Consulta rebasa a oposición

Postigo

Por José García Sánchez

El simple hecho de que se haya llevado a cabo una consulta popular luego de que quienes la aprobaron nunca la usaron, es un gran logro histórico. La participación de más de seis millones de persona en un ejercicio sin precedente en México es digno de elogiarse, es un triunfo de la democracia, porque cuando hay poca afluencia, los perdedores no son los organizadores sino la sociedad, pero para llegar a esta conciencia sin duda hace falta todavía un poco de tiempo y mucho de información veraz.

Los partidos de derecha hubieran criticado la consulta cualquiera que fuera el resultado ese no es el problema, el detalle se concentra en el hecho de que en la oposición no hay autocrítica, por ejemplo, Calderón se solaza de que solamente hayan sido 6.6 millones de participantes en la consulta donde se jugaba su encarcelamiento, cuando él no pudo reunir ni siquiera las 200 mil firmas para su partido Sí por México.

Margarita Zavala no pudo reunir las firmas para ser candidata a la Presidencia de la República cuando sólo le pedían menos del 3 por ciento de los 6.6 millones de votos que tuvo la consulta Popular. Los participantes en la consulta representan el 3.5 por ciento de la militancia del PAN. Las críticas del agonizante PRD están peor, porque considera que fue baja la participación cuando obtuvo más votos que su partido en las recientes elecciones y por eso ha perdido el registro en por lo menos tres estados.

Colosio afirmaba que había sed de justicia y los pocos priistas que quedan se emocionan porque no la hay; los panistas dicen tener en Clouthier al paladín de la democracia, y ahora celebran que no haya; los perredistas, se dicen de la revolución democrática, pero sin revolución ni democracia. Pero sólo ven la paja en el ojo ajeno como única forma de hacer política, lo sustancial lo desdeñan.

La costumbre que se hizo vicio en la derecha de criticar sin participar, de cuestionar sin actuar, de cobrar sin trabajar, es propia de partidos que están en decadencia.

Debe valorarse la participación de más de 6. 6 millones de personas, más allá del simplismo que implica fracaso o triunfo.

La negligencia del INE fue importante, no sólo cambió de lugar las casillas a última hora sino que canceló las casillas especiales a pesar de que el artículo 45 de la Ley Federal de Consulta Popular lo ordena. Mexicanos en el extranjero, con credencial de elector, desde inicio s de año pidieron participar en la Consulta, y les fue negada, ahora preparan una demanda contra el INE con más de 15 millones de firmas.

La Consulta Popular de México es vista de manera muy diferente en el extranjero, incluso en Estados Unidos, el país menos democrático del mundo, donde consideran que es un ejercicio que mueve a la población, y le obliga a abandonar la comodidad de la inercia rutinaria de la pasividad para decidir sobre el futuro del país y de las generaciones por llegar.

Fortalecer la democracia es responsabilidad de todos, si para algunos representa apoyar al régimen que se atrevió a darle vigencia a una ley que el régimen anterior tenía empolvada es un problema de visión. Se vota para modificar el futuro y para juzgar en el pasado lo que no queremos que se repita. Los únicos que pueden evitar los malos momentos en la historia de un país son sus ciudadanos.

La Ley de Consulta Popular es un proyecto social, sin partido ni consigna política, se trata de un ejercicio donde se acorta la distancia entre gobierno y gobernados. La palabra de la población debe ser tomada en cuenta para modificar las acciones del gobierno presente y marcar el rumbo de los siguientes. Sólo en las monarquías se niega la voz y el voto a la sociedad y es ahí donde los monarcas festinan que el gobierno haga lo que se le dé la gana sin el contrapeso de la voluntad popular.

 

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