Credibilidad de Duarte, por los suelos

•Tal cual llega al V informe del sexenio
•Breve repaso a los hechos que poco a poco fueron deteriorando la confianza ciudadana en el góber fidelista
•Predominan el menosprecio y el pitorreo tanto a la población como a los actores sociales

Muchas cositas abonaron que el duartismo perdiera la credibilidad en el viaje sexenal. Entre ellas, las siguientes:

El pitorreo y el menosprecio con que una parte del gabinete legal ha ejercido el poder.

La prueba de embarazo a las mujeres priistas aspirantes a un cargo de elección popular.

La arrogancia del presidente del CDE del PRI inculpando a la prensa de tergiversar sus palabras. “Estaba cansado”, dijo, además, para justificarse.

“Érick Lagos, mi amigo y compañero de proyectos” en un distrito, Acayucan, donde la población electoral sabe que el diputado federal compró la elección, bajo el principio universal de que “en política lo que se compra con billete… sale barato”.

En Veracruz, “no hay mujeres plagiadas, porque todas huyeron con el amante en turno ni tampoco hombres secuestrados, porque se internaron en una granja etílica” para curarse su alcoholismo.

En Veracruz, el asesinato de mujeres es porque ellas son culpables. Unas veces, por andar en faldita corta. Otras, por contestatarias. Por eso, si quieren Alerta de Género que la secretaría de Gobernación lo decida.

Y en contraparte, la secretaría de Seguridad Pública declarando “La heroína del siglo” a Edda Arrez, directora del Instituto de la Mujer.

Pero más aún, las barbies y reinis en la pasarela política y mediática, la mayoría con operaciones plásticas, según la fama pública, con cargo al erario.

Pero, además, de tales mieles del poder, tarjetas de crédito abiertas para ajuarearse con ropa de marca.

Y, por añadidura, cargos públicos, y lo peor, sin ningún perfil académico, ni menos, mucho menos, experiencia política y social.

Dominga Xóchitl Tress, directora de Espacios Educativos de la secretaría de Educación. La hijita de la diputada Gladys Merlín Castro, de 23 años de edad, subsecretaria de Fomento Ambiental. Érika Ayala, presidenta del CDE del PRI. Ana Guadalupe Ingram, diputada local y fallida candidata a la curul federal. Entre otras, claro.

El pitorreo a las mujeres desaparecidas, encarnado en la actitud del góber a la señora Aracely Salcedo, madre de Fernanda Rubí, secuestrada en el mes de septiembre del año 2012.

FRÍVOLO EJERCICIO DEL PODER

La frívola vanidad del poder. Por ejemplo:

“Adolfo Mota es una locota”. Érick Lagos Hernández, entonces, secretario General de Gobierno describiendo al secretario de Educación.

“Jorge Alejandro Carvallo Delfín es el hijo más ruin que he tenido”. Su padre, Jorge Carvallo Hernández, autodestapado como precandidato a la gubernatura sabrá Dios del partido político y/o en todo caso lanzado desde el duartismo para el pitorreo supremo, pero también, para mostrar a Los Pinos el Big brother en que ha terminado el juego sucesorio.

“Estoy limpio”. Gabriel Deantes Ramos, secretario de Trabajo, asegurando que el Contralor Ricky García Guzmán lo ha exonerado de trastupijes al cobijo del poder, no obstante su par de mansiones en el fraccionamiento “Las ánimas”, su plaza comercial y su edificio de cuatro pisos.

“Soy un diputado al servicio de mi secretario Arturo Bermúdez”. José Ramón Gutiérrez, apodado “El Joseratón” y que expresa su paso por la alcaldía jarocha.

La tomadura de pelo de la visita del góber a la rectoría de la Universidad Veracruzana para una negociación tendiente al pago de los dos mil millones de pesos y que ha llevado a la rectora, Sara Ladrón de Guevara, a pedir al señor Javier Duarte del pago del pendiente a través del Twitter.

“Hablé con Alberto Silva y dice que nunca citó la prueba del embarazo, Y yo le creo”, dicho sin recato por la diputada Mónica Robles Barajas, en tanto la secretaria General del CEN del PRI le llamó “político misógino y aberrante”.

La infamia a los 28 mil ancianos a quienes el DIF estatal canceló el subsidio mensual de 833 pesos porque eran unos usurpadores que cobraban dos y tres pensiones, cuando, y como asegurara el diputado cordobés, Hugo Fernández Bernal, de por medio existe un jineteo del dinero público.

A estas alturas, la frase apocalíptica que iniciara el descarrilamiento de la credibilidad del duartismo es la siguiente:

“Aquí no pasa nada”, a tal grado que, incluso, y como escribiera el columnista de El Universal, Carlos Loret de Mola, parte de los secretarios del gabinete legal de Enrique Peña lo utilizan para pitorrearse, además de Duarte, para referirse a otros funcionarios públicos.

Con todo, Veracruz tiene un gobernador polémico, controvertido y folclórico.

Por: Luis Velázquez

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