Conflicto entre particulares

¿Habrá quien considere que detrás del despido de Carmen Aristegui y su equipo de colaboradores de Noticias MVS, no está la mano del gobierno federal? ¿Habrá quien se trague la píldora de que es un conflicto entre particulares? ¿Qué el gobierno de Peña Nieto “ha respetado y valorado permanentemente el ejercicio crítico y profesional del periodismo, y seguirá haciéndolo con la convicción de que la pluralidad de opiniones es indispensable para el fortalecimiento de la vida democrática del país”? ¿Qué en ese respeto a la pluralidad se puede soportar que este periodismo alcance al Presidente y a su esposa? y ¿Qué ambos nada tienen que ver con la separación de Aristegui y su equipo de MVS Comunicaciones?

Sí, claro, habrá quien así lo vea y hasta lo difundan como un acto de comprensión racional de esta separación que duró años con sus roces, desencuentros y reconciliaciones pero que ahora repentinamente resulta irreconciliable para Joaquín Vargas Gómez, fundador y Presidente del grupo MVS, Comunicaciones pero igual hay muchos, muchísimos, que opinan lo contrario y ven en ese “conflicto entre particulares” la mano presidencial cumpliendo un capricho y doblando a una empresa considerada progresista en el paisaje de las comunicaciones.

Pero, lo que es claro, el argumento administrativo o comercial es insuficiente para cerrar el caso porque es muy especial, estamos ante un evento que rebasa los límites de una relación entre particulares y se trata de un bien público que es la libertad de expresión. Con un añadido estamos hablando de la periodista con mayor audiencia y credibilidad nacional y su despido ha provocado reacciones dentro y fuera del país, si bien no inesperadas, sí que ponen en duda los dichos y la buena voluntad del mensaje del Secretario de Gobernación.

Más, cuando, las investigaciones periodísticas más recientes de Aristegui y su equipo informativo han ido hasta la cúspide del poder político aun con las objeciones de la empresa MVS.

El tratamiento informativo sobre la Casa Blanca de la familia presidencial y la de Malinalco de la familia del Secretario de Hacienda o la designación de Areli Gómez y Eduardo Medina Mora, como Procuradora y Ministro de la Corte Suprema, respectivamente, aun cuando es evidente conflicto de interés por sus vínculos con la empresa Televisa, ha resultado intolerable y más sabiendo que no hay verdaderos contrapesos institucionales ni en el Poder legislativo, ni en los organismos de gobierno encargados de la rendición de cuentas y transparencia (de, ahí, la importancia del periodismo de investigación que llena un vacío institucional y que contra toda lógica democrática se le combate).

Supongamos, sin conceder, que efectivamente Carmen Aristegui cometió el error de vincular su marca a la alianza Méxicoleaks, integrada por Proceso, Animal Político, Emeequis, entre otros, rompiendo con ellos los acuerdos suscritos en el contrato de colaboración. Hay en todo diferendo civil, un espacio para la negociación y el acuerdo, sobre todo cuando el noticiario se vendía con grandes ganancias para la empresa MVS Comunicaciones no solo económicas sino de imagen vanguardista, pero aquello no ocurrió se privilegió el argumento de la ofensa. Increíble.

Chao Ebergengyi es terminante: “Han sido fuertes las ofensas, muchos los agravios, que nada tienen que ver con la libertad de expresión, ni con la independencia editorial porque es una cuestión meramente de empresa”, ha dicho sin mucha convicción, quien funge como vicepresidente de relaciones institucionales de MVS para justificar la salida de Aristegui.

Pero, desafortunadamente para él y su empresa, no basta que lo digan a los cuatro vientos. Tendría que decir algo más creíble y con mayor convicción y aunque lo dijera, en un ambiente de desconfianza como el existente en México, la gente seguirá viendo la mano de la Presidencia de la República a través de su Coordinación de Comunicación Social, que según Proceso quien ahora la dirige Eduardo Sánchez Hernández, fue vicepresidente de asuntos jurídicos de la empresa MVS y de ser así, podrían explicarse muchas cosas o al menos este funcionario sabrá de sus fortalezas y debilidades y también cuales teclas tocar para obtener los resultados deseados.

Y es que además, si hubo el cambio de responsable en esa dependencia pública, no fue para seguir haciendo lo mismo que hacía David López desde que despachaba en Toluca. Se necesitaba dar coherencia y unidad a la actitud sorda que domina al gobierno eliminando voces críticas, independientes e influyentes en la opinión pública.

Hoy, la salida de Aristegui seguramente tiene gente contenta en Los Pinos, se regocijan quienes fueron exhibidos en el tráfico de influencias, los negocios público privados y la frivolidad que rodea ese espacio que en otro tiempo fue signo de solemnidad republicana y defensa del patrimonio nacional, sin embargo, ese contento no es suficiente en un país donde la indignación se ha vuelto una institución.

En definitiva, las preguntas que planteamos en un principio cada quien las responderá con la información que tenga al alcance, su cuota de confianza y desconfianza o la capacidad de discernir argumentos más, si esta decisión se encadena con otras decisiones del gobierno, que como sociedad nos están llevando de la sorpresa al azoro absoluto.

Sólo, por último, viene a la memoria Aurelio Nuño quien le advirtió al Director de Proceso Rafael Rodríguez Castañeda: Son enemigos del Presidente Peña Nieto… y todo indica que no solo ellos.

(Con información de Sin Embargo)

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