Columba Campillo: el fiscal embarcó a Javier Duarte

* ¿En qué hotel mataron a la joven?
* Una cadena de desatinos

Javier Duarte sigue en la cresta del escándalo y merece más. Se lo debe a su fiscal. Luis Ángel Bravo Contreras lo trepó en el caso Columba Campillo, le vendió la pista de Ileana Mortera, lo ubicó en un escenario de insensatez y lo llevó a enfrentar una crisis de credibilidad descomunal.

Pasan las horas y el gobernador de Veracruz continúa ahí, acusado de todo, vilipendiado por miles de usuarios de las redes, por la gente en las calles, por los colonos de abajo, los abandonados que viven de la migaja, del programa social, de la dádiva partidista.

Resuenan aún sus palabras, el discurso que mejor no hubiera pronunciado. Frente a las cámaras, difundido por la televisión oficial, luego en las redes sociales, Javier Duarte quiso transmitir el falso optimismo, el concepto de la solidez de la justicia y la aplicación de la ley, la imagen de que “Veracruz está funcionando”.

Usó el optimismo irracional ante un pueblo que vive entre el miedo y la ira, que ve el desfilar de muertos, de cercenados, de levantados, y que se sabe en manos de la criminalidad.

Mejor no hubiera hablado. Le llueve de todo. Lo acusan de haber sometido la ley al imperio de la delincuencia, de pulverizar las instituciones, de no disponer de un ministerio público con solvencia moral y de fracasar en los tribunales ante el embate de los delincuentes.

Habló el gobernador y le ha ido peor. Abordó el crimen de Boca del Río, el de la jovencita de 16 años Columba Campillo González, plagiada el miércoles 6 mientras corría por el malecón de Veracruz y hallada sin vida en un terreno baldío dos días después. Abordó el tema y no pasó de la promesa de justicia porque, dice, a él también “lo llena de indignación”.

Pecó de falso. No asumió la responsabilidad de su gobierno en el clima de violencia que azota a Veracruz, en la oleada de secuestros, en el avance de las mafias dedicadas a la trata de blancas, en el fenómeno de feminicidios que alcaldes y jefes policíacos conciben como simples escapadas de las chicas con sus novios. Y luego las matan. Y ellas son culpables de sus propias muertes. Ajá.

Habló Javier Duarte y no provocó una sola adhesión. Le fue peor. Lo destrozan miles de veracruzanos porque su discurso sobre la violencia es autojustificación, hablar de culpas ajenas, remitir la responsabilidad al que arranca la vida pero no al que crea el entorno de la criminalidad.

Javier Duarte se embarcó en otra aventura. Ahí lo llevó su fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”. Le dio el guión, lo estudió y lo soltó.

Avaló el gobernador la versión del plagio de Columba Campillo y secundó la versión de que Ileana Mortera Trolle concibió el secuestro, ligada a uno de los criminales, a quien supuestamente le pasó información de la joven estudiante del Colegio Villa Rica.

Ileana Mortera vive en Cholula, Puebla, desde hace años. Apenas visita Veracruz. Lo hace cuando acude a competencias atléticas.

Dice el Fis-culín que trabó amistad con Columba Campillo y conoció sus rutas, sus actividades, quiénes son sus familiares, que negocios tienen. Y así se fraguó su secuestro.

Ileana Mortera fue detenida en Puebla. Con engaños la hicieron descender del vehículo en que viajaba. Le dijeron que el auto tenía reporte de robo. No hubo orden de aprehensión. La forzaron a bajar y se la llevaron.

Bravo Contreras sostiene que no fue aprehensión. Fue traída a Veracruz “en calidad de libre” y después declaró.

¿En calidad de libre? Detenida por agentes policíacos en Puebla, obligada a abordar una patrulla, trasladada a otro estado contra su voluntad, y dice “Culín” que se presentó “en calidad de libre”.

Ha sostenido Bravo Contreras que Ileana Mortera contactó a Columba Campillo y se hizo su amiga. Así consta, dice, en los registros del expediente.

Horas después recibía el fiscal veracruzano otro golpe. El domingo 10, durante la marcha por la seguridad y la paz en el puerto de Veracruz, el padrastro de la joven asesinada, José Lagunes, refutaba sobre tal amistad: “No la conocíamos”.

Hoy son otras inconsistencias. Los hoteleros de Veracruz cuestionan la versión de que Columba Campillo haya sido asesinada en un hotel. Lo dice Fernando Ortiz González, presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de Veracruz:

“Nos gustaría conocer un poco más cómo sucedieron los acontecimientos, ya que al día de hoy no tenemos ningún detalle que ella estuvo cautiva en un establecimiento de hospedaje”.

No se sabe en qué hotel le quitaron la vida. No se sabe cómo la trasladaron hasta el terreno baldío donde apareció sin vida.

Así es la justicia en manos del fiscal de Veracruz. Su telenovela lleva el mismo guión del secuestro de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes, cuyo cuerpo apareció en septiembre de 2014, tras dos meses desaparecida, en Coatzacoalcos.

Sólo fue aprehendido uno de los supuestos plagiarios, pero la versión de la Fiscalía es insostenible y en breve saldrá de prisión vía un amparo, ya que se incriminó mediante tortura.

Otro caso es el de los trabajadores electricistas acusados del asesinato del pastor evangélico, Claudio Martínez Morales, líder de la Comunidad de Dios, asesinado den Coatzacoalcos.

Decía “Culín” que los mantendría en prisión. Luego obtuvieron el amparo. Se demostró que también fueron torturados para aceptar una responsabilidad que no tenían.

Más tarde sostuvo que aunque salieron de prisión, no se les declaró inocentes y que los volvería a acusar. O sea, el obsesivo del duartismo.

Así es el proceder del fiscal. Sustenta sus casos sobre pruebas endebles, declaraciones incriminatorias obtenidas a través de tortura, versiones sin lógica y sin soporte jurídico.

Javier Duarte se dejó embarcar. El caso Columba Campillo era complicado, escandaloso, evidente el fracaso del duartismo ante el fenómeno de la violencia. Pero la solución es peor.

Acusa “Culín” a Ileana Mortera y de entrada hay violaciones al debido proceso, una aprehensión ilegal, y asegura que se presentó “en calidad de libre”.

Lo peor no es que el fiscal le dé vuelo a su fantasía. Lo peor es que haya un Javier Duarte que le crea, que dio la cara, envió su mensaje, habló a los veracruzanos y se embarcó.

Tal para cual.

(Con información de mussiocardenas.com)

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