Coatepec y Martínez: las boletas del fraude

Hay veces que el voto duro no basta. Entonces se vuelve al carrusel, a la coacción, al control del órgano electoral, a la compra de la oposición, al fraude cibernético y a las boletas apócrifas. Y es ahí cuando se revela que el nuevo PRI es más perverso que el viejo PRI.

Da tufo a fraude la elección federal en Veracruz. Operó la maquinaria priísta como siempre, exprimiendo los programas sociales, lucrando con la pobreza, lanzando migajas en forma de cemento y varilla, despensas y becas, y en el momento crucial, el dinero que acerca y conduce a la urna electoral.

Hubo distritos que, sin embargo, eran plaza perdida por la debilidad de los candidatos, el conflicto interno entre las corrientes priístas y el hartazgo social. Uno de ellos, Coatepec; otro más, Martínez de la Torre; algunos más como Córdoba, Orizaba, Xalapa Rural, Acayucan, San Andrés Tuxtla.

Acusa el Partido del Trabajo que ahí ganó el fraude. Documenta casos de boletas clonadas, apócrifas, hechizas para inflar la votación del PRI.

Dice el vilipendiado PT, quizá en los estertores de su muerte, pues su votación fue tan exigua que no le da para mantener el registro, que hay evidencia de que el PRI empleó boletas electorales fabricadas para alterar el número de sufragios y agenciarse el triunfo en el distrito de Coatepec.

Su representante ante la Junta Local del Instituto Nacional Electoral, Rafael Carvajal Rosado, advierte un fraude mayúsculo, pues a las boletas apócrifas se suma el cómputo erróneo, el disimulo de quienes realizaron el escrutinio y la mano negra del PRI.

Dice Carvajal, un ex perredista con amplio kilometraje en materia electoral, ex dirigente de la Unión de Colonos, Inquilinos y Solicitantes de Vivienda en Veracruz (UCISVVER), cuya trayectoria se forjó en Coatzacoalcos y donde también fue representante del PAN ante órganos electorales, en 2003, que los indicios del fraude no sólo se remiten a Coatepec y Martínez de la Torre.

Hay boletas chuecas en el distrito donde compitió la ex senadora y ex secretaria de Protección Civil del gobierno duartista, Noemí Guzmán Lagunes, Coatepec, ahí donde fuera de los tiempos de campaña inundaba doña Mimí con mensajes los teléfonos celulares que referían sus acciones para atender a la población en caso de desastre. O sea, campaña adelantada.

Doña Noemí es, pues, una tramposa profesional. Madruga a todos y como si fuera Jesucrista revive el pasaje de la multiplicación de los votos.

Noemí es tramposa pero no tiene fama de corrupta como su correligionario de Martínez de la Torre, el célebre Edgar Spinoso Carrera, acusado de desviar cientos de millones de pesos de origen federal para programas y acciones educativas, en el tiempo que le tocó regentear la Secretaría de Educación y que le valió que Javier Duarte lo echara del gobierno de Veracruz mientras amainaba el temporal. Después lo rehabilitó.

Spinoso, el espinoso, no tiene en mente legislar. Lo que pretende es el fuero. Se protege para evitar su aprehensión derivada de las denuncias interpuestas por la Auditoría en Superior de la Federación ante la Procuraduría General de la República.

Pillado en un helicóptero del gobierno de Veracruz en compañía del gordobés Duarte, Spinoso fue objeto en campaña de una andada brutal que alcanzó la prensa nacional, que acusaba que el acaudalado junior había incurrido en peculado electoral.

Ahí también se hallaron boletas apócrifas. Martínez de la Torre lo ganó ampliamente el PRI, sepultando al PAN, cuya candidata Alba Leonila Méndez Herrera fue más bluff que realidad.

Al PT le viene como tabla de salvación el caso de las boletas clonadas. Más aún cuando funcionarios del INE han reconocido que son reales los casos, que son apócrifas las boletas y que deben someterse al curso legal.

Antonio Ignacio Manjarrez Valle, presidente de la Junta Local del INE en Veracruz, advirtió que no es autoridad jurídica sino administrativa y que por tanto no podía ordenar la apertura de los paquetes electorales para verificar la existencia de boletas falsas.

Carvajal respondió. Dijo que el PT impugnará la elección y tramitará ante la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que se abran los paquetes electorales de los 21 distritos para constatar que no haya más boletas apócrifas.

Rogelio Franco Castán, líder estatal del PRD, escribió en el su cuenta de Facebook: “Hace unos minutos en el Consejo Distrital de Coatepec detectaron boletas apócrifas marcadas a favor del PRI, integrantes del Consejo Local reconocieron el fraude”.

Han servido los cómputos distritales para que el PT recupere votos que parecían perdidos. En Córdoba, Tantoyuca y Tuxpan recuperó 200 votos; en Córdoba resultaron 100 votos de más al PRI-Verde; en Tuxpan se anularon votos por el sólo hecho de haber sido marcados los emblemas de los partidos políticos con plumón.

Constantino Aguilar, candidato del PRD en Xalapa Rural, ex priísta, repudiado por las bases del PRD rojo, expresó que un senador del PRI le llamó vía telefónica para intimidarlo. No dijo si se trató de Héctor Yunes Landa o José Francisco Yunes Zorrilla, ambos del PRI.

Para el PT es oxígeno puro. Enrarece la elección que haya boletas apócrifas. Le da el argumento legal para abrir todos los paquetes electorales, rescatar votos, aumentar su votación ante el riesgo de perder el registro ante el INE por no alcanzar el mínimo que exige la ley, el 3 por ciento de la votación total nacional.

Apesta la elección sea cual sea el número de boletas apócrifas. Una o mil, o diez mil es evidencia de fraude, de la violación a la ley, de burlar la voluntad de los electores.

Así operaba el PRI cuando los programas sociales no existían, cuando la dádiva no se había institucionalizado, cuando la entrega de alimento, becas, cementos y varilla para pisos y techos, los sanitarios ecológicos y las granjas aún, no representan una vía para ejercer control político.

Habla esta elección de la vuelta al pasado. Se recicla la podredumbre. Lo que no obtiene el PRI con los programas sociales, lo logra con la coacción, la compra del voto, el carrusel, el acarreo de votantes, el ratón loco, la guerra sucia, la intimidación, la estrategia del miedo.

Que se recuerde, así fue siempre el PRI, categórico el día de la elección, rapaz y descarnado pues tienen claro los capos y los caciques que al poder sólo se accede con el voto de las mayorías, y éste no se pide. Se exige e impone, al precio que sea, sin importar que un día después esos votantes rentados vuelvan al olvido.

No hay elección que los priístas ganen bien. Sus votos están impregnados de ilegalidad. Usan los programas sociales, o se los roban, como ocurrió en 2010, vía el operativo G-5, jefaturado por Fidel y Moisés Herrera Beltrán, y Reynaldo Escobar, cuya evidencia es irrefutable, un robo a la nación.

Hay veces que con eso basta. Y cuando no, como en la elección del domingo 7, se vuelve al fraude tradicional.

El nuevo PRI es más perverso que el viejo PRI.

(Con información de mussiocardenas.com)

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