De Javier Duarte a la UV: no te pago y te amenazo

Su plan es matar a la UV. De ahí que Javier Duarte no pague, retenga los recursos financieros, incluso los de origen federal, pretenda imponer su proyecto de autonomía de bajo costo y deslice, sutil, la amenaza a quien lo quiera enfrentar.

“No estiren la liga”, suelta el gobernador de Veracruz, en una insólita declaración, que evidencia el espíritu represor, tajante y obcecado, como en los días en que los hombres de poder no admitían réplica a sus designios ni voces en contra.

“No estiren la liga”, dice irritado el gordobés, acicateado por la negativa del Consejo Universitario General a aceptar su propuesta de dotar a la Universidad Veracruzana de sólo un 3 por ciento del presupuesto estatal.

Y si estiran la liga, ¿qué?

¿Descargará sus bastones eléctricos en los cuerpos de los universitarios que se manifiesten en la megamarcha de este jueves 10, como lo hiciera su policía estatal, los uniformados y los de civil, los militares y navales embozados y cobardes, que atacaron a los pensionados que el reclamaban frente a palacio, en Xalapa, el 23 de diciembre de 2015, el pago de sus quincenas y aguinaldo y los cheques girados sin fondo?

¿Atacará con palos con clavos, bates, manoplas y armas, como lo hiciera el grupo parapolicíaco que arremetió contra los ocho universitarios, el 5 de junio de 2015, a unas cuadras del PRI, vinculándolos con los ambientalistas y activistas enlistados en un reporte de la Secretaría de Seguridad Pública que evidenció el espionaje a que somete Javier Duarte a los veracruzanos?

¿Asediarán sus agentes vestidos de civil como lo hicieran con Rubén Espinosa Becerril, fotorreportero de Proceso, Claroscuro y AVC, defensor y organizador de periodistas, hasta obligarlo a irse de Veracruz, exiliarse en el DF, seguirlo, hostigarlo, culminando la maldad con su crimen, el 31 de julio de 2015, en un departamento de la colonia Narvarte, atribuido a una célula del narco, como siempre dice el duartismo, pues los malosos no va a pedir derecho de réplica ni a defender su honor, que obvio no tienen?

No sabe Javier Duarte con qué fuego juega. El de los universitarios es letal.

Se roba 2 mil millones de pesos y todavía peor, suelta la amenaza, maniobra, instala un grupo proclive a la violencia, violador de la ley, Antorcha Campesina, que se aposentó en Plaza Lerdo, hoy Plaza Regina Martínez, en las horas previas a la movilización universitaria.

Si no son los antorchistas, son los 400 Pueblos y su decadente espectáculo nudista, y si no, los cardenistas. No varía la estrategia Javier Duarte. Siempre los usa para impedir que quienes protestan por causas justas se sitúen frente al palacio de gobierno. Y si lo hacen hay riesgo de violencia.

Fuego universitario es fuego que derrumba gobiernos. Pasa a la historia quien reprime a la comunidad universitaria. Despierta al dragón quien no atina a medir la fuerza moral de una universidad.

Se roba 2 mil millones, transgrediendo normas, esfumando recursos federales de los que la UV debe dar cuenta o regresarlos a la Federación. ¿Pero cómo? Si el que dispuso de ellos, o sea Javier Duarte, nunca los entregó a la institución universitaria.

Testarudo, sin un ápice de razón, quiso desinflar la marcha del 26 de febrero con una propuesta que no es más que un ardid muy a su estilo. Propuso otorgarle por ley autonomía financiera a la UV, garantizarle el 3 por ciento del presupuesto total del gobierno de Veracruz, creído así atenuaba la intensidad de los reclamos, el odio de la comunidad universitaria.

Le pidieron que eleve la oferta. Le proponen que garantice un 5 por ciento del presupuesto del gobierno de Veracruz, para así incrementar la matrícula estudiantil y dar cabida a mayor número de veracruzanos que deseen cursar sus estudios profesionales en la universidad Veracruzana; intensificar la investigación; tener viabilidad financiera.

Lo suyo no es resolver sino aplacar el fuego, ganar tiempo, diluir la protesta, revertir las denuncias penales que enfrenta, federales y ante la Fiscalía estatal, donde despacha su alma gemela, “Culín”, alias Luis Ángel Bravo Contreras, alias “El fiscal”.

Tramposo de marras, Javier Duarte habla de otorgarle autonomía financiera a la UV, pero no entrega los 2 mil millones de pesos correspondiente a ejercicios anteriores.

Simplista, irresponsable, respondió con un “a la Universidad Veracruzana no se le debe NADA”, cuando iniciaban los reclamos por la retención del subsidio. Decía que no era deuda porque era subsidio y que nada obligaba al gobierno de Veracruz a pagarlo y que lo haría en la medida de la disponibilidad de recursos.

Tácitamente ahí se dio su Waterloo, hecho trizas en el campo de batalla, embestido por una rectora pusilánime al principio hasta que se percató que Javier Duarte la usaba, la toreaba, la engañaba y que nunca iba a cubrir el adeudo.

Hoy Sara Ladrón de Guevara encabeza el movimiento. Convoca el Consejo Universitario General a la megamarcha de protesta, a expresar la exigencia de pago, a conceder la autonomía financiera sobre la base del 5 por ciento del presupuesto total del gobierno de Veracruz. Y la no agresión a los miembros de la comunidad estudiantil.

A todo recurre Javier Duarte con tal de no pagar. Exhibido en prensa nacional, vapuleado en todos los frentes, conminado por la asociación de universidades del país a entregar los subsidios a la UV, se halló con que sí hay adeudo y que se habría de calendarizar.

Abrió el diálogo pero sólo para retener los 2 mil millones. Volvió a decir que no se le debía un un peso a la UV, que la institución tenía cuotas pendientes de pago con el Instituto de Pensiones del Estado y que de ello se encargaría el gobierno de Veracruz.

Le refutó la UV con argumentos y cifras. Le descubre la treta: de esos impuestos está exenta la universidad y la advertencia de que le aplicaría acciones coercitivas las enfrentaría con la ley en la mano.

Fue entonces cuando la movilización universitaria sacudió a Javier Duarte, instado a pagar, enfrentado a alumnos, catedráticos y personal administrativo.

Nunca antes un gobernador en Veracruz había enfrentado denuncias penales por parte de la UV. Esta vez sí.

Pero ni así cedió. Persistió Javier Duarte en que su gobierno no debe y que su propuesta es dotar a la UV de autonomía financiera, garantizando con una reforma legal un 3 por ciento del presupuesto total del gobierno de Veracruz.

Tejía fino le gobernador, dialogando con la rectora Sara Ladrón de Guevara, planteando que el 3 por ciento le otorgaba miles de millones de pesos anuales a la UV.

Pero el Consejo Universitario General le dijo no. Y acordó volver a las calles, manifestarse simultáneamente en las cinco sedes regionales de la UV, exigiendo el pago de los 2 mil millones de pesos retenidos y que su propuesta de ley sea de 5 por ciento del presupuesto total del gobierno destinado a la UV.

Javier Duarte lo rechaza. Su respuesta es el puño y la amenaza. Lanza a una agrupación afín, Antorcha Campesina, a apoderarse de Plaza Lerdo para impedir que desde ahí protesten los universitarios. Y ante los visos de violencia y la condena social, los antorchistas se retiran.

Sucio como es, el miércoles 9 decenas de estudiantes adolescentes y niños, en la capital de Veracruz, eran llevados a protestar contra la rectora de la UV por el salario que detenta y los autos lujosos adquiridos una vez que llegó al cargo.

Usar niños para enfrentar a sus enemigos denota la bajeza moral de Javier Duarte, hundido en la desesperación, reducido a nada como gobernador.

Ríspida la relación UV-Duarte, la describe el periodista Aurelio Conteras Moreno, autor de la columna Rúbrica:

“La Universidad Veracruzana y Sara Ladrón de Guevara decidieron jugarse el todo por el todo en su enfrentamiento contra el gobierno estatal, al punto de que además de las denuncias penales que ya interpuso, la rectora encabezará la próxima marcha multitudinaria en Xalapa, algo que le había sido demandado por una parte de la comunidad universitaria y por la opinión pública del estado, pero que había evitado.

“Como ha sucedido desde que inició públicamente el diferendo, el gobernador Javier Duarte de Ochoa está furioso porque le cobren y lo exhiban, y más aún, porque no se acate como una orden lo que a su propia conveniencia, que no a la de la Universidad, ofrece a la casa de estudios”.

Presuntamente había un acuerdo entre Javier Duarte y la rectora. Ella no lo ha expresado; el gobernador sí. Entrevistado el martes 8, dice el gordobés:

“Este tema yo a la Rectora se lo había comentado, me había puesto de acuerdo con ella en la iniciativa antes de enviarla (al Congreso estatal) sin embargo, el Consejo Universitario decidió lo contrario. Lo respeto, pero jamás en la historia han tenido el 3 por ciento y ahora quieren el cinco por ciento, que es imposible de tener”.

Boquiflojo, nada se le cuece en su interior al gobernador. Suelta lo que habla, lo que acuerda, lo que va tejiendo para amarrar una solución.

Evidencia que con la rectora ya caminaba hacia el fin del túnel, a lo lejos la luz. Pero el Consejo Universitario General lo reventó.

Hoy enfrenta a la comunidad universitaria, justo cuando el proceso de sucesión se complica, a la baja el PRI en la intención de voto a causa de su desastroso gobierno, la violencia que no tiene freno, la quiebra financiera, el endeudamiento brutal y ahora los 35 mil millones de pesos de origen federal que no ha solventado a la Auditoría Superior de la Federación. La megamarcha es la máxima expresión de repudio social.

Y este jueves 10 se enfrenta, cara a cara, a la comunidad UV. En las calles los universitarios, respaldados por la UNAM, el Politécnico Nacional y otras universidades del país, habrán de templar a un gobernador que quiso ser duro y se está quebrando.

Qué tipo. No paga y todavía amenaza.

Por: Mussio Cárdenas Arellano

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