Del #YaSeQueNoAplauden y la credibilidad

“Ya sé que no aplauden”, dijo ayer el Presidente Enrique Peña Nieto al final de su mensaje en Los Pinos, donde anunció ante los reporteros de la fuente de Presidencia una serie de nuevas reglas de transparencia para combatir la corrupción y donde también nombró a Virgilio Andrade Martínez como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), luego de que esa dependencia se mantuviera ácefala durante los primeros 26 meses de gobierno.

El “Ya sé que no aplauden” le salió del alma al Primer Mandatario, quien esperaba un estruendoso aplauso después de sus anuncios, sin darse cuenta que estaba ante representantes de la prensa y no ante un auditorio a modo que le celebrara su nueva estrategia con la que, supuestamente, terminará con las dudas sobre el supuesto conflicto de interés y tráfico de influencias con la que se ha conducido él mismo, su esposa Angélica Rivera Hurtado y, entre otros, uno de sus hombres más cercanos: Luis Videgaray Caso, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Las contrataciones con las diversas empresas, dijo Peña Nieto antes de informar su nuevo plan, no las hace el Presidente, en alusión a los escándalos que han golpeado severamente su imagen a nivel nacional e internacional.

Uno de esos escándalos es el de la “casa blanca” de su esposa, una mansión en las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, de más de 86 millones de pesos financiada por Grupo Higa, constructora propiedad de Armando Hinojosa Cantú, uno de los empresarios más beneficiados por la administración de EPN cuando éste fue Gobernador del Estado de México y que en el actual Gobierno federal acumula ya licitaciones por varios miles de millones de pesos.

Grupo Higa, además, es el mismo que le prestó una residencia, también situada en Las Lomas, para operar desde ahí la campaña del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 2012, además de que le rentó los aviones y helicópteros con los que se traslado por el país durante los meses de promoción electoral.

Grupo Higa también financió al Secretario de Hacienda Luis Videgaray una casa de retiro en una exclusiva zona de Malinalco, Estado de México.

Encima, está el tema de la familia San Román, encabezada por Ricardo San Román y con quienes el de Atlacomulco lleva una relación incluso familiar, que le vendió al Presidente una mansión en Ixtapan de la Sal. De acuerdo con The Wall Street Journal, antes de la llegada de Peña Nieto a la Presidencia, la compañía propiedad de ese clan no había ganado nunca un contrato federal; pero con el mexiquense al frente del Ejecutivo suma al menos 11 licitaciones millonarias.

“Estoy consciente [que] generaron la apariencia de algo indebido, algo que de verdad no ocurrió. Esto se generó porque no tenemos los mecanismos normativos para declarar conflictos de interés”, argumentó el Presidente, para después anunciar el nombramiento de Virgilio Andrade, y él mismo darle la instrucción para que investigue si hubo o no conflicto de interés en los casos de las propiedades de su esposa Angélica Rivera y de Videgaray Caso.

Es decir: elige y nombra al titular de la Secretaría de la Función Pública y luego, para mostrar que está abierto a la transparencia, le pide a ese mismo personaje que lo investigue, en una acción que francamente es un error de primer año para un mandatario que hoy está en su punto más bajo de credibilidad.

Y es que estas acciones, diseñadas a la ligera, con una enorme prisa por reconquistar el enorme trecho perdido y sin la mínima sensibilidad política, son las que tienen a la Presidencia de Enrique Peña Nieto sumida en la desconfianza de la sociedad mexicana, de los empresarios, de los líderes religiosos y de la comunidad internacional, incluyendo organizaciones, inversionistas y también gobiernos.

Nadie quiere a un auditor oficial sino a uno independiente, y así se le ha exigido al gobierno federal desde diversos foros. Nadie quiere a un amigo del Primer Mandatario o de su círculo cercano haciéndose como el “Tío Lolo” frente al problema de la corrupción que, más allá de la inseguridad y la pobreza –que ya es mucho decir– se ha convertido en el tema de mayor importancia para la sociedad en México.

Es decir, no importan ya los decálogos, los discursos, las promesas, por más buenas intenciones que tengan. El asunto es que sin ejecutar acciones reales y concretas, al Presidente y a su equipo actual no se les cree nada, porque en todas, todas sus ofertas y salidas fáciles, se ha optado por la simulación.

El “Ya sé que no aplauden” evidencia también esa necesidad del Presidente por ser reconocido por algo, por alguna intervención que valide su gobierno. Sin embargo, al no haber cumplido una sola de sus promesas de campaña y, luego, de las que realizó ya como Jefe del Ejecutivo federal, esos aplausos están cada vez más lejos de llegar, a menos de que, como es la costumbre priista, se plante frente a un auditorio de “invitados especiales”, de esos que no le son incómodos ni le cuestionarán una sola de sus palabras y que, por tanto, le aplaudirán a rabiar.

(Con información de Sin Embargo/ Casa de Citas)

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