Desproporción política

POSTIGO

POR JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ

La manera de ver la política de algunos mexicanos es inexplicable. La ansiada igualdad entre los seres humanos intenta hacer iguales o parecidos a quienes no lo son y tienen de diferencia años luz para asemejarse en algo.

La fiebre de pensar en vidas paralelas es contagiosa y parece afectar a todos quienes quieren sacar con calzador o fórceps una similitud para darle solidez a una idea todavía más descabellada.

Las elecciones hacen de las cosas simples una complejidad que luego nadie puede desenmarañar por la improvisación y mala intención con  la que se entretejen.

Las desproporciones llegan no sólo al absurdo sino al surrealismo, el primero que rectificó la comparación fue el candidato del PRI a la gubernatura del estado de México, Alfredo de Mazo, donde en un spot que intentaba desbancar a Delfina Gómez de las preferencias electorales lo comparaban con John F. Kennedy y con Justin Trudeau.

Joven, apuesto, rico, “simpático”, paladín de la ignominia, Alfredo del Mazo quería concursar con ese contenido, que hubiera sido más aún, la burla de propios y extraños.

Desde luego que la creativa de esta plataforma de mercadotecnia no podía quedar en el anonimato, es nada menos que Alejandra Sota Mirafuentes, ex vocera de Felipe Calderón, egresada del ITAM, institución educativa privada que ya parece partido político.

El segundo caso es igualmente de pena ajena, sobre todo proviniendo de alguien que mucha gente considera un ser pensante y un analista connotado, pero es tan desesperada su posición que requieren echar mano de la imaginación salpicada de fantasía.

La prematura candidatura independiente del senador ex perredista Armando Ríos Piter, es justificada e impulsada por Jorge Castañeda Guten, señalado como agente de la CIA, fue pretexto para comparar al guerrerense con Emmanuel Macron, por su calidad de independiente, de solitario contrincante por la Presidencia de la república.

También, joven, apuesto, rico, fresa, pueden ser similares según la perspectiva de Jorge Castañeda, en una candidatura precoz que se antoja más como un factor de negociación que de intención real por competir en las urnas.

De llegar a convertirse en un candidato independiente sólo pulverizaría el voto opositor, se parezca a quien se parezca Ríos Piter.

La tercera comparación de muchas otras que hay en la política nacional, no es con el fin de levantar la autoestima del aludido sino todo lo contrario, tiene intenciones peyorativas  y pretende desprestigiar a Manuel López Obrador al compararlo continuamente  con Nicolás Maduro y su política, el presidente venezolano.

Cuando todavía la mayoría de la población en México no tiene clara la situación real del país sudamericano, ni los motivos de las revueltas callejeras en ese país, se advierte desde el aparato de estado que de ganar las elecciones El Peje, México estaría como ahora Venezuela. En realidad, hoy por hoy, estamos peor que allá.

En las diferentes comparaciones de los mexicanos hay una coincidencia, todos los paralelismos son extranjeros. Nadie habla de Morelos o de Díaz Ordaz, de Madero o de Carlos Salinas. Lo mejor o peor debe estar fuera de nuestras fronteras, los mexicanos parecieran haberse creado por generación espontánea, sin origen y sin destino.

México no existe si no es comparado con alguien fuera de nuestras fronteras. Somos una raza aparte, estamos suspendidos en el tiempo, detenidos en un espacio sin dimensiones.

Las comparaciones suelen ser molestas, más aun cuando se trata de viajar a lo desconocido. Para muchos todavía México es visto como la provincia del mundo.

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