De rector a porro

Postigo

Por: José García Sánchez

José Narro Robles, extitular de Salud con Peña Nieto, se sube al ring para tratar de derrotar al subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, como si echando montón pudieran derribarlo.

Después de tener un cargo tan digno como la rectoría de la Máxima Casa de Estudios, Narro escuchó la voz del oportunismo y cayó en la mediocridad laboral al convertirse en el más oscuro secretario de Salud que gobierno mexicano haya tenido.

Los conservadores buscan voces a sueldo que desgaten el proyecto de salud que finalmente tiene más reconocimiento en el extranjero que dentro de México. La mayoría de esas voces vienen de ultratumba. Recordemos el esfuerzo denodado del propio Narro Robles para dirigir nada menos que al partido político más corrupto de la historia: el PRI.

Qué hubiera hecho con ese compromiso. Si ahora el pobre de Alito no da pie con bola en ese elefante blanco en ruinas.

Del hecho de que haya estado en la Secretaría de Salud con Peña Nieto no lo hace un experto, lo hace un burócrata. Nunca aportó nada a la medicina ni tuvo logros importantes como rector de la UANM.

Pero los medios quieren ahora hacerlo aparecer como un experto en medicina comunitaria, donde nunca se distinguió. Pero es un personaje acorde a las necesidades de quienes hubieran preferido que hubiera miles de muertos y los hospitales sin cupo para tener armas políticas contra la actual administración pública. Eso lo habían pronosticado para estas fechas pero al parecer todo les está saliendo mal, por ello buscan voces que ellos mismos califican de expertos y especialistas que puedan descalificar lo que está arrojando resultados.

Narro toma cifras de diferentes fuentes para desacreditar en lugar de tomar su bata del viejo armario, quitarle la polilla y acudir a trabajar en favor de los contagiados. Si en realidad es un experto debe dar valor a sus conocimientos y hacer algo, por fin, por el país.

Narro salió de la UNAM para convertirse en político, pero resultó aparecer como un priísta que es la antítesis del político, por lo menos del político honesto y de ahí su imagen fue decayendo hasta ahora que se convierte en una voz más, probablemente con propinas de los conservadores, para descalificar la actuación de las autoridades sanitarias de México, que lo rebasaron desde hace mucho tiempo.

Los conservadores alquilan voces de todos los frentes para intentar convertirlas en descalificaciones, el bombardeo mediático los desgasta más a ellos mismos, que su intención original de desgatar una imagen pública que está comprobado trabaja los siete días de la semana, más de un horario habitual. Mientras, los detractores, sólo han trabajado muy poco, incluso en mejorar su propia imagen.

Ahora el ex rector der la UNAM se desacredita más aún y se coloca a la altura de una cantante que no terminó la primaria, y que no vive en México. De un jugador de futbol semianalfabeta, que no vive en México. De un cómico televisivo a sueldo, que tampoco vive en México.

Narro sigue aquí en el país y se ubica, por sí mismo a la altura de una Laura Zapata, o un roquero adicto como Alex Lora, debería preocuparle más su trayectoria al ex rector de la UANM y no sumarse a las críticas sólo para tener reflectores frente a su oportunismo mediático.

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