defensa que está haciendo de los veracruzanos en la máxima tribuna de la nación, en estos momentos que se está analizando y discutiendo el Presupuesto de Egresos del próximo año. Me es muy grato agradecerle por todo el apoyo que nos ha brindado mi amigo, mi compañero de proyecto; un hombre orgullosamente hijo de esta tierra, saludo al diputado federal, Erick Alejandro Lagos Hernández”. ¿Y?

Hijo de esa tierra, no. Erick Lagos es oriundo de Isla, justo donde el viernes 6, horas antes del pretendido “destape”, fue asesinado en aquel municipio Juan José Ríos Errasquín, alias “El Abogado del Diablo”, uno de los más allegados al diputado federal y a quien se le consideraba su operador.

Fue una ejecución. Un comando lo sorprendió cuando bebía un café con Osvaldo Aguirre Montalvo, ex alcalde de Isla y ex coordinador de la policía municipal. Ambos perdieron la vida. ¿Casual?

Dice El Cisne Silva que la candidatura al minigobierno de Veracruz no tiene por qué ser de dos, en alusión a Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, los senadores que tienen más que amarrada la nominación, uno en 2016 y el otro en 2018.

Torpedea así el acuerdo tomado en el restaurant El Lago, en Chapultepec, entre el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, el senador Emilio Gamboa Patrón y los Yunes rojos.

Le replica Héctor Yunes confirmando que la reunión de El Lago existió, que o es él o es José Francisco Yunes Zorrilla, y que no hay tiempo para armar otra candidatura ni postular otro prospecto.

“El PRI va a definir por encuestas —refiere Héctor Yunes—. Hay de dos sopas: Pepe o un servidor y no hay más”.

Luego abunda:

“Claro que fue real la reunión con Manlio y con Emilio Gamboa y claro que platicamos y quedó claro que sólo hay dos opciones para Veracruz que es el caso de José Francisco y un servidor”.

—¿Qué pasará si el candidato entonces es Erick Lagos?

—No va haber más opción que Pepe y yo

—¿Pero en la posibilidad, de que fuera Lagos?

—No hay tal posibilidad; se los digo con honestidad.

Llegó otra pregunta:

—¿Alberto Silva garantiza una buena dirigencia en dado caso que usted o Pepe Yunes sea el candidato; que sepa conducir una campaña?

—No lo sé. En el momento de la nominación, el candidato tiene la opción de invitar al dirigente del partido a desarrollar otra función o permanecer ahí, pero es un asunto que hay que definirlo en ese momento.

—¿Cuándo se define esto señor?

—Creo que, en enero, aunque internamente podría definirse en cualquier momento.

—¿Pero no sería que los dados estuviesen cargados a Erick Lagos?

—No hay tiempo de cargar los dados, no hay forma, no hay opción; crecer en una encuesta en Veracruz es muy difícil, lleva mucho tiempo, son 212 municipios, son 8 millones de veracruzanos, son muchos kilómetros que recorrer y eso no se improvisa, porque ya hemos visto que las improvisaciones no dan mejores resultados.

Hay fractura en el PRI. De eso no hay duda. Aflora la división, marcada por dos bloques, el fidelista-duartista y el de los Yunes rojos, en pos de la candidatura al minigobierno de Veracruz en 2016.

Ahora el rijoso el Héctor Yunes. Pepe Yunes calla, quizá porque sabe que será el candidato para la de dos años. Héctor asume el discurso del encarcelamiento del duartismo, la estrategia del panista Miguel Ángel Yunes Linares y de Pepe Yunes.

Refiere que Veracruz está enfermo, que la enfermedad “es grave, pero curable”. Dice que le aplicará “medicina carcelaria”.

¿Sirve de algo que El Cisne Silva y la lideresa nacional de Movimiento Territorial, Ana Lilia Herrera, preconicen que en el PRI de Veracruz hay unidad? No. Hay división. Hay una lucha encarnizada entre el fidelismo-duartismo, que se niega a abandonar la “plenitud del pinche poder” y el yunismo rojo que como el yunismo azul, prometen cárcel para Javier Duarte.

Y mientras los priístas se dan con todo, en el panismo y el perredismo están de plácemes.

Reina el caos en el PRI de Veracruz.

Con información de mussiocardenas.com

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